Ranking mundial de universidades: Otra mentira de Occidente

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

 

¿Tienen las universidades algún objetivo social? Pareciera ser que no y que todo se reduce a centrarse en aspectos meramente económicos. Cada año, aparecen diferentes rankings mundiales sobre las universidades en el mundo, de los cuales destacan 3: Shanghái Ranking, Times Higher Education y QS World University Rankings. Cada uno de estos rankings considera diversos criterios para poder realizar su lista, calificando y clasificando así a las que consideran las mejores universidades del mundo, lista en la que podemos identificar a las mejores de cada país, obviamente. La relación docente-estudiante, investigación, empleabilidad y opinión de empleadores, prestigio y reputación, premios recibidos, número de estudiantes por docente, redes internacionales son algunos de los criterios considerados.

Pese a pequeñas diferencias en los criterios y en algunos lugares asignados en los rankings, podemos encontrar en los primeros 10 lugares a una mayoría de universidades de Estados Unidos, 7 regularmente, y 3 del Reino Unido. Y es aquí que no podemos sino levantar una ceja en señal de duda y preguntarnos: ¿qué han hecho estas universidades bien para el mundo o la sociedad? La respuesta es inmediata: nada.

Entendiendo que toda escuela es el modus vivendi de muchas personas, es claro que la parte económica es fundamental y una prioridad; sin embargo, idealmente, las universidades son creadas con fines no sólo educativos y, como ya dijimos, económicos, sino que también buscan transformar las sociedades basadas en principios éticos y valores de responsabilidad, justicia, igualdad, solidaridad y respeto, entre otros, por lo que cada universitario, diría Silvia Rivera Cusicanqui, adquiere un compromiso social que lo lleva a denunciar y buscar cambiar aquellas situaciones que no tienen un sentido o enfoque prosocial, en bien de la vida digna de todas las personas del mundo.

Bajo estas arenas, y pensando en los países en los que se ubican, es que podemos señalar que ninguna de las universidades del top 10 ha hecho algo por el bien de la humanidad: de dos países histórica y actualmente con racismo y discriminación, coloniales imperialistas, de política económica capitalista, con un alto desarrollo tecnológico, eso sí, pero no usado para el bien de todos, caras en sus costos, con una amplia historia, pero sin una aportación real que devele, revele o siquiera insinúe una postura ética y de búsqueda de dignificación del otro; no lo digo yo, los datos históricos me avalan.

Así que estos rankings sólo sirven para que Occidente siga creyendo, como lo ha sido por siglos, en su evidente violencia epistémica, que sólo ellos poseen y generan conocimiento y lo sigan utilizando exclusivamente para su propio beneficio, no para la humanidad. Sugeriríamos entonces añadir a los criterios de evaluación las aportaciones realizadas para un mundo mejor, el sentido ético de docentes y estudiantes, así como el respeto mostrado por la tierra y cada una de las personas que la habitan; si estos criterios se consideraran los más importantes, seguramente saldrían del top 10 las universidades que hoy se encuentran ahí, para dar paso a diferentes universidades no de Europa o Estados Unidos, sino de otras latitudes.

Pero dejemos que Occidente se regodee con sus rankings a modo, con sus mentiras y su necesidad de creerse mejores; como dato final, sólo como evidencia, el expresidente Zedillo estudió en Yale y Salinas de Gortari en Harvard. ¿Qué más prueba se necesita de la nula aportación de las universidades que han estado dentro de los 10 primeros lugares? Ahí lo dejamos para la reflexión.

 

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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