Orfandades

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

Apenas hace unos días, el festejo del Día de las Madres hizo sonar algunos mariachis, tríos, bandas y bocinas; el festejo fue ocasión para decorar de flores algunas mesas y poblar de platillos tradicionales algunos hogares mexicanos; las escobas en movimiento y los jarrones de flores, lágrimas, sollozos y recuerdos, se vivieron por los huérfanos en algunos cementerios.
Celebrar el Día de la Madre es ya una tradición en rancherías, pueblos y ciudades. Celebrar a las madres vivas y recordar a las madres ausentes conmueve los sentimientos más diversos.
En la madre se encuentra el bastón psicológico, rutas y direcciones del mapa de la personalidad y algunas respuestas centrales que definen.
Para las niñas y niños que asisten a la educación básica, el acompañamiento afectivo y cognitivo de la madre es un factor importante; por eso los festivales vibran y los docentes lanzan la botella mensajera al mar en los entornos escolares.
Con toda la intencionalidad de control político de la mujer que subyace al inicio de la festividad en 1922 (SEP-José Vasconcelos, Iglesia católica), como todos los años, la condición pasajera del día es la realidad después. El día 11 de mayo y subsecuentes son días sin madre dicha ni cantada.
El contrato socioafectivo en las familias y el reforzamiento de la autoridad materna puede haber sucedido como consecuencia del festejo; aunque pasa a veces que los afectos y emociones duran menos que un carbón encendido después de asar las carnes, cebollas y elotes.
Las flores están marchitas, regalos apilados, tarjetas y mensajes ya están archivados. Tres días después del festejo queda el gasto, las lecturas ampliadas del encuentro, queda el silencio y el recuerdo de un día extraordinario para algunos, ordinario e intrascendente para otros.
Para aquellos que por orfandad han celebrado a la madre desde el recuerdo o para los que por pérdida temprana no la tienen, es tiempo de volver a la vida cotidiana con esa particularidad emocional.
Parece haber consenso en que la presencia o ausencia de la madre impacta la salud emocional y psicológica de los seres humanos; en las infancias lo es de manera visible, aunque los huérfanos de la guerra que atendió el profesor Reuven Feuerstein (por cierto, el 29 de abril recordamos un aniversario más de su fallecimiento) son biografías que ilustran cierto grado de prescindibilidad de la madre.
Apunte al margen: El Profr. Feuerstein centró la investigación en su interés por ver cómo niños y jóvenes etiquetados como ineducables, con bajo rendimiento, en ciertos casos extremadamente bajos, logran ser capaces de mejorar mediante el desarrollo de procesos cognitivos, logran así adaptarse mejor a las exigencias de la sociedad.
En el comportamiento escolar y social de los niños y niñas mexicanos es visible; la variable se correlaciona con la calidad de los aprendizajes y explícitamente con el sano desarrollo en la dimensión socioemocional. No existen muchos estudios en el contexto nacional y local acerca del real impacto que tiene la presencia de la figura materna en el desempeño escolar, pero hay algunos observables empíricos de los educadores. Tampoco es visible una propuesta pedagógica institucional que cubra esta carencia, aunque maestras y maestros subsanan parcialmente. Más aún, muchas veces es una variable invisibilizada o poco significada en la información inicial de inscripción del educando. Un dato que es relevante como característica de insumo de los procesos de aprendizaje aparece poco analizado en diagnósticos y lectura de la realidad.
La escuela para madres y padres que han emprendido desde las administraciones conservadoras estados como Jalisco (con sus obstáculos epistemológicos a la NEM y arranques de autoritarismo y federalismo mal entendido) está ausente de base empírica de lo que realmente ilustra y significa la maternidad y las paternidades desde el acompañamiento educativo deseable.
La escuela para madres y padres, de valores de clase media y de manuales psicologistas de escritorio, difícilmente construye propuestas sobre las condiciones reales en las que devienen las biografías de los escolares excluidos en los entornos pauperizados económicamente, perfil dominante en la familia jalisciense y mexicana que asiste a la escuela pública.
La ausencia de la madre impacta el deseable desarrollo infantil y, por ende, el desenvolvimiento del sujeto en las tareas de aprendizaje. La orfandad real o por ausentismo de la madre dificulta el sano crecimiento en los procesos cognitivos. Niños sin madre y escuelas sin pedagogía para este tipo de niños hacen un círculo vicioso que limita calidad y adaptación.
Desde las facultades de Psicología oficiales y privadas hay algunos acercamientos a la caracterización de la problemática, aunque muchos de sus trabajos (a veces endogámicos y como ofrenda de papel a los rituales de titulación) no trascienden las sinodalias de las cuatro paredes de sus aulas.
En una experiencia formativa narrada por una psicóloga en su práctica profesional en la casa hogar Cabañas, hace ya algunos años, describe el caso de un niño llamado Marcos, quien había sufrido cinco rupturas de cráneo por golpes propinados por la madre y que, pese a los hechos, para ese niño, el ser más querido era su madre agresora, obviamente expresado en las limitaciones de su lenguaje. Esa psicóloga educativa concluía en su narrativa que en ningún lado se manifiesta tanto el valor de una madre como en un orfanato.
La orfandad es ausencia de madre y, en mínimo de análisis circular, debiéramos conceptualizar la orfandad inversa, esto es, la ausencia de hijo o hija que también genera un conjunto de sentimientos en las progenitoras, celebradas de manera ruidosa y exhibicionista por algunos el 10 de mayo.
Lo cierto es que sin las madres y su rol afectivo y educador no hay pronóstico de patria incluyente y abrigadora.
La lucha difícil que viven las madres buscadoras de sus hijos e hijas desaparecidos(as) y los cauces institucionales ineficaces, evasivos y silentes, la vida cotidiana de sociedad y gobierno de Jalisco celebrante del pase de Las Chivas a semifinales, sociedad civil que usa baja calidad de agua potable y gobernanza antimorenista esquizoide; de cámara, foto y vídeo, magra en la visión de las rupturas del tejido social y la fracturación de la convivencia. El inconmensurable dolor que albergan las madres buscadoras y la esperanza inextinguible que las mueve.
La orfandad, el abandono y el ausentismo de la madre como contexto social de fuertes implicaciones para el proyecto educativo de las infancias y adolescencias.

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comments
  • Maria Catalina González Pérez
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    Reconocimiento para las madres buscadoras, que hasta muy debajo de las piedas, con sus propias manos mueven y sacuden la tierra con la esperanza de encontrar a sus hijos e hijas. Cuando podamos, ayudar con algo sería un modo de no ser cómplices de lo atroz.

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