Emociones y educación

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Durante tres días de la semana pasada (18, 19 y 20) se realizó en el ITESO el Noveno Coloquio Internacional de la “Red de investigación en emociones y afectos desde las ciencias sociales y las humanidades” (RENISCE Internacional) con 32 mesas de trabajo y más de 130 ponencias de investigación en México, por una docena de centros universitarios y diversos grupos de investigación en una docena de países de América Latina.
Estos trabajos son oro molido para los educadores de los diversos niveles, incluido el universitario, pues reportan sobre una realidad sentida por todos y, sin embargo, muy poco atendida. Por ejemplo, el conocido “pleito” entre dos o más estudiantes cuya conducta principal es dirigirse puyas, insultos, sobrenombres y hasta amenazas, estudiantes que hacen “bolita” con otros y llegan a molestarse con agresiones físicas.
Ya sabemos bien que esas conductas con facilidad crean un ambiente tenso en la escuela o al menos en el grupo donde se suceden esos comportamientos. Directores/as y profesores/as con experiencia suelen controlar estos con eficacia y, dado el caso, saben pedir colaboración de instancias preparadas para manejar esos comportamientos. No obstante, los estudios e investigaciones sobre el tema dejan clara la importancia de atender con cuidado y ayuda profesional, pues en más ocasiones de las deseadas o pensadas se convierten en violencia escolar; a veces trascienden a situaciones indeseables fuera de la escuela o centro de estudios.
El fenómeno de la violencia escolar no es nuevo y se ha estudiado e investigado con amplitud en casi todos los países, sobre todo latinoamericanos. Lo novedoso es la “aparición” de las emociones en la ecuación de las relaciones escolares y sociales. Y se entiende nuevo, pues los estudiosos han descubierto cómo se genera una emoción.
A partir de situaciones externas en las cuales la persona se ve envuelta, las neuronas se arreglan para producir una emoción, entendida como una reacción para proteger al individuo de una alteración. El sujeto asistente a una situación no esperada o capaz de generar tensión en la persona, las neuronas encargadas de las emociones generan una emoción (un arreglo particular en la región cerebral destinada al tema) y la persona siente, capta, detecta, se da cuenta y la traduce en un sentir, y unos nanosegundos después en un sentimiento con el cual puede relacionarse con la tensión generada y los hechos externos que la han suscitado… y toma decisión/es para enfrentar ese proceso.
Esta complejidad es la causa por la cual es exigente el trato con la emoción–sentimiento–situación y… reacción. Un escolar decidido a conversar con su compañero de los sucesos del fin de semana no es fácil de detener… de ahí el modo ortodoxo de un profesor/a: llamar la atención del platicador: Fulano, ponga atención, y el reclamado atiende el mandato–petición–orden durante 10–12 segundos y vuelve a buscar la atención de su compañero. Aquí la complejidad: la emoción es compleja y no la encarrilas o desaparece así en un tris. Así surge la recomendación de los investigadores. “Maestra/a, mamá/papá… no corrijas, mejor “súbete” a la conversación del emocionado y su atento colega, con un “Oigan, ¿de qué están platicando?”. La emoción dice “misión cumplida” y ahora, en el siguiente minuto, se retoma la situación de “clase”.
La anterior ficción–realidad pide investigación, desde la neurociencia, la sociología, la psicología, la pedagogía y la fenomenología, al menos. De ahí una parte importante de la realización del coloquio antes mencionado. La otra parte son todos los fenómenos emocionales que están fuera del ámbito educativo y cuya importancia es vital para lograr eficaz comportamiento y relaciones entre humanos con base en el cuidado del otro o ética del cuidado.
Lo principal de entrar a estudiar el mundo de las emociones es su presencia en todos los actos humanos de todos los humanos. Y dominar ese mundo es tarea de la educación alimentada por las certezas de la investigación neurocientífica y la investigación de las interacciones humanas que constituyen las relaciones con las cuales… nos relacionamos y vivimos todos los días.
Estos estudios ayudan significativamente a comprender la enorme importancia de dominar el arte de la convivencia en este mundo humano inundado de emociones y, en más de un caso, dominado por emociones sin respeto por los demás. En consecuencia, la educación está llamada a ayudarnos a cada persona y a cada grupo o comunidad a transmitir, experimentar, dominar y aprovechar el poder de las emociones, los sentimientos y lo mejor de la humanidad de los humanos.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

Comments
  • Yipsian

    Resulta imprescindible trabajar, con los docentes y con las familias, las habilidades emocionales, el mundo ha cambiado, la pandemia nos reveló la necesidad de seguir preparando a los docentes en muchos temas, y éste es uno de ellos.

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