¿Vamos con el escorpión a cuestas en el gobierno de Jalisco?

 en Moisés Aguayo

José Moisés Aguayo Álvarez*

Esopo, en la fábula del sapo y el escorpión, nos narra cómo este último convence al sapo de ayudarlo a cruzar el río; el sapo aceptó, con la seria condición de no ser picado y padecer los estragos del veneno. Con tal de llegar a la otra orilla, el alacrán prometió respetar a su benefactor y no pincharlo; no obstante, a medio camino, el escorpión no pudo abstraerse y le dio un aguijonazo. El sapo recriminó al escorpión diciéndole algo como: “tonto, ahora moriremos los dos”, a lo que el escorpión, un tanto ofendido le respondió: “¿y qué esperabas?, si soy un alacrán; ésa es mi naturaleza”.
Esta fábula nos ilustra acerca de la naturaleza de los entes, de la esencia inexorable e inherente a cada entidad: no se deja de ser lo que en el fondo se es. En el ámbito de la política local; una suerte de réplica del escorpión parece dar ciertos visos hacia el magisterio, y como gremio, no podemos sino mantenernos alertas. No se trata aquí, de alentar el pánico ante el escenario de la política pública a nivel estatal, sino más bien, de ofrecer una perspectiva crítica, en función del análisis de las expresiones simbólicas que han signado estos primeros días de gobierno emecista en Jalisco, de entre tantas van cuatro:

1. La premura por figurar. El amago de nuestro gobernador, hacia las autoridades federales, en torno a la figura del “superdelegado” o del enlace federal en el estado, trajo beneficios a la imagen de Alfaro, y lo posicionó como el gobernador mayormente dispuesto a entrar al juego de la visibilidad mediática. En una apuesta por la popularidad, mostró los dientes del discurso pro soberanía, pero a juicio de muchos, y me incluyo, no mostró el colmillo: esta estrategia pudo darle un escaparate nacional momentáneo; no obstante, nuestro gobernador debió recordar que sembrar este precedente, aunque no anule totalmente su capacidad de interlocución con la federación, sí la matizará con desconfianzas y vacilaciones. Por otro lado, los asesores de nuestro gobernador debieron tener presente que exponerse de ese modo a tan temprana hora del sexenio, pondría la lupa nacional —la de las instancias y de la opinión pública—, sobre los antecedentes del gobernador en la gestión pública, pero, sobre todo, sobre la esfera privada; lo que atrae un riesgo latente y gratuito para cualquier político, pues como dice el adagio popular: el que busca, encuentra; y lo que se encuentre, será magnificado, seguramente.
2. El histrionismo superfluo ante la crisis. Durante los días en que prevaleció el desabasto de combustible en Jalisco; la población local pudo advertir el despliegue de las capacidades histriónicas de nuestro gobernador y la expresión cruda de su enojo y frustración por la estrategia seguida para abatir el robo de combustible a nivel nacional, lo cual, en ambos casos, es completamente legítimo: en cuanto al histrionismo, es básico para el desempeño de su papel como figura pública; en cuanto a la frustración, vale decir que es un sentimiento completamente humano; sin embargo, ni uno ni otra resultaron útiles a la población jalisciense: ni para paliar el problema, ni para entronizar a la opinión pública que, como lo señalaron las encuestas, no obstantes los inconvenientes, las molestias, el caos momentáneo y las diatribas entre civiles que trajo consigo, aprobó mayoritariamente la medida.
3. El madruguete legislativo como recurso político viable. La extinción del Instituto Jalisciense de la Mujer; amén de las diferencias sustantivas con la creación de la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre mujeres y hombres, así como la Subsecretaría de las Mujeres y la Contraloría Social de Género, y más allá de las discusiones de fondo en términos de políticas con enfoque de género, deja un mensaje claro a la sociedad jalisciense: se valen las aplanadoras y los recursos leguleyos para modificar de última hora, las condiciones de una discusión política. Esta manera de proceder, no es extraña para los cuerpos legislativos cuya ascendencia partidista no ha sido capaz de proveer de mejores escenarios a la toma de decisiones en materia de políticas públicas, ni es extraña para la sociedad civil; no obstante, lo que si extraña es que la “ciudadanización” de la política y el emecismo, muestre ese cobre tan prematuramente, a riesgo de acendrar la noción de que no han podido desarrollar esquemas nuevos y más democráticos para la toma de las decisiones que afectan a todos, y a riesgo, además, de perderse la oportunidad de presentar una faceta más progresista, abierta al diálogo y a la concertación, en donde el argumento se pondere sobre los formatos legaloides.
Finalmente, en cuarto lugar, la expresión simbólica del gobierno en turno que atañe al magisterio, y a la cual hay que mantenerse atentos, como gremio y como individuos sujetos de derechos.
4. El conservadurismo operativo y la falacia de la disrupción. Al magisterio jalisciense, dados estos primeros visos en el trazo grueso de la política educativa, le preocupan algunas cuestiones centrales:

• En primera instancia, la expresión conservadora de “proseguir con la evaluación docente”, que va acompañada por un discurso que sí dice qué, pero no dice cómo; hecho que torna muy semejante este discurso, al del ejecutivo federal del sexenio anterior, de cuyo nombre no quiero acordarme.
• En segundo lugar, la preservación no sólo de esquemas, sino de operadores de la política educativa, que se ratificaron en sitios de la estructura, aun cuando el recuento histórico reciente, y la percepción de la plantilla del Sistema Educativo del estado, muestran el común denominador de la ineficiencia y la falta de sensibilidad.
• Por último, la forma en que permea el aparente afán de protagonismo del titular estatal, sobre las implicaciones que prevemos quienes estamos a ras de suelo en el hecho educativo: la idea de una “reforma propia”, que implica guías de trabajo y agendas paralelas a las que genere la federación, y que se perciben ya como el plus a la “recarga” burocrática y administrativa que tienen, docentes, directivos y personal de supervisión; y que constituye un lastre para el despliegue profesional de estos actores, cuya base idealmente centrada en el ejercicio y análisis pedagógicos, quedan muy lejos de lo que institucionalmente se demanda.

Tras este breve recuento del despliegue simbólico efectuado en sus primeras semanas del movimiento naranja en la función pública, sólo cabe esperar que reivindiquen lo reivindicable; que reorienten su ejercicio hacia puertos más dialógicos y abiertos a la construcción conjunta y participativa de soluciones, que se emprendan acciones desde las bases, para el análisis del nuevo Reglamento interno de la SEJ, y que el ilustre emecismo no nos vaya a salir con el argumento de un escorpión con cargo al erario.

*Doctor en Educación. Supervisor de Educación Primaria. moyagualv@hotmail.com

  • Víctor Bustamante
    Responder

    Muy bien análisis, Dr. Coincido con usted.

  • Leonel Mayorga
    Responder

    Estimado Moy que tú pluma siga hablando, lo que varios de nosotros callamos, Gracias por llevarnos al análisis de fondo que quita el velo de las faramallas politicas conservadoras y contradictorias que reinan en la nueva República se Jalisco.

  • Gricelda Torres
    Responder

    Excelente, !!!

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