El creciente interés por estudiar psicología

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Hace unas semanas se publicó el dictamen de los aspirantes admitidos a estudiar en alguna de las licenciaturas del catálogo perteneciente a la Universidad de Guadalajara y el día 17 de este mes iniciaron las clases. El dato es consistente con promociones de otros años: de cada 10 aspirantes sólo ingresan 4 (incluso un poco menos) y quedan 6 fuera. La aspiración se mantiene en el área médica, en las ingenierías y sigue la tendencia a la baja de las ciencias sociales (con excepción de estudiar Derecho). De los alumnos rechazados o que no fueron admitidos, tienen cuatro escenarios:

a) Esperar un semestre para volver a intentar en la misma opción.
b) Ingresar a cualquier opción de la oferta de las instituciones privadas.
c) Cambiar la preferencia e ingresar en donde haya cupos.
d) Renunciar definitivamente a la aspiración o al deseo por estudiar y formar parte de la formación universitaria y buscar otras opciones (migrar, buscar empleo, andar en la vagancia o ingresar con los grupos o bandas juveniles).

Bajo este orden de ideas, llama especialmente la atención el hecho de que ha crecido fuertemente el interés a partir de una fuerte tendencia por estudiar psicología. En la UdeG, en el CUCS como primera opción, se sigue recibiendo el mismo número de alumnos que ingresan cada semestre, pero hay un incremento impresionante de instituciones privadas que han comprendido el creciente interés por estudiar psicología y algunas instituciones ofertan la carrera con REVOE (Registro de Validez Oficial) y en algunos casos con incorporación.
Aparte de la universidad pública, reconozco cuando menos a 13 instituciones privadas que ofrecen estudios en psicología, desplegando los 5 enfoques o ramas para el ejercicio profesional: psicología clínica, educativa, industrial, social y especial. Hay otra oferta que tiende a enfatizar la formación en neurociencias y algunas otras instituciones se encaminan a ofrecer opciones con la intervención social o educativa a partir de dar herramientas metodológicas para la acción y participación social. De esta manera, la psicología se ha convertido nuevamente en una carrera de moda. A modo de hipótesis puedo decir lo siguiente:

• Vivimos dentro de una sociedad que cada vez tiene mayores indicadores de riesgo o de “enfermedad” (el malestar de la sociedad contemporánea, como le llamaron algunos autores); el incremento del sufrimiento humano, los problemas de la existencia y la pérdida en el sentido de la vida, sobre todo en sectores juveniles, abre la posibilidad de curarse a través de estudiar psicología.
• Estamos ante un incremento real de problemáticas relacionadas con la dimensión psicoemocional: trastornos del espectro autista, déficit de atención, problemas de relación social y en la construcción de la identidad de género y el uso de las funciones ejecutivas, las nuevas dependencias y nuevas adicciones, sobre todo al internet, las redes sociales, etcétera; esto ha influido en que se incremente la demanda para la formación en psicología, lo que en la década de los setenta o los ochenta se veía como una misión imposible: “sólo la gente loca va con el psicólogo”. Hoy en día se dice: “Solo las personas con locura son las que no se quieren atender con el psicólogo”.
• Se ha incrementado y se han abierto los espacios para que los sujetos con problemas en contextos vulnerables y precarizados; hoy la psicología, tanto en los espacios de atención clínica como en lo educativo, lo social, junto con lo industrial o laboral, muestra un fuerte crecimiento en la demanda, el cual sigue sostenido y sigue a la alta.

Mi formación inicial estuvo en este campo, pero yo considero (a título personal) que los problemas no son de los sujetos aislados; por otro lado, el dispositivo undisciplinar también sirve de muy poco para entender la complejidad de los problemas de la sociedad contemporánea.
Habría que replantear la mirada y el abordaje metodológico; para ello, tanto el enfoque sistémico como el de un abordaje interdisciplinario son parte de la solución, por un lado, como los problemas nuevos, junto con infinidad de variables, por el otro, hacen que el dispositivo psicológico sea insuficiente para dar respuesta a la complejidad de dichas problemáticas.
Es bueno que tengamos una gama más o menos amplia en la oferta para formarse como psicóloga o psicólogo, pero todo esto debe ser acompañado de una formación más potente, que toque otras aristas como la sociología, la antropología y la pedagogía, entre otras disciplinas científicas, y poder entender al desarrollo humano como totalidad aún con sus problemas, pero también con todas las soluciones que de ahí mismo se desprenden.
Tenemos como una realidad ineludible que estamos ante sujetos con problemas que viven en contextos vulnerables, precarizados, con un horizonte de desarrollo cada vez más incierto, con el deterioro y la dependencia de las instituciones sociales públicas y privadas, y dentro de un entorno global permeado por la amenaza de la guerra, del calentamiento global, de la falta de empleo, etcétera. Ante tanto problema, se piensa en la atención psicológica como alternativa. Pero cabría la pregunta: ¿qué tanto podrán las psicólogas y los psicólogos para responder ante los complejos problemas del mundo actual? Me parece que demasiado poco.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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