Matemáticas y comprensión lectora: los años que faltan
Marco Antonio González Villa*
Para todos aquellos que gustan de mirar de cerca lo que pasa en la educación en México, y en otros países, los resultados de PISA no fueron sorpresa; al contrario, cumplieron las expectativas; eso sí, decir que las superaron sí sería una exageración, pero realmente no, los datos obtenidos se encuentran dentro del rango de lo esperado.
Sin embargo, sin minimizar lo preocupante de la situación y la cruda realidad que revelan, resulta aún más angustiante el advertir que este problema, porque es un problema, lejos de encontrarse en vías de superarse o al menos atenderse, no hay visos de que esto pueda mejorar; al contrario, el desfase y rezago educativo de un gran porcentaje de estudiantes se acrecentará con los años.
Desde una perspectiva sociocultural, del siempre referido, pero no leído Vygotski, la falta de comprensión lectora y dificultad para resolver problemas y operaciones básicas muestra la zona de desarrollo real de estos alumnos, poniendo de relieve, al mismo tiempo, un desfase en el desarrollo de habilidades cognitivas, procesos psicológicos, que favorezcan el aprendizaje de contenidos de las áreas referidas, los cuales deberían haberse logrado desde 5º y 6º de primaria.
Desde esta perspectiva vygotskiana, por definición, llegar a la zona de desarrollo potencial, que en este caso particular sería precisamente lograr la comprensión lectora y la capacidad de resolver operaciones matemáticas, solamente es posible vía andamiaje, es decir, con la ayuda de alguien más capacitado, ya sea docente, padre, madre o las y los estudiantes que ya han logrado los aprendizajes; no olvidemos que el aprendizaje es primero interpsicológico, social, y sólo posteriormente intrapsicológico, personal. Pero, como podemos inferir, aquí tenemos un enorme problema.
Mientras el grupo sea reducido, cada docente puede, debe, realizar una función de andamiaje pertinente y adecuada a las necesidades y desarrollo de cada estudiante; pero, en el caso de que el grupo contenga una cantidad de estudiantes que sobrepase la capacidad del docente para brindar una atención personalizada, son los pares y las figuras parentales quienes deben brindar el andamiaje. El abandono y falta de apoyo de padres y madres en casa reduce todo a los pares, lo cual obligaría a los y las docentes a planear todas sus clases formando microgrupos para que los pares modelen a quienes no han logrado los aprendizajes, lo cual es una buena estrategia, pero no se puede implementar todo el tiempo; se debe repartir la responsabilidad de los rezagados.
Aunado a ello, el creciente desinterés y nula voluntad para aprender de parte de muchos estudiantes, lo cual es una limitante e imposibilidad para el aprendizaje desde la perspectiva sociocultural, no ofrecen un buen panorama, sólo se mira desolación.
Que las secundarias y las preparatorias cuenten con un área o departamento de apoyo al aprendizaje para trabajar el desfase de forma personalizada sería una solución excelente; referimos estos niveles porque aquí hace crisis y se hace patente el rezago, pero eso requiere una inversión que un modelo de austeridad no va a considerar. Así que resignémonos a seguir obteniendo los mismos resultados, o peores tal vez, o finjamos sorpresa e incredulidad y mostremos negación, o bien dejemos de enriquecer las arcas de la OCDE y ya no paguemos por el examen; no tiene sentido, sólo nos exhibe y al final nadie asume la culpa o la responsabilidad, ¿o alguien levantó la mano? No.
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx