Los profes del fútbol, cuando el juego se vuelve vida
Graciela Soto Martínez*
Estamos en la cuenta regresiva para la gran fiesta deportiva del fútbol, el Mundial. Mis primeros recuerdos de una competencia así fueron en una escuela secundaria, en la que llevaron una televisión y ahí fuimos espectadores de partidos en los que jugó México; eran transmitidos por televisión nacional. Mis compañeros vivían cada momento con gran pasión. México vuelve a ser sede y lo que se viva como parte de este evento será memorable.
Así como en educación pública tenemos grandes maestras y maestros, en el fútbol hay gente que enseña el balompié, la cual no sólo transmite los trucos para patear la pelota; es todo un sistema de juego y de cancha, con sus reglas y principios. Por ello, si un profesor es el coach, su aula es una cancha y cada partido una clase.
Hay que reconocer a los “profes” del fútbol, que en este caso son los entrenadores y directores técnicos, que hacen lo que pueden con lo que tienen, que dibujan posiciones y hacen que jueguen en una de ellas; son conocedores de la disciplina y el entrenamiento como claves para desarrollar las habilidades físicas y emocionales.
México es un país que ama el fútbol, también nuestro estado de Jalisco, con varios equipos en ligas profesionales. Podemos afirmar que en cada ciudad, pueblito y rancho se vive la pasión del fútbol; el mundo se detiene cuando hay partidos de liguilla, los clásicos abarrotan los estadios y es difícil conseguir un boleto, que sube su valor. Las idas al estadio son parte de los recuerdos que se tienen: cuándo fuiste, quién jugaba y con quién ibas.
Pero el fútbol no sólo se ve, también se practica; hay escuelas de fútbol por todos lados y ligas de todas las edades. Las familias apoyan este deporte. Los niños y niñas desde la infancia respiran el fútbol, lo ven en las pantallas como si fuera un ritual, saben gritar las porras y los goles, conocen a los goleadores y defensas como si fueran estrellas de cine; se vive el culto como espectadores, se toma partido de acuerdo a las tradiciones familiares; así los equipos tienen sus adeptos como si fuera una religión a la que practican con devoción. El fútbol fue asociado más al género masculino, históricamente, aunque esto está cambiando. Por ello, muchos regalos que los niños recibieron en algún momento fueron balones de futbol soccer.
Hay maestros del fútbol en cada liga, en todas las categorías, de todas las edades, ahora también en las ligas femeniles. Los niños y niñas no sólo hacen deporte, sueñan con pertenecer; sus padres aficionados los llevan y los traen a sus entrenamientos, se comprometen con ellos en los partidos de la liga, les pagan el arbitraje y los uniformes, así una y otra vez mientras van creciendo y cambiando de aficiones. Estos maestros del balón, muchos sin pago, ayudan para que estos niños y jóvenes se alejen del mundo de las pandillas y las drogas.
Tal vez estos jugadores de escuela, calle o partido de fin de semana no lleguen a profesionales, pero tiene su valor que practiquen un deporte, que dediquen momentos al “juego” cuando la vida misma nos asfixia con las dinámicas cotidianas. “Meter gol” es acertar en otra cancha, es llegar a otra portería a pesar de las defensas y el portero; no lo logran solos, son 11 en la cancha; sin embargo, hay muchos más en juego.
Los jugadores tienen sus historias; muchos de ellos fueron niños que desarrollaron sus primeros partidos en la calle, con sus amigos, después en las ligas infantiles o juveniles. Ciertamente, el fútbol profesional es selectivo y es un campo que tiene sus propias dinámicas, pero ello no quita que quien logra destacar ha recorrido un largo y difícil camino. Cuando se habla de los grandes sueldos de unos pocos, no se habla de su corta carrera porque es el cuerpo que cobra en sus articulaciones este ritmo incesante, de las lesiones que acaban una carrera deportiva que era prometedora.
En un país futbolero, muchos jugadores se convirtieron en entrenadores en algún momento de la carrera profesional; poseen un estilo que contagia y define la forma en que se enfrentan en la cancha, que es el cuaderno donde se escribe a golpes de balón cada partido, corriendo de un lado a otro, marcando al contrario, a patadas, a tiros de esquina, con faltas, tarjetas rojas y amarillas. El resultado es un marcador numérico, pero ahí se juega algo más que fútbol; en estos momentos hay vida y futuro en juego. Cada quien puede decir quién es su profe favorito, como Almeyda, el Tuca, Herrera, Milito, Joel Huiki, Rafa Márquez, Octavio Mora; en el ámbito internacional, Guardiola, Xavi Hernández, Zinedine Zidane, Ancelotti y muchos otros, de acuerdo al país y sus equipos.
Cuando no hay resultados, por ejemplo, que el equipo no califique, entonces se piensa en hacer renunciar al entrenador; a veces su contrato es a largo plazo, pero no hay mucha prórroga y los maestros del fútbol van y vienen entre los equipos buscando motivar e impulsar a los jugadores, dan oportunidades de brillar y en otras mandan a la banca a un gran jugador, porque no le vieron piernas de corredor, no sabía jugar en equipo, no se disciplinaba o cualquier otra percepción o hecho que se percataron.
Estos profes del futbol deben ser conscientes de educar no sólo las jugadas, sino también otros modelos sociales; ellos son ejemplos para las infancias, los jóvenes y también para toda la sociedad. Hay que cuidar los arranques de violencia que se exhiben cuando el marcador ya no les favorece, evitar los golpes destructivos en los otros jugadores y las expresiones que denuestan al contrario. Además, hay que desalentar la dupla futbol-alcohol porque el deporte no combina con las adicciones.
Hay quien tiene la visión de “al pueblo pan y circo”, pero desde antaño ya se practicaba este deporte europeo, promoviendo un espacio recreativo fuera de la fábrica y el campo. Los mayas, con su juego de pelota, enseñaban fuerza física y lucha del más fuerte, competencia y sobrevivencia. Cada cultura le da un valor a sus deportes o entretenimiento; claro que queremos que la prioridad sea la educación y el pensamiento crítico, que se priorice el presupuesto para lo más importante; sin embargo, el momento histórico social es que el 11 de junio se inaugura el Mundial en México, EEUU y Canadá. En estos territorios serán puestas las miradas del mundo.
Este Mundial de Fútbol 2026 hay que vivirlo desde otra perspectiva, como una fiesta del encuentro, como algo inédito que está ocurriendo en nuestra ciudad, con lo que han costado sus arreglos en las vialidades, plazas, accesos, con el uso de un presupuesto que podría utilizarse en necesidades urgentes, así que alistémonos, que sólo faltan 4 días para el Mundial.
Doctora en Educación. Jefa de Sector Federal Preescolar. meipe1gsm@gmail.com
Grace
Como siempre, su escritura es muy cálida y profunda, en este caso lo que expresa va mucho más allá del juego porque logra conectar el fútbol con la educación, los valores y la vida cotidiana de una forma muy cercana y emotiva. Destaca muy bien el papel fundamental de los “profes” que forman personas, no solo jugadores. Es un texto que invita a ver este Mundial no solo como fiesta, sino como oportunidad de encuentro. ¡Felicidades por esta hermosa reflexión!
Atentamente.