Saber preguntar

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Preguntar, esa rara habilidad, vuelve al centro de la acción social. Por ejemplo, las planas de una cierta prensa, usuaria de diferentes instrumentos de información, se han llenado de preguntas acerca de la veracidad de algunas afirmaciones y de los argumentos sostenidos por figuras y funcionarios del régimen.
De pronto cabecillas del movimiento político que goza de la conducción de la vida pública del país aparecen con prácticas muy cuestionables y, peor aun, con argumentos todavía menos aceptables para justificar sus acciones. Es una práctica política usada desde la posición de poder y con la convicción de que sus aseveraciones son incuestionables, y más, que los cuestionadores son enemigos del régimen, de sus dirigentes y se aprovechan de pintar los hechos con brocha de color rojo para cuestionar no tanto la verdad o mentira, sino la justificación de esas actividades por parte de un personaje cuyo puesto se debe a las mayorías, las mismas ahora traicionadas por su comportamiento indebido.
Al mismo tiempo, los educadores tienen en este material un conjunto amplio y diverso para multiplicar prácticas educativas cuyo resultado puede ser muy importante en la comprensión de la vida pública. Por ejemplo, preguntar y conversar con los estudiantes por la relación que consideran existe entre los dichos y los hechos, con la necesaria fundamentación de los posibles juicios frente a la vida de los políticos, el valor de las afirmaciones frente a las consecuencias de los hechos, entre otras.
Educar no es sólo revisar las materias y su contenido de los libros, sino hacer el proceso necesario para relacionar contenidos con los sucesos de la vida pública de los gobernantes, de los políticos y de la situación del país. Esto es construir un proceso de pensamiento sobre la realidad para comprender la vida diaria y los sucesos en los cuales se envuelven comportamientos mejores y otros no tanto.
La práctica educativa requiere conexiones con las situaciones de la realidad y los sucesos de la vida diaria, no sólo para motivar el aprendizaje, sino para formar en la responsabilidad ante la dimensión social de personas, familias y comunidades. Desde luego, no es fácil intentar esas prácticas, sino hay una modificación a las prioridades formales de nuestro sistema educativo hasta hoy definido por materias, lecciones y libros de textos oficiales, cuyas relaciones con las realidades vividas por los estudiantes es un tanto, por decir lo menos, pobretona.
Por ejemplo, practicar el análisis con un grupo de estudiantes, digamos de primaria alta o de secundaria, los ritos oficiales ocurridos en la celebración de las fiestas patrias pueden ayudar a aprender historia, organización social y política del país, decisiones y cómo se consideran hoy y por qué. No sólo se cambia la sensación de una fiesta más, sino una expresión en lenguaje político de una festividad encabezada por el gobierno y seguida por el pueblo. ¿Por qué el gobierno? ¿Cuáles son en verdad los hechos ocurridos en la independencia? ¿Qué ganamos y qué perdimos con esa guerra? ¿Hoy, el país no tiene dependencia con otros países?
Atender la práctica educativa realmente efectuada puede ofrecer información acerca del aprendizaje logrado por los estudiantes. Por ejemplo, ¿recuerdan de memoria?, ¿pueden explicar razones de los hechos?, ¿se dan cuenta de los efectos favorables para el país?, ¿reconocen las dependencias del país hoy?
Puede parecer mucho para un estudiante de primaria o de secundaria. Si la práctica respeta el que todo lo hecho tenga una estructura pedagógica, lo obtenido será lo esperado y lo inesperado, pues los estudiantes puestos a pensar y a comunicar esos pensares, hacen maravillas. El punto central está en confiar en un plan de sesión en el cual les quede claro a los estudiantes la petición, el reto y la información solicitada… y la libertad de hacerlo con sus modos. Ya habrá tiempo de revisión, valoración, corrección si hace falta y retroalimentación sobre lo no logrado.
Saber preguntar es la clave para motivar a los estudiantes al reto de aprender entre ellos y junto con ellos.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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