Pensamiento crítico ¿sólo con el tiempo y la escuela?

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Desarrollar el pensamiento crítico es uno de los retos que más enfrenta la docencia… y uno en los que más se fracasa. Siempre ha existido esta idea ingenua de que, casi de manera automática, se desarrolla por la simple combinación de la estancia en la escuela junto con la presupuesta madurez cognitiva que viene con el incremento de la edad, lo cual está sumamente alejado de la realidad; ya lo señaló Piaget hace décadas.
El pensamiento crítico como objetivo educativo precisa un ejercicio de deconstrucción tal como lo entendía Derrida, que no se reduce sólo a cambiar algo de sí, “me estoy deconstruyendo”, no, deconstruir el saber implica analizar el origen y fines reales del conocimiento que se adquiere para, probablemente, dudar de su veracidad y así este cuestionamiento permitiría y posibilitaría a cada estudiante, a cada persona, asimilar y apropiarse de conocimientos que ya pasaron por el filtro del razonamiento y la reflexión, dejando de lado una pasividad cognitiva que sólo recibe y acepta lo que le dan, sin criterio o postura propia; es un acto de toma de conciencia social. El pensamiento crítico, por tanto, da, genera un posicionamiento no sólo ante el saber, sino también ante los factores sociales, políticos y económicos, entre otros, que determinan lo que la escuela enseña; esto puede generar inquietud a muchas autoridades, a quienes no necesariamente les conviene estimularlo.
Pero todo esto queda de lado y deja de tener importancia cuando observamos que la mayoría de las y los estudiantes, psicológica y emocionalmente hablando, tienen necesidad de validación y valoración: la gran mayoría, todos dirían algunas teorías, precisa sentir que su opinión y/o forma de pensar es importante y demuestra un nivel intelectual por encima de muchas personas, pares y docentes incluso, por lo que buscan más la certeza y “tener la razón”, no necesariamente en el sentido cognitivo.
La escuela, con su diversidad de pensamientos y de opiniones, ayuda a ampliar las miradas y las perspectivas de cada estudiante; sin embargo, las redes sociales, algunos miembros de sus familias o amistades, los inundan de certezas y de verdades infundadas, que afirman y confirman a muchos y muchas de ellas, que se encuentran a sí mismos y se identifican, en ocasiones, con ideas ilógicas e inmorales y con saberes falsos, pero relativamente convincentes y creíbles para ellos, que les hacen sentirse validados: “Ya ven, yo tenía razón”. Así se puede invalidar el saber académico, basta sólo la palabra de alguien significativo para que el pensamiento crítico no se desarrolle.
Por eso es que el pensamiento crítico no se logra en todos, no es fácil, requiere leer, discutir, dialogar, escribir y reflexionar mucho; la edad no lo garantiza, no es además una capacidad que tenga un sentido y uso particular, es propiamente socia: sólo tiene sentido si se emplea para interactuar, construir y solucionar junto con otros.
Desafortunada y lamentablemente, lo que he venido refiriendo nos lleva también a cuestionar lo siguiente: ¿todos y todas las docentes han desarrollado pensamiento crítico? Es una pregunta difícil, dado que, si me apego a lo que he venido señalando, diferentes docentes tampoco han podido desarrollar esta capacidad. De ahí la necesidad de generar espacios y escenarios propicios que lo promuevan y estimulen, tanto en docentes como en estudiantes, obviamente en directivos, que aprendan a cuestionar cada reforma educativa, cada modelo, cada programa, cada instrucción de alguna autoridad y que no se obedezca sin filtro todo aquello que se indica: un para qué nunca estará de más, sin importar quien lo enuncie, dará pie a un diálogo y reflexión conjunta que favorezca su presencia en las aulas y en cada miembro de la comunidad. Porque, como ya señalé, el pensamiento crítico cuestiona y posiciona, por lo que a muchos les conviene invalidar saberes a través de brindar certezas y verdades falaces. ¿Quién gana si no hay pensamiento crítico en una sociedad? Se me ocurren varios, más de uno ¿no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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