Violencia en escuelas

 en Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Datos mostrados por la UNESCO, dentro del “Plan Internacional estima que 246 millones de niños y adolescentes podrían ser víctimas de la violencia al interior y alrededor de sus escuelas.”
Los ámbitos geográficos de la violencia cuando se ejerce, no se circunscriben al perímetro de la escuela, se extienden hasta los hogares de estudiantes y profesores, sus familias, amigos y todo el entorno social e individual en el que los seres humanos existimos, hacia adentro y hacia afuera.
Tener esta visión, llama a los centros educativos del nivel que sean, a responsabilizarse de lo que pueda sucederle a su comunidad, sea dentro de la escuela, en el trayecto y en los espacios formativos a los que se acude.
Lamentablemente, pocos centros educativos comparten esta visión de responsabilidad hacia su comunidad. En ocasiones la falta de presupuesto acompañada de visión, así como por la poca efectividad policiaca o la poca aplicación de los marcos jurídicos a la par de la corrupción o los juegos de poder, son los factores comunes que se conjugan, entre otros para generar que la denuncia se vuelva en contra de quien o quienes han sido victimados y se atreven a hablar.
Frenar la violencia requiere de estrategias integrales desde una perspectiva sistémica al interior y exterior de los centros escolares. Tienen que ver con toda la estructura del Sistema Educativo de los distintos países, así como también con toda la estructura de seguridad.
La UNESCO también, aunque no limita, subraya la violencia por motivo de orientación sexual, así como explicita un resultado principal: “Prevenir la discriminación de alumnos y docentes por razones de salud o de género”.
Lamentablemente, la violencia trasciende esas categorías para cuajar en otras que incluso pudieran no estar financiadas ni ser del interés a nivel internacional en el momento actual, pero que impactan en la dinámica escolar de todos los niveles educativos, por ejemplo, la misma UNESCO en el informe Behind the numbers: Ending school violence and bullying de 2019 “[…] Casi uno de cada tres estudiantes (32%) ha sido intimidado por sus compañeros en la escuela al menos una vez en el último mes y una porción similar se ha visto afectada por la violencia física. […] El acoso sexual es el segundo más común en muchas regiones. […]”
“Los niños percibidos de alguna manera como diferentes son más propensos a sufrir intimidaciones. Según los estudiantes entrevistados, la apariencia física es la causa más común de intimidación, seguida por la raza, la nacionalidad y el color de la piel.”
Históricamente, por ejemplo, valores que deberían ser apreciados en los centros escolares: la excelencia académica, el pensamiento crítico, entre otros, se convierten en detonadores de violencia, generalmente hacia quién lo posee debido a que sus cuestionamientos afectan las estructuras o acciones soporte de los grupos de poder de los centros escolares.
El respeto hacia el trabajo de los demás a partir de los desempeños esperados que se cumplen y que, en vez de ser reconocidos, se pasan por alto o incluso se les obstaculiza, es otro tipo de violencia. Dentro de este se encuentran las personas talentosas que trabajan por el bien común en los centros escolares y que los sistemas educativos invisibilizan, por ejemplo, no reciben las “recompensas” de pertenecer a ciertos programas de beneficios. Es decir, las estructuras también violentan y no simbólicamente, sino frontalmente escudándose en “criterios y requisitos”. ¿No sería más conveniente aumentar el salario de los profesores? En otras palabras, hay violencias que son funcionales a los sistemas y países.
El mismo documento de la UNESCO aporta la solución: “El liderazgo político y el compromiso de alto nivel, junto con un sólido marco jurídico y normativo que aborde la violencia contra los niños y la violencia y la intimidación en las escuelas, han demostrado su eficacia para reducir o mantener una baja prevalencia de la violencia y la intimidación.”
Los liderazgos resultan fundamentales para evitar la escalada de violencia, pero también hay otros aspectos que pueden, en algún momento pasar desapercibidos, por ejemplo: la cultura institucional que configura los ambientes laborales y que en muchas ocasiones resulta en el día a día sumamente violento hacia todos los que laboran en los centros escolares.
Estos ambientes se “normalizan” y terminan neutralizando a todo aquel que percibe, vive y sufre la violencia, de forma tal que se esgrimen frases como: “es que el maestro es así”, “pero… no es mal intencionado” y muchas otras frases más que ocultan la violencia.
La transformación de los ambientes escolares bajo la dirección de liderazgos efectivos, acompañados de estrategias integrales desde las diversas instancias de los sistemas educativos, con los recursos necesarios (económicos, técnicos, legales…), así como las estrategias de seguimiento incluso de apoyo a los que ejercen la violencia para que se den cuenta de lo que hacen (pues muchos de ellos no se perciben así mismos como violentos), son fundamentales si se quiere construir una verdadera cultura de la paz, caso contrario todo lo que se haga resultará en cifras, datos de acciones desarticuladas que impactarán en… nada.
¿Realmente queremos erradicar la violencia de nuestros centros escolares?

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

  • Leticia Judith Sandoval Flores

    Cumplir con la Nom035 no excluye a los centros escolares, además de que se debe extender la canalización a servicios psicológicos o psiquiátricos a docentes o figuras de confianza, los cuales no están exentos de padecer desajustes emocionales y que por el bien de toda la estructura no basta con cambios de centros de trabajo, o bien la minimización o invisibilidad de la violencia como medida de resolución de conflictos.

  • Mabel Torres

    Cada una de las palabras encierran grandes verdades de lo que se vive en la mayor parte de las escuelas mexicanas de casi todos los niveles educativos, pues, como bien dice, se han normalizado muchas injusticias como que “el sistema” o cultura organizacional vea bien expulsar a la gente que simplemente quiera trabajar ética, propositiva y profesionalmente, siendo que es un compromiso que es inherente a la vocación docente, además de la razón por la que uno debe ser contratado.

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