Un kilo de palabras

 In Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

 

Hace ya más de diez años, Gerardo Gutiérrez Cham publicó la novela Snapshot (2012), donde narra la tormentosa relación entre los pintores y la nueva tecnología de la fotografía. En su narración, George Eastman (1854-1932) protagoniza una historia en parte policiaca, en parte empresarial, en torno al desarrollo de la empresa que llegamos a conocer como Eastman Kodak; empresa que, décadas después, quebró estrepitosamente ante las nuevas tecnologías de reproducción y divulgación de imágenes. ¿Es legítimo representar la realidad y determinados sentimientos que ésta suscita con una imagen instantánea? La fotografía requería su tiempo para que el reflejo de la luz quedara estampado en la película, por lo que un tema frecuente era el de las personas muertas, pues no se moverían como aquellas relativamente vivas que pretendían conservar un retrato para la posteridad y disfrutarlo durante lo que les quedara de aliento, pero debían permanecer inmóviles por varios segundos. Conteniendo la respiración para que no quedara desenfocada la imagen. Dos textos que se han vuelto importantes para comprender la evolución y las funciones sociales de la fotografía en comparación con las representaciones pictóricas son los de la neoyorkina Susan Sontag (1933-2004), Sobre la fotografía (1977), una serie de artículos que la autora publicó originalmente en The New York Review of Books, y el del berlinés Walter Benjamin (1892-1940), La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936).

Es frecuente que insistamos en esa máxima de que una imagen representa mucho más que una comunicación textual, principalmente porque los márgenes de interpretación y de presentación pueden ampliar lo que se señala con palabras. Por otra parte, como muestran otros autores como Julien Freund (1921-1933) y Pierre Bourdieu (1930-2002), las imágenes están ligadas a contextos y a las historias de quienes las interpretan. De tal modo que los textos que sirven de pie de página ayudan a constreñir y señalan en qué sentido debe descifrarse la imagen. Los premios Pulitzer de fotografía tienden a entregarse a conjuntos de imágenes asociadas con algunas expresiones de la violencia entre humanos (guerras, hambre, destrucción). El correspondiente a 2026 se concedió a Saher Alghorra, por las fotografías en donde muestra la devastación en la franja de Gaza a raíz de los ataques israelíes (https://www.pulitzer.org/winners/saher-alghorra-contributor-new-york-times).

Hemos aprendido a recurrir a la “explicación” textual de las imágenes, sean fijas, cinemáticas, de video o directamente las captadas por nuestra vista. ¿Qué debemos hacer ante algo que contemplamos? ¿Acercarnos, ocultarnos, ayudar de algún modo, evitar el contacto, pedir ayuda de otras personas? Con frecuencia evitamos algunas imágenes, pues nos repelen porque nos causan una tristeza o una indignación insoportables; mientras que buscamos algunas que asociamos con situaciones más tranquilizantes o estimulantes de emociones positivas. Las imágenes nos ayudan a recordar quién es o era determinada persona, en qué situación se congeló la acción, cómo celebramos o conmemoramos determinados acontecimientos.

Algunas imágenes se han vuelto famosas, como las de los astronautas durante su desembarco en la Luna; o algunas que representan el sufrimiento o el gozo humano. Otras, sólo son parte de una iconografía del grupo empresarial o profesional; otras más, las conservamos por ser de nuestros tiempos y compañeros escolares, otras por remitir a reuniones y rituales familiares, o de los inicios de la formación de esas familias, como las muy frecuentes en algunos hogares de la pareja en sus ajuares de boda y que luego concibieron a todos los demás miembros cuyos rostros aparecen en cuadros independientes, grupales, individuales, en distintas edades y en distintas celebraciones o momentos de transición. ¿Te acuerdas cuándo nació fulana o zutano? ¿Recuerdas cuándo comenzábamos a construir nuestra casa? ¿Viste cómo estaba de pequeño el árbol que adorna nuestra vivienda desde aquellos tiempos? ¿Reconoces tu escuela cuando entró tu generación? Muchos cuelgan en sus salas o en sus lugares de estudio y trabajo las fotografías de su graduación de distintos niveles escolares, además de la fotografía que adorna sus títulos universitarios o sus constancias de membresía de algún grupo de pertenencia.

En días recientes, el 45/47 presidente de Estados Unidos publicó dos fotografías en donde se muestran a él y a su esposa en ropa formal, y al candidato al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, junto a su esposa, Sarah Jukaku, en una postura relajada y ella cubierta con un chal musulmán. El texto de Trump: “dos Américas diferentes” (con una falta de ortografía, pues escribió un apóstrofe innecesario); el candidato al Senado respondió: “Sí, está en lo correcto” (https://theprint.in/opinion/pov/why-sarah-jukaku-and-rama-duwaji-dont-speak/3016579/). Lo que parecía representar Trump era una pareja “típica” de un nivel social en contraste con una pareja con una fe no cristiana. La respuesta de El-Sayed dejó en claro que “the post shows one America where your leaders are two people who don’t like each other much, but are joined by the business of making billions off you, another where two people who genuinely love each other want to build a life and raise a family”, es decir, resaltó cómo Melania y Donald están unidos sólo para desplumar a los estadounidenses y no se aman, mientras que El-Sayed y su cónyuge se aman y están interesados en una mejor sociedad. Esas imágenes seguirán circulando en buena parte gracias a la publicidad negativa que quiso construir Trump al candidato, y los debates seguirán respecto a las posturas políticas y las prácticas profesionales de los miembros de las dos parejas. Me permito resaltar que, en éste y en muchos otros casos, el conjunto de palabras (sea una, un conjunto deco, hecto, kilo, mega, exa, peta, tera o giga) o no resulta superfluo, pues ayuda a orientar respecto a cómo, quienes emiten las imágenes, procuran que sean interpretadas.

En los tiempos del Photoshop y de la inteligencia artificial, que sustituyen a las antiguas prácticas de cropping y otros montajes, solemos cobrar conciencia de que las imágenes no necesariamente muestran personas o acontecimientos que se suscitaron en el mismo tiempo y lugar. Por lo que hemos sido cautelosos y nos preguntamos: ¿estuvieron realmente juntos ese malandrín con esa persona honesta? ¿Quiere alguien lucirse por aparecer junto a una persona de prestigio? ¿Hay quien desee desprestigiar a determinadas personas al colocarlas en fotografías junto a otras indeseables?

Por lo pronto, muchos de los estudiantes recientemente graduados de algún nivel escolar tendrán a su disposición fotos de su último grupo del nivel del que egresan y también del nivel al que acaban de acceder. Ya luego tendrán la oportunidad de detectar quién abandonó, quién se dedicó a qué actividades o especialidades, quién se retiró del grupo por distintas razones y quiénes de entre ellos se asociaron más estrechamente. De cualquier manera, cabe reflexionar en con quién nos haremos fotografiar para nuestros proyectos futuros. ¿Te acuerdas de que estuvimos juntos en la escuela? Mira: aquí está la foto de aquella fiesta y la de aquella graduación, y la del primer curso de ese nivel escolar.

 

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

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