¿Por qué la epistemología es a priori?
Luis Christian Velázquez Magallanes*
El origen de la reflexión filosófica, por lo menos en la cultura occidental, está directamente relacionado con la necesidad de comprender qué es la realidad. Un grupo de pensadores –el sustantivo revela su inmenso mérito– sintió la necesidad de entender su mundo para sentirse seguro en él.
Los primeros amantes de la sabiduría consideraron que era necesario abandonar elementos mágicos o religiosos al explicar los fenómenos para encontrar, desde las facultades intelectuales, un nivel superior de conocimiento. Se inauguraba, con esta vía de conocimiento, el antropocentrismo cognitivo, pero eso es objeto de una reflexión distinta.
Los pensadores, denominados presocráticos, dieron rienda suelta a la razón para encontrar el principio o arché que explicara el origen, la causa y el fundamento de la realidad. La reflexión de estos pensadores buscó, a toda costa, explicar las causas del movimiento; el problema es que algunos lo entendían como desplazamiento y otros como transmutación. Las discrepancias entre la incapacidad de movimiento propuesta por Parménides y el constante cambio de Heráclito se sitúan en este punto.
La importancia de la pregunta de los primeros pensadores helénicos radicó en el establecimiento de dos elementos fundamentales para la comprensión y construcción del conocimiento de la realidad. En primer lugar, antes de iniciar cualquier intento de explicar algo, se debe definir qué es lo que se considera como real. La postura que explicita qué elementos o fenómenos se consideran como reales es lo que se conoce como ontología.
René Descartes, por ejemplo, se percató de que, antes de construir una postura sobre qué se podía conocer, debía definir su postura ontológica. En este punto, plantea su famoso “cogito ergo sum”. Puede dudar de la existencia de todo menos de que es un ente que existe y tiene como cualidad el pensamiento. Descubre que la realidad se compone, ahí lo conduce la duda metódica, de entes físicos y de entes inmateriales (pensamiento).
La definición de la postura ontológica, por necesidad lógica, deviene en una postura epistemológica. Primero decimos qué es la realidad para, posteriormente, explicar cómo se puede conocer eso que se ha definido como real.
La relación entre la ontología y la epistemología involucra un tercer elemento: la gnoseología. La gnoseología implica un aspecto que la presenta como una reflexión de segundo orden respecto a la epistemología; mientras que la segunda da por sentado que el conocimiento se da per se, la primera está interesada por definir cuáles son las fuentes del conocimiento, es decir, se preocupa por explicar de dónde surge la información de aquello que se pretende conocer.
La reflexión gnoseológica confrontó a dos posturas antagónicas respecto a las fuentes genéticas del conocimiento. El empirismo y el racionalismo. El empirismo es la escuela que afirma que el conocimiento tiene como origen todos aquellos datos proporcionados por nuestros sentidos, y el racionalismo es la escuela que afirma que todo aquello que podemos conocer o conceptualizar tiene su origen en la razón.
Ambas posturas llevaron hasta sus últimas consecuencias lógicas sus postulados gnoseológicos, describiendo a la perfección sus excesos. La vuelta de tuerca se da a partir de comprender que el conocimiento se da si y solo si reconocemos que ambas posturas confluyen en la construcción lógica de la realidad. Conocer implica percibir, pero también ordenar mediante las categorías propias de la razón. El mérito es del pensador de Königsberg, Immanuel Kant (1724–1804).
La historia de las ideas, en este sentido, muestra cómo, a partir del establecimiento de paradigmas científicos de fenómenos naturales, surgen sistemas teóricos y matemáticos complementarios. Dos ejemplos: después de la Ciencia Natural de Isaac Newton surgió la síntesis kantiana del conocimiento y el Cálculo Diferencial e Integral, y después de la Mecánica Cuántica y la Teoría de la Relatividad, surgieron las posturas positivistas de pensamiento y la geometría no euclidiana.
El recorrido histórico es, de alguna manera, recordar —quizá al estilo platónico— dos ideas fundamentales para que, en los procesos de investigación contemporáneos, se comprenda cómo proceder al determinar qué entendemos por realidad y cómo o bajo qué mecanismos o instrumentos podemos conocer ese objeto a partir de la identificación de sus variables.
