Móviles

 In Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

La donna è mobile

qual piuma al vento

Muta d’accento

E di pensiero

È sempre misero chi a lei s’affida

Chi le confida mal cauto il cuore!

Pur mai non sentesi felice appieno

Chi su quel seno non liba amore!

Giuseppe Verdi-“Rigoletto” (1851)

 

Ya sabemos que nunca nos bañamos en el mismo río, aunque estemos quietos, por el movimiento del agua. Hasta en la astrología se habla de signos del zodiaco “mutables” (además de los “cardinales” y los “fijos”, que completan los tres conjuntos de cuatro signos para el ciclo anual). La verdad es que, por más que se nos enseñó desde la más elemental educación escolar que los humanos dejaron de ser nómadas para convertirse en sedentarios, tampoco es que estemos muy a nuestras anchas en un mismo lugar. Se nos hace larga la espera para salir del lugar en el que estamos. La verdad es que los humanos seguimos siendo nómadas, pero preferimos hacer muchos de nuestros movimientos sentaditos. En realidad, los músculos de los glúteos o nalgas, que algunos llaman sentaderas, están implicados en el movimiento de nuestros cuerpos. No sólo nos atraen la admiración o el rechazo de quienes nos miran esa parte, sino que cumplen una función motriz. Ese potencial atractivo que sirve de amortiguación al sentarse nos ayuda a darnos cuenta de cómo envejecemos, pues mientras más años, más mulliditos queremos que sean nuestros traslados. Ya sea sobre un sillón de tren, de avión, de autobús, de coche y hasta en el asiento de la bicicleta, o en las suelas de nuestros zapatos, nos hemos acostumbrado a poner distancia entre las irregularidades del suelo y la vibración provocada por el traslado.

Ahora, en el contexto del cierre del estrecho de Ormuz en el conflicto que dice Trump que no es guerra, nos han llegado más noticias acerca del aumento del costo del petróleo y nos hemos preocupado porque ahora será más costoso trasladarnos de un lugar a otro. No sólo aumentarán los costos de mantenimiento y de surtido de combustible de los coches, sino también de las calles y carreteras y de todo lo que se mueve por cielo, tierra y mar. Lo que no significa que seremos menos propensos a movernos, ni siquiera más racionales en la planeación de nuestros viajes, aunque sería deseable administrar mejor los recursos destinados a la movilidad. En algunos centros universitarios, haya conflictos internacionales o no, han decidido agrupar los cursos en unos cuantos días, para reducir la cantidad de traslados que el personal y, especialmente los estudiantes, han de realizar para atender sus actividades académicas.

En nuestras ciudades estamos ya acostumbrados a que haya unos días de mayor movilidad (los viernes suelen ser terribles en comparación con los miércoles) y en nuestras escuelas a horarios de mayor alboroto y movimiento en los pasillos. Los esfuerzos para llegar hasta esos espacios pueden variar, aunque hay algunos traslados que estorban a otros: los muchos coches con pocos pasajeros estorban a las pocas unidades de transporte colectivo que trasladan a un número considerable de pasajeros. Lo sabemos, pero parece que los habitantes urbanos no están muy dispuestos a cooperar reduciendo el número de vehículos particulares para beneficiar a los pasajeros de los vehículos colectivos.

Aparte de las preocupaciones por llegar a la hora convenida de las actividades en nuestro destino, o a tiempo para descansar algunas horas antes de reiniciar las rutinas de los días de trabajo o las posibilidades de esparcimiento en los días de descanso, solemos asociar la movilidad con las inquietudes por saber si, de plano, lograremos llegar, si funcionará el medio de transporte que utilizamos (autobús, automóvil, motocicleta o bicicleta) o si nuestros cuerpos aguantarán los traslados a pie durante una parte o la totalidad del viaje. Una de nuestras preocupaciones es que no se susciten encontronazos, asaltos, ataques en esos viajes. Así, respecto a la posibilidad de accidentes y morbimortalidad, nos enteramos de que el 1% de los incidentes derivaron en muertes de personas a fines de la década pasada. Los días más tranquilos en las ciudades son los más peligrosos en cuanto a los accidentes: Los días que comprenden el fin de semana presentan la mayor cantidad de las víctimas mortales y lesionadas. Estos tres días concentran más de la mitad (55.1%) de las víctimas que fallecen en el lugar del accidente y el 48.2% de víctimas lesionadas. En domingo se registran el 23.3% de las víctimas muertas y el 17.6% de los lesionados. En segundo lugar, está el sábado con una participación de 18.5% de fallecidode heridos4% heridos y, en tercer lugar, el viernes con 13.3% de fallecidos y 14.2% de heridos”, señala un comunicado de 2018 elaborado por INEGI (https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2018/trafico2018_Nal.pdf). Para el caso de Jalisco, se han reportado tasas a la baja en cuanto a fatalidades asociadas con la movilidad en 2026: “En 2024 se registraron 38 decesos por incidentes relacionados con el transporte público, mientras que en 2025 la cifra descendió a 30 fallecimientos, lo que representa una reducción del 21%; en los primeros tres meses de 2026 se contabilizaron cinco muertes vinculadas a percances con unidades del transporte público, mientras que en 2025 la cifra fue de 11 decesos en el mismo lapso” (https://oem.com.mx/eloccidental/local/baja-mortalidad-en-accidentes-relacionados-con-el-transporte-publico-durante-2026-setran-29297581).

