El calendario
Jorge Valencia*
Para el asombro de todos, la Secretaría de Educación hace gala de sus facultades. Profunda conocedora de lo que realmente interesa a los educandos que representa, suspendió las clases de forma al parecer unilateral mes y medio antes de la conclusión del calendario.
La noticia despertó la algarabía de dos de cuatro actores del fenómeno educativo: los alumnos y los maestros. Unos para hacer lo que más disfrutan: nada. Y los otros para evitar aquello por lo que les pagan: dar clases. Cuando ya se frotaban las manos y resanaban sus patitos inflables para tenderse en su anegado desquehacer, la gente seria de la Secretaría dio marcha atrás: se desdijeron. El calendario vuelve a su origen; concluirá hasta el 15 de julio, como estaba previsto.
Los calendarios son formas de medir los ciclos y obedecen a la cosmogonía de los pueblos. El calendario azteca medía los tiempos de Dios; el maya, el movimiento de los astros. El calendario de la SEP mide los tiempos del aprendizaje. Como la cronografía de Dios, los aprendizajes también pertenecen al territorio de los mitos. Los mexicanos aprendemos por actos de taumaturgia.
De los cuatro actores del fenómeno educativo, los padres de familia y los dueños de las escuelas particulares pusieron el grito en el cielo. Nadie paga lo que no recibe. Peor aún: ¿qué van a hacer los papás con sus hijos más de dos meses? ¿A quién se los encargarán para ir a trabajar? Y los que no trabajan, ¿cómo van a entretenerlos?
Comoquiera, la vuelta atrás de la Secretaría demuestra que la hegemonía educativa no se encuentra en la federación ni entre los sindicatos.
La educación en México también es un hecho político. Sirve para que alguien se pare el cuello gastando el presupuesto público (en el gobierno de Fox se equiparon aulas escolares con equipo de cómputo e internet; nomás se les olvidó poner la luz). Entre nosotros, la educación admite discursos emotivos, epígrafes chiclosos y consensos arrolladores. Y a pesar de ello, en la prueba Pisa seguimos ocupando el lugar 35 de 37.
No por tener muchas clases aprendemos más. El aprendizaje tiene que ver con la adquisición de hábitos, el desarrollo de habilidades del pensamiento y la consciencia de sí y de los otros (y de lo otro) que sólo se consigue con paciencia, con voluntad, con el testimonio de los adultos (padres y maestros) que acompañan el proceso de los estudiantes.
Todos los calendarios admiten ajustes. Imprevistos. Reformulaciones. Hasta el calendario azteca admitía 5 días aciagos (“nemontemi”) en los que había que evitar el enfado de los dioses, por temor a que dieran fin al mundo.
Podemos considerar esos días inciertos como parte del Mundial de futbol. Por algo se organiza en nuestro país. Esperamos que los dioses nahuas sean benévolos con nuestro equipo, y que los goles que anotemos representen cañonazos de enseñanza: somos tan buenos o tan malos como cualquiera. Pero que el calendario se incline, con el favor de las deidades, a nuestro favor.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx