¿Las escuelas deben prohibir?
Luis Christian Velázquez Magallanes*
Umberto Eco publicó en 1980 El nombre de la rosa. El argumento de la novela gira en torno a una disputa teológica que se llevará a cabo en una abadía benedictina. Previo a la disputa, hay una serie de asesinatos misteriosos que propician que Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk realicen una investigación para aclarar los crímenes.
Los asesinatos llaman la atención porque imitan pasajes del Apocalipsis bíblico. La solución del misterio presenta a un Baskerville que utiliza un ingenio analítico y lógico para agrupar todas las pistas que permitan la solución del enigma.
En el fondo, la raíz de esos crímenes se encuentra en ocultar o censurar la lectura de un libro de Aristóteles. El segundo tomo de la poética, según lo que se narra en la historia, además de ser un texto poco accesible, abordaba como tema principal a la comedia y en él se justificaba que la risa y la crítica aguda servían como mecanismos para cuestionar y debilitar los autoritarismos.
En este punto, se presenta la tensión entre Jorge de Burgos y Guillermo de Baskerville. El dogmatismo enfrentado a la racionalidad. Jorge de Burgos y su dogmatismo representan el cuidado de la verdad absoluta, mientras que Baskerville defiende los principios del pensamiento moderno, a saber, la duda metódica, el análisis empírico y la libertad de la lectura. Al final, el pensamiento analítico resuelve los crímenes y se presenta como una necesidad en el avance del saber. No existen verdades eternas porque todos los juicios deben estar en constante análisis.
Un elemento fundamental en el texto ayuda a pensar cuál es la función pedagógica que deben asumir las instituciones educativas respecto a la prohibición. ¿Las escuelas deben prohibir? Uno de los atributos de las escuelas es la prohibición.
Las escuelas deben procurar el desarrollo armónico e integral de los individuos y, desde esa sola noción, lejos de prohibir, deben mostrar cómo adaptarse a las circunstancias.
Uno de los problemas que enfrentan las instituciones educativas se encuentra en el uso de las tecnologías de información y comunicación.
Los alumnos contemporáneos forman parte de un universo en donde los dispositivos electrónicos son parte de su entorno, pero, en su quehacer cotidiano, parece que carecen de competencias digitales. La contradicción se manifiesta cuando pueden manejar a placer, sin haber leído ningún manual de usuario, cualquier aplicación, pero no reconocen la distorsión de la realidad que subyace en el ciberespacio.
En el estado de Jalisco, en mayo de 2026, el congreso aprobó la ley para garantizar los derechos de las niñas, niños y adolescentes en entornos digitales en el estado de Jalisco.
La norma conocida como La ley de las pantallas seguras prohíbe el uso y acceso a cualquier red social durante la jornada escolar, a menos que se demuestre que su uso tiene una finalidad educativa. La norma, en origen, buscaba la restricción o prohibición de la portación de celulares al interior de las escuelas. La norma no logró la restricción; en cambio, delegó la toma de decisiones a las autoridades educativas.
Si en el siglo XIV la prohibición demostró la incapacidad de defender una postura con argumentos, en la actualidad, los centros educativos no se pueden dar el lujo de ignorar los problemas de su entorno. Es crucial que las instituciones ayuden a los individuos a desarrollar las competencias digitales del siglo XXI.
*Licenciado en Filosofía. Profesor de educación secundaria en la SEJ. chris-brick@hotmail.com
Lo prohibido es prohibir; la alternativa es educar, propiciar el desarrollo del pensamiento crítico que posibilite actuar y decidir utilizando el razonamiento lógico. Educar hace innecesario prohibir.