Corazones
Jorge Valencia*
El corazón es un músculo memorioso. Se contrae y se dilata como en un esfuerzo exhaustivo por atraer las imágenes que se le disipan en medio de la sangre que chupa y expulsa permanentemente. Es un músculo memorioso y en constante esfuerzo por retener las imágenes significativas. Un día se detiene abruptamente. Es porque se extasió con un recuerdo.
Morirse de un ataque al corazón es un motivo justificado. Todos nacemos con un número preciso de latidos que ni las caminatas aumentan ni los cigarros disminuyen. Hay corazones que duran un año; otros, más de cien. Quizá no sea el ejercicio ni el vicio, sino el exceso de estímulos amorosos lo que lo debilita. Alguien que ama mucho, muere rápido. Los ancianos se quedan sin cónyuge ni padres ni otro familiar que un bisnieto comprometido. Morirse viejo pareciera significar haber querido poco. O haber querido mucho, pero a ritmo semilento. En una carrera de resistencia en la que no hay más compañía que la soledad.
La emperatriz Carlota de México vivió 86 años para sufrir el fracaso de su regencia impostada. Lapso durante el cual tuvo tiempo de sobra para lamentar la muerte de su marido, el emperador, el derrumbe de su propia realeza y la transformación del mundo en un lugar extraño y hostil. La demencia le proporcionó el único impulso para los latidos de su corazón atribulado, encerrada en el castillo de Bouchot.
Nadie lo sabe… El corazón “tiene razones que la razón desconoce”, dijo el filósofo Pascal. El corazón es un músculo memorioso y autónomo: se inclina por decisiones que no parecen las idóneas o hacia personas que no resultan las que convienen. Inclinados por un sentimiento avasallante, Romeo y Julieta pagaron con su propia vida el deseo de posesión de la persona amada y se convirtieron en arquetipos de los amorosos. Murieron jóvenes, víctimas de la adversidad.
Los cardiólogos son intérpretes contemporáneos del equilibrio sistémico de una persona, a través del estudio de su corazón. Deberían trabajar de forma colegiada con psicólogos. Una cirugía a corazón abierto es un análisis “in situ” de la conducta amorosa de alguien.
Los donantes de corazón transfieren sus afectos y sus odios al destinatario del órgano respectivo. Muchas ficciones han elucubrado el tema. Más allá de la especulación estética, el corazón es un motor que produce la vida y es susceptible de un traspaso. Los donantes perpetúan discretamente su existencia en el cuerpo de un tercero.
Un músculo tan pequeño ha sido objeto de misterio y atracción. La obsidiana de los pueblos americanos quiso vincularlo con los dioses. Tal vez se trate de una parte de la naturaleza de la deidad.
La vida está asociada a la perseverancia de sus latidos. A la discreción de su esencia.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx