Acompañar a los maestros, experiencia desde la función directiva
Eric Lepe Amador*
Desde mi función como director de educación primaria, he tenido la oportunidad de trabajar con directores ya jubilados, como los maestros Horacio Gallardo Tujillo, Guadalupe Michel Estrella y Emiliano Pérez Sandoval, de los cuales aprendí que uno de los mayores retos en las escuelas no es únicamente la planeación o la evaluación, sino el seguimiento sistemático y humano de la práctica docente. A lo largo de varios ciclos escolares he observado que cuando el acompañamiento se concibe como un proceso formativo y no como un acto de supervisión punitiva, los resultados en el aula y en el clima escolar se fortalecen de manera significativa.
La presente experiencia surge desde cuando fui docente frente a grupo durante 16 años, 10 en escuelas públicas y 6 en escuelas privadas, aunque principalmente en 2 escuelas primarias vespertinas donde he realizado la función directiva como titular, la Escuela Primaria “Profesor Fernando A. Ramírez” de la zona 167 y la Escuela Primaria “Ricardo Flores Magón” de la zona 102, y a partir de la necesidad de atender diversas áreas de oportunidad detectadas mediante el análisis de resultados de evaluación diagnóstica, observaciones de clase y diálogos pedagógicos con las y los docentes. Estas áreas se relacionaban principalmente con la atención a la diversidad, el uso de estrategias didácticas diferenciadas y la evaluación formativa. Ante este panorama se diseñó e implementó una estrategia de seguimiento, asesoramiento y acompañamiento docente, sustentada en los principios de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y en documentos normativos vigentes de la Secretaría de Educación Pública (SEP), uno de ellos el SAAE.
La estrategia tuvo como propósito central fortalecer la práctica docente mediante un proceso continuo de reflexión, asesoría pedagógica y retroalimentación oportuna, colocando al docente como protagonista de su propio desarrollo profesional. Para ello, se partió del Acuerdo 14/08/22, por el que se establece el Plan de Estudios para la Educación Preescolar, Primaria y Secundaria, que enfatiza la importancia del trabajo colegiado, la evaluación formativa y la mejora continua de la práctica educativa.
En una primera etapa se realizó un diagnóstico integral de la escuela. Este diagnóstico no se limitó a resultados académicos, sino que incluyó la revisión de planeaciones didácticas, instrumentos de evaluación, cuadernos de las y los alumnos, así como entrevistas informales con docentes y alumnos. Este proceso permitió identificar fortalezas, necesidades y estilos de enseñanza, elementos indispensables para ofrecer un acompañamiento pertinente y contextualizado.
Posteriormente, se estableció un plan de acompañamiento docente, el cual fue socializado y consensuado en sesión de Consejo Técnico Escolar (CTE), atendiendo a lo señalado en los Lineamientos para la organización y funcionamiento de los CTE. En este espacio colegiado se definieron acuerdos claros, tiempos, responsables y formas de seguimiento, privilegiando siempre el respeto, la confianza y la colaboración.
El acompañamiento se desarrolló a través de diversas acciones. Una de las principales fue la observación de clase con enfoque formativo. Estas observaciones se realizaron previo acuerdo con el docente, estableciendo el propósito de la visita y los aspectos a observar. Posteriormente, se llevaba a cabo una sesión de retroalimentación, donde se reconocían los aciertos y se analizaban de manera conjunta las áreas de mejora, proponiendo estrategias concretas y viables para su implementación.
Otra acción relevante fue la asesoría pedagógica individual y colectiva. En las asesorías individuales se atendían necesidades específicas del docente, mientras que en las colectivas se abordaban temas comunes detectados en el diagnóstico, como la diversificación de estrategias didácticas, el diseño de instrumentos de evaluación formativa y la atención a alumnos con rezago educativo. Estas asesorías se apoyaron en materiales oficiales de la SEP, así como en experiencias exitosas compartidas por los propios docentes.
Asimismo se promovió el acompañamiento entre pares, fomentando comunidades de aprendizaje docente. Esta acción permitió que las y los maestros observaran prácticas de otros compañeros, intercambiaran experiencias y construyeran saberes de manera colaborativa, fortaleciendo el sentido de pertenencia y corresponsabilidad.
El seguimiento de la estrategia se realizó de manera sistemática mediante registros de observación, bitácoras de acompañamiento y reuniones periódicas de análisis. Estos instrumentos permitieron valorar avances, realizar ajustes oportunos y tomar decisiones informadas, en congruencia con el enfoque de mejora continua que promueve la normatividad educativa vigente.
Como director, asumí un rol de liderazgo pedagógico, orientado a generar condiciones para el aprendizaje y el desarrollo profesional del colectivo docente. Este liderazgo se sustentó en la escucha activa, el diálogo respetuoso y la toma de decisiones compartidas, reconociendo que la mejora de la escuela es una tarea colectiva.
Los resultados de la estrategia fueron visibles tanto en la práctica docente como en el aprendizaje de los alumnos. Se observó una mayor diversidad de estrategias didácticas, un uso más consciente de la evaluación formativa y una actitud más reflexiva por parte de las y los docentes. De igual manera, se fortaleció el clima laboral y la colaboración entre el personal.
En conclusión, la implementación de una estrategia de seguimiento y acompañamiento docente desde la función directiva permite constatar que la transformación educativa no se produce a partir de acciones aisladas o prescriptivas, sino mediante procesos sistemáticos de acompañamiento profesional, basados en la cercanía pedagógica, el respeto a la autonomía docente y la reflexión compartida sobre la práctica. Esta experiencia confirma que el liderazgo directivo adquiere sentido cuando se orienta al fortalecimiento de las capacidades pedagógicas del colectivo escolar y a la construcción de una cultura de mejora continua.
En este sentido, se recomienda que las estrategias de acompañamiento docente sean institucionalizadas como parte sustantiva de la gestión escolar, articuladas con los marcos normativos vigentes y, al mismo tiempo, contextualizadas a las realidades, necesidades y posibilidades de cada comunidad educativa. Asumir el acompañamiento como un eje permanente de la función directiva implica reconocer que acompañar no solo es supervisar o asesorar, sino educar en y para la práctica, promoviendo procesos formativos que impactan de manera directa en la calidad de los aprendizajes y en el desarrollo profesional docente.
Doctor en Educación. Director de la Escuela Ricardo Flores Magón, Zona escolar 102, sector 13 y asesor de la MEIPE, sede El Grullo. lepeamadoreric@gmail.com
Es interesante el enfoque del acompañamiento en la función directiva que se plantea, en dónde no se busca la supervisión con un acto positivo, si no como una oportunidad de apoyar con la experiencia y conocimientos a los docentes para que estos tengan mejores prácticas educativas. Dándole a esta observación un rasgo más humano y en un ambiente que favorezca el aprendizaje entre pares.
Tuve la oportunidad de colaborar durante la gestión directiva del Dr. Eric Leoe Amador, en la Escuela Primaria Fernando A. Ramírez, etapa en la que pude reconocer su compromiso con el fortalecimiento del trabajo pedagógico y la mejora continua del servicio educativo. Su liderazgo se distinguió por promover el trabajo colaborativo, la organización institucional y el acompañamiento cercano al personal docente, favoreciendo siempre un ambiente de respeto y crecimiento profesional.
En lo personal, su orientación y ejemplo representaron una experiencia formativa significativa, ya que impulso espacios de reflexión pedagógica y acciones centradas en el bienestar y aprendizaje de los alumnos. Considero que la trayectoria del Dr. Eric Lepe Amador es un referente de liderazgo educativo con sentido humano, responsabilidad y visión académica.