A 11 años de distancia siguen faltando 43 y muchos más
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Una vez más es 26 de septiembre, como aquel 26 de septiembre, pero de 2014, en que desaparecieron 43 estudiantes normalistas de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero. Hoy a 11 años de la distancia y de la memoria, se les sigue extrañando, se les sigue esperando y sus padres y madres después de decidir movilizarse por todo el país, aún esperan poder ver a sus hijos.
Hace 11 años se vivió el último gobierno priista y, más adelante, los primeros 6 años del primer gobierno democrático en nuestro país con AMLO a la cabeza y el primer año de la primera mujer presidenta en nuestro país. Pero también estos 11 años han sido un esfuerzo infructuoso para que el olvido no se lleve la vida y los sueños de los 43 normalistas desaparecidos.
Este país es un monumento a la impunidad y la mentira que no distingue colores partidistas, ni perfiles y estilos de funcionarios, ante la pregunta: ¿en dónde están los 43 normalistas de Ayotzinapa? Tenemos una larga lista de hipótesis, de indicios, de líneas de investigación, pero solo eso; no tenemos ni respuestas, ni certezas del destino final de los 43. La única verdad es que los 43 están ausentes de sus casas, de su familia y de su escuela. ¿En dónde están ahora? Nadie lo sabe.
En 11 años, los padres se han organizado y han recorrido todos los lugares: oficinas de gobierno, han asistido con defensores de los derechos humanos, con distintos niveles de gobierno, desde la presidencia hasta las instancias de procuración de justicia. Y nada.
Es triste y lamentable que en un país que se presume democrático sucedan cosas que demuestran todo lo contrario. ¿Por qué tener que mentirles a los padres y a la sociedad? Y no responder con la verdad de su desaparición, de su posible muerte y de que sus cuerpos se convirtieron en cenizas, o lo contrario, que aún siguen vivos y que están resguardados en algún lugar distante por cuestiones de seguridad y que nunca regresarán. ¿Por qué la mentira es la única respuesta a la que tenemos acceso las mexicanas y los mexicanos?
Hoy, a 11 años de distancia, soy uno más que exige respuestas y espera justicia, soy uno más que permanece indignado por este tipo de prácticas que no solo ponen en riesgo la vida de un grupo de jóvenes, sino que también es un duro golpe a la educación, a la formación de futuros docentes y a la sociedad en su conjunto, soy uno más que no cree en las versiones del gobierno, ni en las oficiales, ni tampoco en las alternativas. Porque ninguna respuesta responde, resuelve y convence.
Hoy, a 11 años de distancia por la desaparición de 43 estudiantes de magisterio, sigue el grito enérgico:
¡Aún nos faltan 43!
¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com
Esto que usted expresa es exactamente lo mismo que yo siento, estando lejos (en Suiza), pero siguiendo deste hace once años esperando una aclaración, que se destapa la verdad, que nos devuelvan a los jóvenes, que no nos roban la esperanza de que un mundo mejor será posible. Pero no, este mundo nos demuestra que 43 vidas no valen nada, peor, hoy se puede masacrar miles y miles de niños, jóvenes, madres, ancianas impunemente y encima destruir sus viviendas, escuelas y hospitales. Hemos entrado en el siglo de la deshumanización, y el capo de este Systems reina en La Casa Blanca.
Gracias René por leer y comentar coincido contigo
Un abrazo para ti desde México