Hay otras mudanzas que nos inquietan en nuestras vidas. Pues cambiamos de lugar y de parecer con frecuencia, como se expresa en el dicho “ya comí, ya bebí, ya no estoy a gusto aquí”, o en los traslados que realizamos para alejarnos de nuestros agobiantes lugares o ambientes de trabajo. Las estrategias de movilidad para llegar a las escuelas y a los trabajos suelen variar, como muestra el rango de experiencias de los estudiantes y docentes que se mueven a las escuelas y de regreso a sus hogares familiares o estudiantiles a lo largo de la semana.

Entre los conceptos asociados a la movilidad se encuentran los de las personas que logran cambiar de percentil en las tablas de ingresos. La movilidad social ascendente es anhelada, mientras que la descendente es temida. Lo vemos incluso en personas y grupos que han acumulado grandes riquezas materiales, recursos financieros, tierras y vínculos políticos. Hasta podríamos pensar que tal acumulación de recursos que podrían durar varias generaciones se asocia con la angustia de, algún día, descender en la pirámide de las clases sociales.

Ya que menciono los ascensos, se ha vuelto una noticia frecuente que los elevadores (dicen los chistes de gallegos que ellos bajan las escaleras a pie porque todavía no se inventan los descensores) en algunos edificios públicos, en estaciones de autobuses con carriles confinados del sistema mi-macro, en los hospitales (en especial los del IMSS) y en algunos edificios universitarios se atoren o hasta se caigan dentro de sus túneles de funcionamiento.

Hay otra noción de movilidad que se ha vuelto una preocupación en nuestras ciudades. Desde dónde salen o a dónde entran nuevos grupos poblacionales de distintos orígenes y grupos etarios. Por ejemplo, en un estudio reciente, se encontró que la ciudad de Guadalajara se ha despoblado y los cambios de residencia pueden llamarse también “migraciones”, aunque se realicen dentro de la misma área urbana (http://ladupo.igg.unam.mx/sem_rideal2023/Ponencias/Dia_3/Panel_8/Luis_Fernando_Alvarez.pdf). Estas migraciones responden a factores como los cambios en nuestras actividades profesionales y laborales, en la concentración de nuestro tiempo según nuestras edades y hasta las etapas de la vida familiar. Lo que lleva también a la noción de la movilidad entendida como migración interna e internacional y a la nada como da situación de estar “atrapados en la movilidad”, de la que nos hemos enterado que afecta a personas que tenían como destino (principalmente) Estados Unidos, y que acabaron atrapadas en los lugares que se consideraban, por las personas en movilidad y por los estudiosos, como simples espacios de paso.

Por otra parte, cabe afirmar que non soltanto le donne. Anche gli uomini siamo mobile, pues, como escribió Agustín de Hipona (354-430), “in tanta mutabilitate rerum humanarum, ningún pueblo tuvo tal seguridad que se viera libre de ataques funestos a su vida” (Ciudad de Dios XVII, 13, citado por Julius Kakarieka Siliute, s.f.) en el contexto de la discusión de las guerras justas. Esta mutabilidad, que fue con lo que empezamos al citar la canción de “Rigoletto”, se debe a que también esa movilidad de ánimos es frecuente en nuestra especie humana. “Así, mientras proseguimos nuestro peregrinaje en este saeculum, debemos estar dispuestos a afrontar guerras y otro tipo de violencia”, añade Kakarieka.

Por último, ahora que estamos por recibir a varios miles de visitantes en nuestras ciudades, atraídos por los espectáculos del deporte de las patadas a un balón y del que saldrá coronado (o, literalmente, “copado”) un equipo campeón, hay quienes han señalado que, aunque habrá una derrama económica por quienes se mueven a nuestras ciudades para venir a ver cómo los jugadores mueven los balones en las canchas, pocos serán los beneficios para los habitantes sedentarios y móviles de las ciudades mexicanas. No sólo eso, sino que la gobernadora de la Ciudad de México ha sugerido que los habitantes de esas ciudades “mundialistas” (¿listas para un torneo de futbol mundial?) mejor ni nos movamos, porque estorbaremos a quienes sí tienen el interés y los dineros para comprar boletos y entrar a los estadios (https://www.facebook.com/share/p/1GkWsgXTXc/). La idea, según colijo, es que las poblaciones locales nos quedemos en casa, hagamos “home office” o “home schooling” y que dejemos las aulas libres para poder contemplar y dejar ver los partidos del deporte regulado por los ingleses a mediados del siglo XIX, específicamente con el código de Cambridge en 1863. La actual Federación Internacional de Futbol Asociación, fundada en 1904, vendrá a controlar buena parte de la movilidad en nuestras ciudades a partir del 11 de junio de este año. Los equipos de México y de Sudáfrica comenzarán a mover el balón para que los aficionados muevan las miradas, se muevan millones de dólares y euros, y se tornen difíciles de transitar las ciudades en donde se ubican los estadios del juego de las patadas.

 

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

Comments
  • Belen s.
    Responder

    Wow que interesante como la palabra “movimiento” puede abarcar tantos conceptos y significados diferentes. La gente que dice los comentarios de “si no pueden pagar mejor quédense en sus casas para no estorbar” es muy grosera.

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search