El recorrido, también, permite describir qué elementos deben ser abordados y cuáles acotados en la reflexión epistemológica y ontológica previa a cualquier proceso de investigación.
En primer término, se deben distinguir los elementos constitutivos del proceso de conocer y de qué manera se interrelacionan. En el acto de conocimiento a menudo intervienen un sujeto, un objeto y la imagen que se crea en la relación entre sujeto y objeto.
- Sujeto. Conforma el aspecto psicológico del acto cognitivo. Se deben especificar los procesos mentales que hacen posible el conocimiento: génesis y estructuras mentales que participan en la construcción del conocimiento. Se debe evitar el error del psicologismo o pensar que el conocimiento solo depende del sujeto.
- Imagen. Se refiere al aspecto lógico del conocimiento; se revisa la concordancia en el proceso del conocimiento. El aspecto lógico se refiere a la sintaxis del proceso cognitivo, es decir, a la congruencia o incongruencia en la construcción epistemológica. El exceso se encuentra en el logicismo o en considerar que la construcción mental es el elemento más esencial.
- Objeto. Se enuncia el aspecto ontológico. Se especifica qué es lo que se entiende como real en tanto objetos reales e ideales. Pensar que el problema del conocimiento se reduce a la esfera de lo que se considera como real implica caer en el ontologismo.
La definición fenomenológica para la epistemología, por tanto, señalaría que conocer implica forjar una imagen de un objeto de conocimiento y la verdad de las predicaciones hechas sobre ese objeto estriba en la concordancia de la imagen creada con el objeto.
Desde la definición de la reflexión epistemológica, se puede señalar que, necesariamente y según el objeto que se aborde, debe dar cuenta de las siguientes cuestiones con sus respectivas preguntas:
- La posibilidad del conocimiento. ¿Puede el sujeto aprender al objeto?
- El origen del conocimiento. ¿Es la razón o la experiencia la base y fuente del conocimiento?
- La esencia del conocimiento humano. ¿Es el sujeto quien determina al objeto o es el objeto quien determina los procesos de conocimiento?
- Las formas de conocimiento humano. Además de la aprehensión racional del conocimiento, ¿existen otras formas de conocer?
- Criterio de verdad. ¿Cómo podemos distinguir un conocimiento verdadero de uno falso?
Evidentemente, valdría la pena revisar con qué herramientas reflexivas, metodológicas y procedimentales se cuenta antes de realizar cualquier modelo de investigación para determinar si se presentarán o no productos congruentes, válidos y con impacto en la comprensión o abordaje de sus problemáticas.
El cuestionamiento también debe reflexionar sobre las propuestas ontológicas y epistemológicas de los múltiples centros de investigación y su razón de ser. Por ejemplo, si prolifera la oferta de centros de posgrado en el área educativa, entonces, ¿por qué parece que la solución de los problemas elementales no se ha dado? La respuesta nos permite identificar por qué sus producciones, sin caer en generalizaciones malsanas, se han convertido más en un trámite administrativo que en una cuestión epistémica.
*Licenciado en Filosofía. Profesor de educación secundaria en la SEJ. chris-brick@hotmail.com
El alma me impulsa, la emoción me guía y el sentimiento genera mi pensamiento, así, mi mente crea mi conocimiento, que me exhorta a actuar con razón o sin razón, experimentando nuevas emociones y sentimientos ya sea en nuevos o iguales actos en diferentes hechos, que hay veces, que dudo si es real o imaginación, si es mi verdad o sólo una ilusión, que cuando es hermoso, me resisto a creer en lo real, volviéndose así en un círculo sin final, pero, llega el momento de parar, respirar, voltear atrás y si suspiro con una sonrisa en mi rostro, me siento satisfecha de mi evolución, no siempre es así, sin embargo, sigo viva, sigo avanzando, sigo íntegra, con mi mente, cuerpo y espíritu equilibrada? Muchas de las veces si, y lo que antes fue, ahora ya no es. Que loco 😜 o no?
Gracias maestro por su artículo, me hizo recordar las Lecturas del DR. MANUEL GARCIA MORENTE…gran trabajo el suyo filosófico y educativo.