Docentes y la incomprensible ingratitud sufrida
Marco Antonio González Villa*
Se habló de un intento por reivindicar a las y los docentes, pero, efectivamente si se buscara una justificación, nunca se dijo cuándo. Mirar al pasado, buscar en el cine, por ejemplo, las significaciones que se han construido socialmente en torno a la figura del docente dejan en claro que sí ha habido cambios significativos.
Siempre es bonito, lindo, encontrar historias en redes sociales en las cuales se dice que en algunos países las personas que más ganan y más reconocimiento social y laboral tienen son precisamente los docentes, porque se entiende que han formado a muchas generaciones que han ayudado a la construcción y consolidación de un país. Historias que obviamente jamás dirán qué pasa o pasó en México dicha situación.
¿Cuál es la intención, cuál la finalidad de minimizar y desvalorizar al docente? Puede haber muchas explicaciones, pero siempre, dado el contexto global, pareciera que siempre será el factor económico el que determine la forma de mirar su labor.
Estamos viviendo tiempos en los que administrativamente se tiene mayor carga de trabajo, se han adjudicado un mayor número de responsabilidades, incluyendo la recuperación y atención de los sujetos, infantes o adolescentes, abandonados por sus propios padres y madres, estamos llegando al punto de tener una percepción económica con menor poder adquisitivo en comparación a otras épocas, y aún así las amenazas de despido, los ataques de autoridades y figuras parentales han ido creciendo, ligado a los ofensivos aumentos de sueldo y la implementación de políticas y leyes que garantizan que cuando llegue el tiempo de retirarse se obtengan las peores condiciones históricas de la historia.
La pandemia puso de relieve la importancia social y educativa de su papel, se hizo patente, pero, a pesar de ello, no se ven avances por ningún lado ni la intención de resarcir la deuda histórica con su labor. Los cambios de delegados sindicales o de autoridades para el supuesto bien del gremio, así como las protestas y movilizaciones en escuelas como la UNAM y otras instituciones de prestigio, junto con otras formas de visibilizar su lamentable situación laboral y económica, solamente han hecho ruido, pero se ha conseguido estancar y detener cualquier posibilidad de mejoría. El día que la educación sea una prioridad, real no de palabra, es probable que cambie la suerte del docente; en este momento sólo se observa, precisamente, una incomprensible ingratitud.
Mientras ocurre un cambio, sigamos construyendo el futuro del país y disfrutando de películas e historias en las que somos héroes y protagonistas. Sigamos soñando ¿no es así que se construyen las utopías?
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx