Uso y regulación de dispositivos electrónicos

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

El proyecto de educar las infancias y adolescencias cobra singular importancia como proyecto social, político y administrativo.

La educación es un asunto prioritario para todos los países; así lo expresan sus políticas públicas o su afiliación a organismos internacionales como la UNESCO o a la OCDE.

No son pocos los recursos económicos y humanos que se movilizan para cumplir institucionalmente con la gran tarea.

Socialmente y ante el progresivo fortalecimiento y masificación del uso de dispositivos electrónicos, hay preocupación compartida acerca de los efectos que tiene para las niñas y los niños la extendida exposición a las pantallas.

En algunos países se prohíbe o regula su uso o se controla desde decisiones de Estado el acceso a ciertas aplicaciones o páginas. Para el Estado mexicano y algunos Estados “libres y soberanos” es una oportunidad para dejar la medianía, tibieza o procrastinación cómoda.

Para el desarrollo de las inteligencias de los niños y adolescentes mexicanos y ante la emergencia que representan las tecnologías que trascienden hogares y aulas, es importante tomar la voz, el análisis y el pensamiento crítico.

La formación del usuario y la discriminación de las fuentes de información a las que se recurre son algunas rutas sobre las que se requiere acción de colectivos escolares y acción en los entornos de la familia.

También se requiere acción política de gobernantes tecnoboys de camarita, asiduos a la pseudoimagen y valentones entre rejas y seguridad personal, de que su sistema educativo es un modelo “mejor” desde sus propios datos emparedados y palabrería hueca, una imagen inundada de ansias de legitimación ciega, fiesta mundialista y patriótica que venden a sus gobernados como placebo de “buen” gobierno, que no puede esquivar la lectura de realidad que arrojan datos y tendencias históricas.

Qué bueno que el tema es objeto de debate nacional y que bueno que es tema de reflexión de especialistas de distintos campos científicos y profesionales. Hay consenso en que el uso prolongado del contenido de las redes sociales impacta el desarrollo cognitivo.

También es objeto de atención de la UNESCO, que con acciones como la suscrita por sus estados miembros, de establecer el 19 de marzo como el Día Internacional del Aprendizaje Digital, desde 2023, convoca a la reflexión sobre tan estratégico asunto en materia formativa.

El aprendizaje digital desde el enfoque de este organismo ha de ayudar al desarrollo de estrategias, planes y normas que garanticen un uso de claro beneficio pedagógico de las tecnologías digitales en educación, incluidas las tecnologías de inteligencia artificial (IA).

El desafío mayor en los entornos escolares es entonces atenuar los riesgos y desafíos que estas tecnologías, por su naturaleza y vehiculización, plantean y aquilatar, compartir las buenas prácticas entre países y regiones. Primero el desarrollo cognitivo sano y enseguida las máquinas, dispositivos y herramientas que salten cualitativamente la valla establecida por aquella tecnología educativa de visión skinneriana con la enseñanza programada o aquella introducción acrítica con la que fácilmente se coloniza en materia de pseudoinnovación y cambio educativo.

El posicionamiento de la UNESCO, alejado de tentaciones prohibitivas, va en el sentido de asumir que la tecnología puede ser aliada del aprendizaje y transformación de la educación; su uso presupone reglas claras para subsanar inequidades y proteger como centro el bienestar y desarrollo sano de los educandos, con énfasis en la salud mental.

La sinergia deseable entre escuela tradicional, nueva y de la era digital, cuyo centro es aprender, aún es prospectiva, pero cuyas acciones desde hoy no pueden postergarse.

De manera extensiva, en lo referente a la IA, se considera que es un recurso potencial para mejorar la enseñanza y, colateral a un enfoque humanista (primero, durante y al final, el ser humano), la IA debe sustentarse en una visión inclusiva y ética.

A nuestra característica dependencia tecnológica se suma ahora entonces el riesgo de los bienes culturales y valores que se vehiculizan a través de las redes sociales o la ingenuidad de caer en la trampa del juego del pseudoconocimiento por jugar y operar IA o engaño consentido entre actores en rituales sedimentados de una escuela que titubea sobre su misión pedagógica y social.

México, con un sistema educativo de larga data de tumbos políticos, abandonos, rupturas y discontinuidades e improvisaciones clientelares, se caracteriza desde la visión de la UNESCO por ser un país sin progreso en aprendizajes fundamentales. Ahí están de nueva cuenta los resultados de la prueba PISA, que han sido capitalizados por personajes neoliberales como el exsecretario de Educación Aurelio Nuño Mayer durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, quien de manera sesgada, en su artículo “PISA: la debacle educativa” (Reforma, 8 de septiembre de 2026, sección nacional, p. 6), afirma: “Los resultados de la prueba PISA 2025 son peores de lo esperado: México cayó más que en 2022”.

PISA y los resultados nacionales, la irremediable politización y dedos flamígeros de orates y de los desplazados de la transformación, los ladridos de la desinformación y el pseudoanálisis.

En la fase intensiva del Consejo Técnico Escolar, en los días 24 y 25 de agosto se aplicó una encuesta para captar la opinión de maestras y maestros. Un ejercicio democrático que integra el sentipensar de actores centrales del hecho educativo.

La SEP ha publicado los resultados de esta consulta nacional sobre el uso y regulación de dispositivos digitales en educación básica.

De 565,396 docentes participantes durante los días 24 y 25 de agosto, las tendencias son:

  • El 81% de las maestras y maestros se pronuncia por una regulación de los teléfonos celulares y dispositivos digitales, lo que presupone que estos se convierten en distractores del aprendizaje.
  • Casi el 89% opina que debe limitarse el acceso a teléfonos celulares u otros dispositivos durante el tiempo lectivo de la jornada escolar.
  • El 87.4% afirma que la regulación debe partir del contexto y las necesidades específicas.
  • El 48% de las respuestas correlaciona celulares y dispositivos con la calidad de atención de los procesos de aprendizaje en aula.
  • El 38% refiere que el educando prioriza el uso de celulares e interrumpe o descuida las actividades escolares.
  • El 34% opina que los niños, niñas y adolescentes se privan de socialización y convivencia por concentrarse en la oferta de sus aparatos digitales.
  • El 38.7% refiere que la interacción en redes propicia conflictos que luego se trasladan a la convivencia en aulas y escuelas; puede ser entonces un factor de violencia en las comunidades escolares.

Un dato correlacionado es el que publica el INEGI en el sentido de que los usuarios que se conectan mediante un teléfono inteligente o smartphone de internet en el país suman un porcentaje del 97.3%.

Bien por las maestras y maestros que han participado en la encuesta, la democracia como forma de vida en la visión de educación nacional.

Todo apunta a que el escenario inmediato es fortalecer la normatividad y disposiciones para regular el uso de celulares y otros dispositivos en las escuelas; mientras eso acontece, en el marco del CTE-CA es factible analizar y proponer soluciones a la problemática en favor de una educación que garantice ambientes escolares propicios al desarrollo sano de las potencialidades de quienes aprenden.

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

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