Un imperativo: educar mejor

 en Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Año nuevo, vida nueva, dice el refranero. Año nuevo, educación nueva, o a lo menos mejor es un imperativo surgido de las lecciones de la pandemia todavía vigente. Desde luego, independiente de la pandemia tenemos conciencia de fallos a corregir en las tareas educativas. Por ejemplo, la discusión sobre el lugar de los contenidos de aprendizaje en los procesos de aprendizaje, pues cada día caíamos en cuenta de la dificultad de mantener actualizados los contenidos y, a la vez, cada día escuchamos la demanda de los estudiantes por aprender “cosas, temas y cómo” de las cuales se enteraban en las redes sociales y en el intercambio de novedades ente ellos. ¿Cómo enfatizar una educación para la comprensión y la valoración frente al inmediatismo de las urgencias ficticias de un cierto mundo social?
Sin embargo, la pandemia nos trajo al primer plano varios dilemas éticos en los cuales la educación y el servicio educativo se encuentran involucrados. El más evidente fue: ¿qué es primero, la educación o la salud? En primera instancia la respuesta fue la salud, claro. No sin aducir que pronto se resolvería el tema y el servicio educativo podía suspenderse algunas semanas y pronto se reanudaría una vez pasada la emergencia. No poca oposición tuvo resolver el dilema por el lado salud. Se perdían aprendizajes “irrecuperables”, se atrasaba el desarrollo del país con una generación mal formada y algunas otras miradas apocalípticas. La exageración cayó por su propio peso y el dilema ético siguió resuelto por el lado salud.
Una vez llegó la claridad de estar frente a una pandemia mundial de largo plazo y de efectos letales en proporciones grandes, el dilema paso a ser otro: ¿cómo podemos continuar la educación obligatoria sin acudir a la escuela? Educación a distancia fue la respuesta. Los estudiantes se quedan en casa y autoridad les hará llegar las clases por televisión y los materiales a través de la red social oficial. El dilema se resolvió por continuar educando por medios no presenciales. Las quejas no se hicieron esperar: sólo el 40% de las familias tiene acceso a internet y a la red educativa. Aquí el dilema: invertimos en una rápida extensión de la red o usamos la televisión educativa, la cual no es de presumir. El dilema fue resuelto por el lado de la televisión educativa. Otra queja más grave: los niños no se pueden quedar solos y los padres y otros adultos han de salir a trabajar: Dilema alguien, papá o mamá, dejan de trabajar o el estudiante deja de estudiar y abandona la escuela. Hubo decisiones para un lado o para el otro del dilema.
La emergencia y la gravedad de la pandemia al privilegiar la salud dejaron de lado estudiar las mejores formas de sustituir la relación cara a cara. Al centrarse en los dilemas las autoridades olvidaron la investigación disponible que propone modos de autoestudio, aprendizaje situado en el contexto del educando, uso de libros hechos para aprender razonamiento y percepción… en fin, modos vigentes de provocar actos educativos mediante la autonomía de los estudiantes más allá de su edad y condición. Así, surge un dilema ético fuerte ¿sólo en la escuela actual es el modo óptimo de educar? Los días que vienen nos ayudaran a despejar la incógnita.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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