Vacaciones de entretenimiento

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

En momentos de crisis, renunciar al puesto o iniciar el proceso de jubilación viene a la mente de algunas personas. Lo hemos visto en momentos en que los cambios institucionales son tan marcados que las personas prefieren retirarse a otro entorno, ya sea otra institución o a su casa, o a su pueblo. Quienes han cumplido con una trayectoria suficiente para jubilarse, a veces perciben esa jubilación como el momento de crisis. Hay quien combina las crisis, como ha sido la actual pandemia, con las crisis que desencadena un cambio de estatus laboral.
Y hay quien aprovecha para realizar otros cambios en sus vidas. Me enteré de un caso de quien, en el contexto de la desaparición de un área de estudios en la universidad agarró el impulso para jubilarse, divorciarse, cambiar de ciudad y cambiar de empleo. Supe de otro caso en que un jubilado le pidió a un amigo que no avisara a su esposa (la del amigo) que se había jubilado, para que ella no fuera a decirle a la suya (la del jubilado). El recién jubilado seguía saliendo todas las mañanas, muy arreglado, rumbo a su trabajo, aunque con una ligera desviación para encontrarse con la esposa del amigo discreto. La jubilación de uno desencadenó crisis en (al menos) tres personas más.
Hay quien aconseja no jubilarse de un sopetón, sino hasta después de que el posible jubilado haya resuelto algunas cuestiones como la de qué hará con su tiempo libre o cómo resolverá la relación con las personas que estaban acostumbradas a no tenerlo en su casa. Hay quien aconseja no jubilarse (o, como en el caso de los “amigos” de arriba, no dar aviso), para que a las personas del entorno no les dé para aprovechar el descanso ajeno para llenar de ocupaciones a quien se jubila: realizar pagos, pasar por los niños a la escuela, comprar la comida, cocinar, entre otras actividades que quienes tienen horarios limitados no siempre alcanzan a realizar con calma.
Hay algunas personas, en especial en los ámbitos académicos, aunque también en los ámbitos empresariales, que siguen productivas a pesar de las muchas décadas de actividad. Para muchos profesionales de la enseñanza, la docencia y la investigación han ocupado tal importancia en sus vidas que ni siquiera contemplan jubilarse algún día. Hay otras personas que logran la transición de manera relativamente fluida y acuden a la jubilación como una forma de enfrentar otras crisis en las vidas de quienes les rodean. Se jubilan y se dedican a atender tareas relacionadas con apoyar y cuidar de otras personas, ya sea en sus mismas generaciones, en las precedentes o subsecuentes.
De algún modo, las vacaciones ayudan a ensayar cómo será esa vida libre de sesiones de docencia o asesoría y se convierten en un periodo de entrenamiento para practicar y afinar determinadas habilidades sociales y de convivencia doméstica. La pandemia ha obligado a estos entrenamientos, tanto a docentes como a estudiantes y a quienes solían atender las tareas domésticas sin la presencia de docentes o estudiantes en el hogar. Los periodos vacacionales durante el aislamiento de la pandemia han agravado los retos de la adaptación mutua en el hogar, además de plantear la oportunidad de que los académicos se planteen lo que será su vida tras la jubilación.
Las vacaciones también sirven de entrenamiento para otras actividades que muchos ya han integrado en sus rutinas cotidianas. Desde lectura y escritura, actividad física, charlas con los amigos, parientes o pareja, hasta atender algún negocio o resolver pendientes de la vida doméstica. De cualquier modo, las vacaciones son también ocasión para aprender y reforzar lo aprendido.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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