CNTE ¿educativa?
Miguel Badresch Parada*
Ha sido y es importante en el sector educativo la presencia y acción de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE, por sus siglas. Hoy aparece como organización beligerante en demanda de ciertas decisiones en su favor. Son varias y las más publicitadas son la derogación de la Ley del ISSSTE (Instituto encargado de la atención de la salud y la pensión de los trabajadores del Estado) y el aumento del salario de los profesores en 100%. Hay otras más.
Los procedimientos usados para presionar al gobierno federal a concederlas, esta vez, han sido en parte violentos y, según la prensa, se preparan para mayor actividad violenta, pues no les parece que sus demandas serán concedidas. El recurso a acciones violentas es amenaza en parte y desesperación, por otra parte. El gobierno ha dicho, en breve, que se pueden conceder algunas de las demandas, y otras no hay modo de hacerlo. Las cosas en este diferendo no tienen buen perfil.
En términos muy generales, estamos ante una diferencia de no fácil resolución positiva. La CNTE nació y ha procurado mantener un perfil diverso del generado por el SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación), pues, a decir de quien conoce su historia, es una organización iniciada y mantenida en clave comunitaria, lo cual es congruente con la mayoría de los lugares y escuelas en los cuales ejercen su trabajo educativo. Esta característica fundamental no es congruente con el gobierno y la economía del país, si bien disponemos de una Constitución hasta cierto punto comunitarista, aunque sólo en los puntos doctrinales y no tanto en los operativos. En su tiempo, eso se llamó una economía mixta: atiende al capital y atiende a los trabajadores.
Hoy el país se sostiene económicamente por los impuestos de trabajadores y, sobre todo, de las empresas, la inmensa mayoría capitalistas. Un ejemplo sencillo y evidente es el IMSS, que no podría vivir sin las aportaciones empresariales, aunque éstas en parte están compuestas de descuentos al sueldo de los trabajadores. Y sin IMSS, el país que conocemos y vivimos no podría ser el que hoy, con todo y todo, es.
Las demandas de la CNTE son casi imposibles de conceder. No por la ideología de la organización, pues si las concede, por lógica debería concederlas a todos los trabajadores del Estado y de las empresas nacionales. ¿Qué acuerdo es posible? Ante lo dicho, ninguno. Algo ha de cambiar para hacer posible un acuerdo.
Por otra parte, dicen los libros, todo conflicto es una oportunidad. No tanto para hacer amistades, cuanto para hacer una ruta de cambios. Hoy no se puede. ¿Qué hace falta para hacerlo posible? ¿La demanda sindicalista se puede atenuar si hay alguna concesión gubernamental? ¿La oferta gubernamental se puede adecuar a ciertas peticiones si se modifican ciertos aspectos donde se traba el acuerdo?
Los analistas recuerdan cómo los excesos en la calle propician la intromisión de otras personas ajenas a la CNTE, y por eso pueden aparecer excesos contra el gobierno perpetrados por tales ajenos, oportunistas, los cuales no siempre pueden ser controlados por la organización magisterial. Y de ahí la importancia de no dar por buena, es decir, acción de la CNTE, cualquiera reportada sin más precisión. De todos modos, la acción callejera impide el curso normal de la vida de la ciudad que transcurre por esas calles hoy controladas por los descontentos.
En fin, estamos ante un diferendo político, mediado por una reivindicación de personal y organización magisterial. Y ante un estrecho margen del gobierno para negociar el fin de la acción callejera y analizar otras posibilidades de satisfacción, al menos temporal, de la CNTE.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx