¿Vale la pena ser normalista? Opciones para su desempleo

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

En días recientes, el secretario de Educación del estado de Durango, Guillermo Adama Calderón, pidió a los jóvenes, a través de reporteros que lo abordaron, que ya no consideraran estudiar para ser maestros, ya que, palabras más, palabras menos, no se requiere ni más personal ni más maestros porque la estadística indica que cada vez hay menos alumnos en educación básica; además, cada año egresan casi mil estudiantes de las 7 escuelas formadoras de maestros y la Secretaría apenas desocupa 90 plazas. “No es redituable”, señaló una reportera y el secretario avaló el comentario.
El comentario generó ruido y molestia en redes sociales inmediatamente, así como diferentes dudas; se hacía alusión a una situación estatal; sin embargo, parece que ambas situaciones se presentan a nivel nacional. Por tanto, el argumento de la disminución de estudiantes en el nivel básico en los últimos años me llevó a investigar, teniendo como fuente al INEGI, la cantidad de nacimientos aproximados en México en los últimos años, los cuales comparto a continuación:

2005-2,567,906; 2006-2,505,939; 2007-2,655,083; 2008-2,636,110; 2009-2,577,214;
2010-2,643,908; 2011-2,586,287; 2012-2,498,880; 2013-2,478,889; 2014-2,463,420;
2015-2,353,596; 2016-2,340,039; 2017-2,234,000; 2018-2,162,535; 2019-2,092,214;
2020-1,629,211; 2021-1,912,178; 2022-1,891,388; 2023-1,820,888; 2024-1,672,227;
y 2025 sin datos completos aún.

Como se puede observar, salvo en los años 2007, 2010 y 2021, en los demás existe una tendencia a decrementar la tasa de natalidad, reduciéndose la cantidad de recién nacidos en más de un 30% tomando como referencias el año 2005 y el 2024. La proyección que se tiene en diferentes organismos e instituciones es que esta tendencia seguirá por años, lo cual empieza a meternos en un problema serio en el campo educativo.
Para poder dar cabida en las escuelas a los egresados de las diferentes Normales a lo largo del país, se requiere del incremento tanto de escuelas o de plazas, así como de estudiantes. Con relación al incremento de la matrícula, el Estado, el gobierno, no tienen posibilidades de incidir y tampoco es una prioridad, supongo, pero la creación de escuelas, o al menos CCT, o plazas sí sería de su incumbencia y facultad, lo que implicaría obviamente una gran inversión, lo cual tampoco vendrá, como podemos suponer.
Y en redes sociales se ofrecieron también diferentes alternativas y propuestas para que aquellos y aquellas cuya vocación y anhelo profesional es la docencia, tuvieran una oportunidad. Dos propuestas, obvias también, son las más referidas, cuyo impacto en lo pedagógico y didáctico sería sumamente beneficioso, pero, el pero de siempre, de un alto costo económico en la visión de nuestros representantes políticos. La primera opción sugiere disminuir el número de estudiantes de un grupo y crear así grupos nuevos: esto implicaría poder duplicar plazas en varias escuelas, de la mano de crear infraestructura física, salones si es necesario, o crear nuevos CCT con la apertura de otros turnos, lo que implica gasto, sí, pero una mejor atención a cada estudiante con el consecuente mayor desarrollo de conocimientos y habilidades. La segunda opción es que se jubilen muchos y muchas docentes, de manera voluntaria, lo cual no ocurre porque el monto de la jubilación es indigno e insuficiente, lo que obliga a seguir frente a grupo, pese a que la fuerza, el vigor, el entusiasmo y la idea de cambiar el mundo se fueron hace tiempo, algo que podrían traer a escena los recién egresados de las Normales, si se les diera un espacio que, como sabemos, no se abre por falta de presupuesto otra vez. Una forma de obtener recursos para estos dos proyectos sería la eliminación de plazas administrativas innecesarias, pero como muchas de ellas fueron creadas por acuerdos políticos, en esas sí se puede y debe invertir.
Así que, con la frialdad de los números y realidades en la mano, pese a las críticas originadas, pareciera ser que las palabras del secretario Guillermo Adama Calderón tienen lógica y sentido. Por tanto, ante la falta de dinero para invertir en los dos proyectos referidos para dar cabida a los egresados normalistas, pareciera ser que la única opción es que, con voluntad y entusiasmo, podamos incrementar significativamente el número de nacimientos por año. Parece chiste, pero no lo es, ¿o qué otra opción hay para los egresados normalistas? Se aceptan propuestas.

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

Comments
  • Everardo Hernández Castillo

    Una propuesta para elevar la calidad de atención del alumnado de Educación Básica es establecer criterios psico pedagógicos y sociales para la conformación de grupos. En preescolar, máximo 15; en primaria y secundaria máximo 20. Se debe sustituir el criterio económico de: “un grupo secundaria máximo justifica con un mínimo de alumnos”. Cabe señalar que los fenómenos sociales de migración, violencia, inseguridad, pobreza y búsqueda de oportunidades en las grandes urbes, desintegra a las familias, se mueven con los hijos-alumnos, por tanto, nadie controla eso, los alumnos no son cosas que permanecen en un solo lugar. El criterio pedagógico de un grupo numeroso que rebasa el número de alumnos tope, hará que el grupo se divida en 2 para ser atendido por 2 profesores.

Start typing and press Enter to search