Entre mercedes te veas
Jaime Navarro Saras*
Es probable que para la mayoría de nosotros la palabra mercedes, por su significado, nos refiera a un nombre de pila de una persona, incluso a la marca de un automóvil caro o, en otros casos, a una palabra de cortesía para referirnos a la segunda persona del plural, ustedes. Lo cierto es que mercedes era una medida de agua que se usaba durante la colonia y que se siguió su uso más allá del México independiente. Una merced de agua era el equivalente a 5 pajas; la paja era la unidad mínima que equivalía a 0.45 litros por minuto. En tanto, ello representaba 2.25 litros.
Digo todo esto debido a que la despoblada Guadalajara de finales del siglo XIX y principios del XX se abastecía de agua para todos los usos del río San Juan de Dios, el cual, como se sabe, actualmente se encuentra entubado por debajo de la Calzada Independencia gracias al ordenamiento del gobernador Miguel de Ahumada, cuya construcción se realizó desde 1908 a 1910, principalmente para embellecer esa zona como parte de las obras para festejar el Centenario de la Independencia (Miguel Villaseñor y Villaseñor, Las calles históricas de Guadalajara).
El agua, a principios del siglo XX, por decir algo, les pertenecía a todos; los barrios del oriente, después de la calzada, se abastecían del río y pozos artesianos; las zonas del poniente, habitadas principalmente por españoles, lo hacían de manantiales como El Colli, San Ramón o Los Colomos, es decir, desde siempre el agua de mejor calidad ha tenido un dejo de clasismo (Bernardo García Martínez, Estudios de Historia Urbana).
El río San Juan de Dios, que tiene su origen en lo que conocemos como el Agua Azul, poco a poco se fue contaminando por propios y extraños, y donde el gobierno de Miguel de Ahumada se fue por la fácil: entubarlo y usarlo para depositar los desechos de las casas, vecindades y demás. Desde entonces se puso una cuota para obtener agua limpia (1904), se ordenó cobrar 18 pesos al año por el derecho de una merced por familia diaria y tres mercedes para huertas y vecindades; básicamente sólo era para beber y preparar alimentos. Un año después, la cuota disminuyó y se cobró sólo una tercera parte, 6 pesos.
El entubamiento del río San Juan de Dios fue la primera obra hidráulica; el costo fue financiado con la mitad de los recursos que pagó la empresa que trajo a Guadalajara el tranvía. Sin embargo (y para dar cuenta del origen del dinero y el manejo del mismo), se presupuestaron 232 mil pesos; el costo final fue de 417 mil 677 pesos, de los cuales los contratistas se quedaron con 319 mil 520, más 12% de honorarios de dirección y uso de herramientas. En síntesis, los ganones del entubamiento del río San Juan de Dios fueron los empresarios de entonces, cuya obra fue elaborada con capital de fuera y con concesiones a extranjeros. En 1909 se celebró un contrato para asegurar el abastecimiento con la Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora del Chapala (muy parecido a lo que Lemus quiere hacer hoy con el nuevo acueducto: los genes y las prácticas son las mismas) (Sánchez García, Juan Hugo, En búsqueda de una ciudad higiénica: obra pública y desarrollo urbano. Guadalajara, México, 1890-1912, https://repositorio.furg.br/server/api/core/bitstreams/de9cfb25-05bb-4ee5-a55d-5885d743d706/content).
Lo curioso y, como dato importante, es que el río fue entubado por la fuerte contaminación, malos olores y los problemas de salud pública por usarse como drenaje abierto, justamente algo parecido a lo que se quejan las personas con el agua que reciben en casa por las redes del SIAPA.
El agua, en tanto, es un problema añejo en Guadalajara y que nació bajo una evidente diferencia entre los que vivían del río para allá (al oriente), en su mayoría de origen indígena, y quienes vivían del río para acá (el poniente), preferentemente población de origen español y con recursos de sobra. En la actualidad, la mejor calidad del agua se concentra al norponiente de la ciudad, sobre todo en las colonias de la denominada zona dorada del municipio de Zapopan, y cuya afluente de agua que llega a sus casas proviene de pozos profundos cuyo tratamiento es mínimo; sin embargo, la mayoría de hogares de la zona metropolitana recibe agua tratada del Lago de Chapala, lo cual sigue siendo un tema clasista. (Una pregunta: ¿de dónde recibe agua Casa Jalisco? ¿Acaso de la misma de la que se quejan los ciudadanos todos los días?).
Lo que viene sucediendo en Guadalajara las últimas semanas da cuenta de un hartazgo de las personas con relación a la calidad de agua que llega a sus hogares, lo cual, al ser un derecho humano, trastoca las fibras más sensibles y no se puede mantener pasivo ante ello. Sabemos que no es una guerra (aunque el gobierno del estado encabezado por Pablo Lemus a ello ha querido llevar el problema); el tema es que hagan lo que tengan que hacer (menos endeudar a Jalisco con capitales privados) para limpiar el agua y que ésta llegue a los hogares para usarla sin que merme su economía y salud.
Otro tema toral (y quizás sea parte del problema) es que el 1.1 de la población tiene los derechos de una quinta parte del agua limpia en México (Coca Cola, Grupo Lala, las cerveceras, Berrymex, Kimberly-Clark, Banco Azteca, FEMSA, Bachoco, Herdez, Grupo México, GoldCorp, entre otros), cuyo uso es para fines eminentemente lucrativos y no habitacionales (Sin embargo, 14 dic. 2020). Lo cual debe ser materia de revisión y reconsideración por parte del gobierno federal.
Hoy en día el agua ya no se cobra por mercedes, hoy es por metros cúbicos, cuya tarifa básica (en el caso del SIAPA) es de $83.67 pesos mensuales y abarca de 0 a 5 metros cúbicos (hasta 5000 litros), lo cual dista de lo que era una merced, esta última quizás agua pura y que equivalía a 67.50 litros, un poco más de 3 garrafones; en cambio, los 5000 litros, por las quejas, a lo sumo sirven para regar un arbolado inexistente en la mayoría de colonias de la ciudad.
Lo sucedido el domingo pasado, con 10 mil personas marchando del Parque Rojo a la Plaza de Armas, dio muestras de dos cosas: por un lado, un orden y una exigencia legítima por una mejor calidad del agua y, por otro lado, una actitud pasiva de un gobierno sin gobernanza para evitar que una minoría oportunista quisiera y quiso boicotear una demanda legítima, a tal grado que lo lograron. Ese mismo día y hasta el día de hoy se habla de los desmanes de un grupo (de los cuales hay videos donde la policía de Guadalajara los recibe cuando bajan de los camiones con palos y demás, https://www.facebook.com/reel/943462441837156, https://www.facebook.com/reel/915173524860672, https://www.facebook.com/reel/2986461918369152) plenamente identificado y ubicado tanto en el Parque Rojo como en la Plaza de Armas y sin que nadie hiciera nada para evitar lo que finalmente hicieron: reventar una demanda ciudadana y, de paso, vacunar a las personas para que en Jalisco no se proteste o se hagan marchas en contra de un gobierno frívolo, poco empático con las necesidades de la ciudadanía y presto a cualquier intromisión de empresas privadas y endeudamientos eternos con grandes beneficios a particulares. Así de triste y real es este gobierno Al estilo Jalisco.
*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com
Excelente ejercicio de historiografía para confirmar la máxima: “pueblo que no conoce su historia está condenado a padecer los mismos males”.
Muy buen artículo, sobre la coyuntura actual del área metropolitana ..