Dinámica educativa ficticia

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Pragmatismo, utilitarismo, egoísmos, narcisismo y todo aderezado con cuidado del medio ambiente, preocupación por el planeta, exigencia de derechos y absurdos contra lo que realmente es diverso y la vida misma; así se está configurando la cultura del exterminio.
En las aulas no se quiere hablar de ello porque quizá nosotros mismos hemos sido formados bajo esos preceptos de la “nueva cultura” y por ello lo vemos bien. Quizá todo comenzó con una frase inofensiva que al paso de los años se tornó obligación bajo amenaza de sanciones desde la misma Secretaría: evaluar el esfuerzo, acompañada de su contraparte <>.
El esfuerzo sin duda es valioso, pero cuando no resulta en su correspondencia fuera de la persona… ¿Qué tan valioso será? Sobre todo, cuando la persona no tiene ninguna discapacidad, bueno, que sea realmente una discapacidad.
La voluntad, junto con otras facultades humanas, fue cayendo en desuso poco a poco, nubladas por ese tipo de frases “ingenuas”, acompañadas de todo un soporte estructural; por ejemplo, en nuestro país, en la década de los noventa, lo usual era, ante malas conductas… perdón, conductas disruptivas, realizar un acuerdo escrito donde el estudiante se comprometía a modificarlas.
Ese documento la mayor de las veces era obsoleto… por no decir que no servía para nada. Así, el deterioro de la educación-formación fue paulatino en nuestro país, a la par de la eliminación de la reprobación y la eliminación de procesos de selección, donde todos merecen todo… claro, pero sin esfuerzo alguno.
Ahora el derecho a la educación se interpreta como la obligación de dar, incluso a quien no lo quiere, pero que lo exige y se convierte en una escalera de grados académicos vacíos, de credenciales ostentosas, pero huecas, cubrir niveles educativos por cubrirlos, de forma inercial para cumplir con requisitos de forma y no de fondo.
Esos requisitos son exigidos no sólo a las personas, sino a los países, esgrimiéndose frases como “a mayor grado académico, mayor desarrollo del país”. ¿De qué sirven grados académicos si muchos de ellos resultan de papel?
Actualmente se tienen estudiantes con niveles cubiertos hasta media superior, pero ¿ello equivale a ser un bachiller como en la época porfiriana? Se tiene profesionistas con doctorados que no reditúan en el desarrollo de los campos del conocimiento, pero sí en el negocio de congresos, estados del conocimiento y otras cortinas de humo apuntaladas únicamente con recursos financieros elevados para dar la apariencia de impactos que no son tales.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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