PISA para reprobados, PISA para ilusos, PISA para ociosos y PISA para distraídos

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Hace un par de semanas se hicieron públicos los resultados de la prueba PISA, que cada tres años aplica la OCDE a los países miembros de dicho organismo multinacional y a países invitados. En esta ocasión participaron 91 países de todas las regiones del mundo. La prueba PISA se aplicó en el año 2025, y los resultados se han dado a conocer un año después, en este 2026.
Lo que arrojaron los resultados de la prueba es que existe un marcado descenso en la mayoría de los países del mundo sobre el hábito y la capacidad de leer y el uso crítico del contenido del material leído. Se siguen haciendo evidentes los problemas en el cálculo matemático y problemas de aprendizaje en la adquisición y uso del conocimiento y del pensamiento científico. Lo que pasa en México pasa en el mundo, y la prueba PISA es sólo una prueba que no refleja ni lo que somos ni lo que hacemos en educación; no debe alarmarnos más de la cuenta.
Para el caso de México, los resultados son consistentes con puntajes obtenidos en experiencias anteriores. Desde el año 2000 a la fecha ocupamos los lugares del último decil de la tabla. El problema de PISA no es la prueba en sí, sino los mecanismos de relación con el estilo mexicano de hacer educación. PISA pregunta cosas que no se enseñan en el sistema educativo mexicano, la llegada y el actual desarrollo de la llamada NEM, cuyas intenciones están colocadas de manera muy distante a lo que PISA pretende evaluar o evalúa.
La aplicación y los resultados de la prueba PISA no reflejan la realidad del sistema educativo de nuestro país, ni tampoco deberán alarmarnos las consecuencias que arrojan sus resultados. Entonces tirémonos a la hamaca nuevamente. No, tampoco esa es la salida. Hay muchas cosas locales del sistema educativo y su funcionamiento que nos deben preocupar y ocupar.
Preocupémonos por lo que estamos haciendo en educación, pero dejando de lado la referencia de esta prueba estandarizada de experimento planetario.
Preocupémonos de que la NEM no define con claridad, en cada grado, ciclo, nivel o fase, los aprendizajes básicos que niñas y niños deben adquirir o las habilidades fundamentales que les ayuden para salir adelante y avanzar en el complejo proceso de formación educativa, mediada por experiencias escolares.
Preocupémonos de que vivimos en una sociedad rara y atípica cuya reconfiguración ha permitido el abandonar la lectura para estar bien conectados con dispositivos electrónicos; somos altos consumidores de redes sociales y una alta tendencia hacia el consumo y hacia la dependencia mercadotécnica.
Preocupémonos de que la autoridad profesional de las y los docentes, desde la educación básica hasta la superior, cada vez se desdibuja más; el asistir a la escuela comienza a perder el asombro por formarse escolarmente; el asistir a la escuela está dejando de ser ese gran trampolín que servía para el ascenso y la movilidad social.
Preocupémonos de que las decisiones institucionales, como la de erradicar la reprobación en todos los grados, hayan servido para abaratar la experiencia y la trayectoria escolar.
En el fondo, la NEM se ha tornado en un complejo galimatías que tiene a muchos docentes ocupados en descifrar sus misterios, sus secretos y buscar afanosamente sus supuestas bondades. No nos deben sorprender los resultados de la prueba PISA para nuestro país; es la crónica de un cuento que ya conocíamos y de una derrota anunciada. Preocupémonos de que, después de este anuncio, las cosas sigan igual; dichos resultados deberán referirles a las personas que están en los círculos de poder. El reclamo velado es que requerimos un gobierno educador y no un gobierno grillesco; eso va tanto en la esfera federal como para cada entidad federativa.
Ya basta de lucrar políticamente con las promesas y los supuestos avances educativos. Al final, PISA nos demuestra que seguimos siendo un país de reprobados, pero en las esferas del gobierno, del poder y de los funcionarios, los políticos que se disfrazaron de pedagogos. Ahí es en donde está el verdadero problema. Y es ahí mismo en donde hay que encontrar soluciones de fondo.
¿Debemos esperar tres años más para saber cuántos milímetros mejoramos hacia abajo en los resultados de la próxima edición de la prueba PISA? Yo pienso que no, se requieren acciones puntuales, pero muy distintas a todo el despliegue de demagogia y de mentiras que los políticos venidos a educadores se han querido curar en salud.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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