Significados de la Navidad

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

El nacimiento de un ser vivo es un proceso biológico que en general nos provoca sentimientos de alegría y ternura en nuestra condición de seres humanos sensibles; impulsa también, en lo general, un sentimiento protector y de expresión de un instinto primario gregario por naturaleza. El nacimiento es la suma de un miembro más de esa humanidad que ha reproducido geométricamente las capacidades para garantizar la sobrevivencia y aminorar el fatalismo malthusiano sobre la tasa de natalidad.
Nacimiento, natividad y navidad (aunque esta última cargada de significación cristiana) comparten orígenes etimológicos comunes con el acto de nacer.
En las biografías de hombres destacados y de aquellos ordinarios que no destacan, hay comúnmente un registro del día, hora y fecha de nacimiento, el acta de nacimiento o la boleta de registro; así lo consigna desde la constitución del registro civil desde el siglo XIX en el marco de las leyes de reforma (Benito Juárez, 1859).
En las iglesias y notarías parroquiales, católicas cristianas principalmente, hay también registros del día de nacimiento de las personas en las actas bautismales.
El momento de nacimiento es muy importante para muchos seres humanos, ahí las celebraciones de cumpleaños como parte de la memoria personal y colectiva familiar, ahí el espíritu festivo de la denominada “Nueva vuelta al sol” en cada onomástico.
Algunos hombres y mujeres, por sus aportes a la historia, la cultura y la ciencia universal, se han ganado el reconocimiento de muchas generaciones y su nacimiento se conmemora en la mentalidad colectiva. Algunos hombres y mujeres, conocido su desempeño, en contraparte, se han ganado el repudio social desde el momento mismo en que nacen.
Para la cultura occidental, el nacimiento de Cristo (sin acta de nacimiento ni acta bautismal que lo certifique) se sitúa convencionalmente para las diversas iglesias que profesan su credo el 25 de diciembre; es una figura simbólica de génesis en el imperio romano (Constantino, 1325, credo de Nicea) que en general también deriva en festividades, deriva en expresión de luces, sonidos y euforia colectiva y familiar por contagio.
Los nuevos y tradicionales celebrantes de la Navidad ya están a la espera de la Nochebuena, afinan sus sentidos y registros personales, movilizan sus sentimientos y significados por compartir.
Apunte documental aparte: la propuesta de que el nacimiento de Cristo sea considerado como el año 1 fue una propuesta de datación del monje Dionisio Exiguo en el año 525 d. C. Una propuesta popular y consolidada en el siglo XVII por el teólogo jesuita Dyonisius Petavius, un sistema que hoy se acepta como estándar global para algunos historiadores.
El antes y después de Cristo se convirtió en base de la periodización cronológica de la historia universal, de América y México, en algunas generaciones de libros de texto gratuitos y no gratuitos.
Celebrar el nacimiento de Cristo ha impulsado el potencial creativo; ahí los ejemplos universales del arte temático en pintura, música, arquitectura, poesía y literatura.
En el microcosmos e intimidad del hogar, la expresión artística se manifiesta en el decorado de arbolitos y nacimientos. Ahí las figuritas representativas, confección de manos mexicanas del arte en cerámica, vidrio y alfarería.
La Navidad ha potenciado también el desarrollo de la gastronomía propia del día y la temporada, ha refinado el gusto manifiesto en bebidas y repostería. La inspiración se expande y la inteligencia humana en su faceta creativa es admirable. Los consumidores siempre en expansión empujan el mercado.
Son muchos pueblos, naciones, iglesias, familias y personas que encuentran en la Navidad un motivo inspirador de paz, regocijo, nostalgia y alegría, entre otros sentimientos.
Pero también el simbolismo de la Navidad deriva en derrama; lleva paralelo un enfoque comercial y económico, un sesgo de consumismo de la más amplia gama de productos y servicios.
Para otros hay significación de tristeza, ausentismo, soledad y añoranza, la Navidad de los solos, de los acompañados, de los sanos, de los enfermos, de los niños, de los ancianos.
La agresividad característica del mundo empresarial dirigida a la infancia y población adulta a través de iconos como Santa Claus crea necesidades e inunda los medios tradicionales de radio y televisión para captar voluntades de compra.
La Navidad es también potencial de compra y exclusión social y de mercado.
No hay lugar para el descanso de oídos y ojos; la Navidad coloniza los sentidos y captura la atención voluntaria o involuntariamente.
La cima emocional, la evasión y la catarsis y el irremediable retorno a la estabilidad y realidad entrañan necesariamente ajuste emocional y psicológico.
Para algunos espíritus, la Navidad y sus efectos son aislamiento, abandono y finalmente desequilibrio de salud, muchas veces asintomático en la inmediatez.
La Navidad es también una fecha que nos divide entre consumidores compulsivos y no consumidores arrinconados y damnificados.
Un día después, los botes y bolsas de basura, los basureros, son muestrarios de las tendencias de consumo y los residuos de la gula ya no tan festivos. El hedonismo, la ocasión cíclica de fiesta y los excesos.
La Navidad es también juego y posibilidad de buenas lecturas, de disposición al diálogo y de narración en doble vía de cuentos y anécdotas, de compartir recuerdos y aventuras, de imaginar juntos y hacer narraciones conjuntas y familiares. Día de fotografías nuevas.
También en la Navidad jugar y aprender es posible, divertirse y aprovechar el tiempo para mejorar las relaciones humanas; conversar sobre los problemas, desencuentros, negociar y tomar acuerdos, asumir un rol activo en la práctica del perdón como crecimiento y reconocimiento empático del sentir del otro.
La cena navideña y la práctica del encuentro humano, la escucha activa y la regla difícil de silenciar celulares, la colaboración y valoración del otro, el cultivo de los nexos con la familia nuclear y la familia extendida.
La consolidación de una maternidad y paternidad centrada en el amor y no en los objetos materiales, regalos e intercambios de mutuo beneficio.
El respeto, la obediencia a las razones y argumentos, voltear la mirada hacia los lados y hacia arriba y abajo para tender puentes generacionales.
La Navidad y sus iconos invernales que nos convocan a la solidaridad internacional y calor colectivo; allende las fronteras nacionales, el lugar donde nace la tradición (Belén) en una Palestina flagelada por la guerra; muy dentro de nuestras fronteras la patria que debiera ser casa y hogar nutricio para todos, la necesaria solidaridad con los mexicanos víctimas de las políticas migratorias estadounidenses, la urgente política social con los niños sin Navidad que padecen hogares y entornos violentos y sí, porque no el desenmascaramiento y repudio de los falsos y malos políticos que medran con la distracción societal y brindan con champagne, risas hipócritas y dineros mal habidos por adornos navideños inflados presupuestalmente.

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

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