Vida universitaria
Carlos Arturo Espadas Interián*
La vida universitaria se construye, reconstruye y puede transformarse todos los días. Sus componentes académicos, culturales, sociales, políticos, humanos –que no humanistas–, entre otros, embonan con sustratos antropológicos, filosóficos, sociológicos y demás, que se amalgaman en una visión de mundo que puede parecer coherente y congruente, pero que, al mirarla de cerca, se descubren inconsistencias, contradicciones…
Así, la vida universitaria es el crisol donde la comunidad universitaria se expresa, manifiesta y, por tanto, forma parte de un termómetro institucional, social, cultural y civilizatorio. Así, cuando en 1972 Salvador Allende refería: “(…) ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica (…)”, dibujaba en enunciado breve la naturaleza de energía, cambio y transformación, la juventud como factor catalizador.
La universidad atiende, en su mayoría, a jóvenes; así, cuando en una universidad esos jóvenes se organizan, trabajan y generan producción de índole diversa, desde una plataforma formativa sólida y compromiso político-social-antropológico-cultural desde donde actúan, la universidad vibra, enriquece, impacta… se puede decir que está viva.
Cuando la juventud calla –junto con sus catedráticos–, se mantienen inmóviles, se desconocen como grupo histórico, se convierten en parte de la estructura –voluntaria o involuntariamente– de sometimiento y dominación; se puede decir que junto con ellos, la universidad ha muerto.
Cuando ello sucede, la necrosis no se encapsula en la universidad, se propaga a los centros de trabajo, sociedad, cultura y civilización en general. El actuar del ser humano es consecuencia y producto, receptor y motor, inhibidor o enzima; por ello, la interdependencia. Si la universidad muere, la civilización lo hace con ella.
La cuestión de saber si la universidad está viva o muerta puede ser observada desde la forma en que se configuran: la gobernanza, funcionamiento de estructuras de vida institucional, iniciativas que nacen al margen de funciones y compromisos establecidos, identidad universitaria, discursos y mundo institucional que expresan… entre otros.
Para mantener viva la universidad, el profesorado es importante, pero la juventud, el estudiantado, es crucial e indispensable; por ello hay que escucharlos, con escucha de compromiso, entrega y atención, no únicamente una escucha protocolaria que los maree y que al final no genere configuraciones distintas de lo que se venía realizando, es decir, la demagogia, fórmulas psicológicas, estrategias de desgaste y otras más no contribuyen a una vida universitaria.
Es decir, lo que no dignifica, promueve justicia y transforma no es vida universitaria, es letargo, muerte conformista y acomodaticia que aparenta, pero las apariencias son como la escenografía que proyecta entornos falsos que se descubren, aunque no tan fácilmente; por ello habrá que tener cuidado al decidir si nuestra universidad está realmente viva.
*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com