La gran distancia que separa las palabras de las acciones dentro del sistema educativo

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

En educación existen muchas promesas, sobre todo cuando los políticos se disfrazan de pedagogos; las palabras se escuchan huecas; el traje les queda mal, no es a su medida; las palabras no corresponden con las acciones que realizan.
Por el contrario, las y los educadores hablan poco; su lenguaje está centrado en las acciones educativas y en los resultados obtenidos. Con lo anterior, se reconoce que existe un distanciamiento más o menos grande cuando se habla de educación. Por un lado, tenemos el lenguaje de los que practican la educación y, por el otro, el lenguaje de los que se aprovechan de todo el entramado de la educación para sacar provecho.
Actualmente vivimos tiempos de profundos cambios; no sólo en el escenario curricular o en el de las políticas públicas, el cambio también está en la cultura y en todo el entramado tecnológico.
La llegada de la llamada IA (Inteligencia Artificial) ha servido para mover los estilos de hacer academia, de hacer educación, incluso de hacer política y cultura. El problema que tenemos ahora con el uso de la IA es la dependencia que se está generando en las formas y en los estilos de hacer las cosas.
Pero regresemos al otro punto que da pie al encabezado de este artículo. Vivimos dentro de un sistema educativo disociado, escindido y en ocasiones confrontado: por un lado, tenemos que los sujetos de la educación tienen muy pocos espacios para hacer circular sus palabras; por el otro, están los sujetos que administran y organizan la educación (a través del sistema educativo), hablan mucho y presumen lo que no son capaces de hacer.
Esta especie de efusividad por un lado y de silenciamiento por el otro se encuentra distante; no se dialoga entre los que diseñan y los que ejecutan. Cabe la pregunta: ¿Qué tendría que cambiar en el sistema para garantizar un funcionamiento más armónico y funcional del mismo? Todo tendría que cambiar, todo el sistema; no se trata de maquillar o de hacer cambios sólo por encima.
Existe un espacio que le pudiera dar vida al gran grueso de sujetos que hacen y practican la educación, y este espacio son los consejos escolares de escuela y de zona. Una de las ventajas o de las virtudes contenidas en la propuesta de la NEM es darle importancia al trabajo colectivo y en comunidad. Los directores de escuela, supervisores de zona y jefes de sector deberían tomar la palabra y silenciar a los funcionarios que hablan en su nombre.
La educación requiere menos discursos y más acciones, menos promesas y más realizaciones, menos sueños y más realidades tangibles. En esto, las maestras y los maestros tienen mucho que decir.
¿Qué implicaciones tiene un sistema educativo disociado o escindido? El problema es que los que hablan de educación se escuchan inauténticos y los que son auténticos desde la práctica poco hablan. Entonces, ¿qué hacer para armonizar el sistema? Esa es la tarea que tenemos todas y todos. Nos hacen propuestas para mejoras verdaderas del sistema, en su organización y funcionamiento, es decir, en todo.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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