PISA, no gusta

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

PISA, ya la conocemos, pues en muchos años los escolares del país han participado en la aplicación de la prueba en ciencias, matemáticas y lectura. Los resultados cada vez reciben quejas porque “son pruebas que no se aplican en México”. Los mexicanos no somos tan diferentes. Desde luego, cada país y cada región tiene sus costumbres y sus modos de educar a sus juventudes. Y es obvio que se obtengan resultados diferentes.
Lo que no nos detenemos a pensar son los componentes de las pruebas en las cuales los resultados son menos buenos, identificar las fallas, hacer hipótesis acerca del porqué de las dificultades. ¿Son temas que no se incluyen en el currículo de educación secundaria? ¿Son formas de preguntar poco o nada usuales en nuestras escuelas, y por tanto los jóvenes mexicanos no interpretan bien cuál es la pregunta? ¿O sencillamente nuestra educación está un paso atrás de países desarrollados y con gran tradición educadora?
Dejemos a un lado las preguntas “filosóficas” y veamos la frialdad de los números. En las preguntas de Ciencias, los estudiantes de China fueron quienes tuvieron mejor desempeño con 597 puntos. Y los mexicanos obtuvieron 414, 183 de diferencia. Desde ya, una tarea de los educadores mexicanos es enterarse de los modos de educar de los profesores chinos.
Si vemos América Latina, el mejor en Ciencias fue Uruguay; los estudiantes obtuvieron 68 puntos más que los mexicanos. Con todo, México ocupa el quinto lugar entre los países de América Latina. Por otra parte, en Matemáticas, el “coco” de los estudiantes (y también de profes) fue la materia con puntajes más bajos. China fue de nuevo el ganador con 612 puntos, el más alto de todos los países. México 388, nomás 224 puntos de diferencia. Podemos explicarlo de una y mil formas. Por ejemplo, el covid y su efecto en clases híbridas y a distancia. Los chinos también tuvieron covid. Los pretextos no son buenos, pues nos dejan tranquilos en nuestra medianía.
Al menos tenemos el gusto de ser el tercer lugar en Latinoamérica, en esa zona de números y ecuaciones. Uruguay, el primero, con 405 puntos; Chile, con 403; y México, 388, seguido de Costa Rica con 387. Aquí necesitamos una revolución en las escuelas de profesores de matemáticas. No sólo un programa nuevo, o un libro mejor, o más horas de preparación. Las matemáticas se aprenden con alma, corazón y vida, según reza el dicho. Una vueltita a China, a Singapur, Japón o Corea, de un año escolar por allá, aprendiendo, pensando y preparando un modo para formar a nuestros profes. Macao o Taipéi, si no les gusta China, también sus estudiantes están en el top 500 o más.
Veamos los resultados en la lectura, el tercer evaluador. De nuevo Singapur en primer lugar, 535 puntos. México, quinto lugar en América Latina con 408, nada de presumir, al igual Chile, el mejor en la región con 436, 99 menos que el mejor asiático. Una vez más, mejor formación de padres, madres y profes ayudaría mucho en este terreno, pues leer desde el rumbo del camión que esperamos hasta los libros más interesantes no pasa por la tecnología, a no ser las mejores ediciones.
Los analistas de los desempeños de los estudiantes en América Latina encontraron unas situaciones nada agradables. Un poco menos de seis estudiantes de cada diez no dominan las competencias básicas en lectura y ciencias. En matemáticas, esa proporción es menos buena y muy preocupante: ocho de cada diez estudiantes que hicieron la prueba no llegaron al mínimo aceptable.
PISA es un instrumento para medir las competencias de escolares de 15 años. Podemos pensar que, siendo un proyecto patrocinado por la OCDE, cuyos miembros son países desarrollados, con un sistema educativo más moderno, con apoyos económicos del gobierno pertinentes y oportunos, con un nivel de escolaridad de su población por encima de las logradas en América Latina. Por tanto, las comparaciones ayudan y, sin embargo, no son meta para los sistemas educativos latinoamericanos, precisamente porque la situación de los países de la región aún no tiene el nivel de desarrollo de los países con mayor riqueza y, por tanto, mejores servicios.
Sin embargo, la educación es un bien de cada persona. No es un bien de todos juntos. Cada uno logra constituir su educación. Es de todos el proceso para educarnos con apoyos materiales de personas, instituciones, gobiernos…, quienes se comportan como ayudantes, unos personales, otros grupales. La educación empieza en el primer minuto de nuestra vida y termina en el último segundo de eso llamado “último suspiro”. La escuela, la universidad, la empresa, el gobierno, los grupos y las familias son ayudantes privilegiados, unos en cierto tiempo y otros en otro tiempo diverso. La educación tiene un objetivo privilegiado: el conocimiento. Conocernos nosotros mismos con nuestros pensamientos, nuestras imaginaciones y con nuestra observación participante en el mundo fuera de nuestro ser, nuestra habitación ineludible. Todo lo anterior vivido, pensado y apropiado con nuestra práctica, esas acciones, actos y actitudes. Práctica, objeto primordial de nuestro pensamiento, la materia privilegiada con la cual nos humanizamos… y nos educamos.
PISA, un recurso en nuestro camino. Una materia para cultivar nuestra actitud, nuestro ser personal y contribuir, desde una plataforma específica, a nuestro educar, educándonos. Riqueza, sin duda. Verdad, un pedacito sólo.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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