Un día sin ellas

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Un día sin mujeres será un día anormal.
Habrá Godínez que tengan que prepararse su propio café y médicos especialistas obligados a aplicar las inyecciones de sus pacientes, en ausencia de secretarias y enfermeras. Directores de escuela que suplirán a su maestra de Matemáticas y empleados de agencias de viajes sin una gerente que les diga que hacer.
Un día sin ellas será un día desperdiciado. Un día en que se evaluará la rutinaria importancia de su presencia. La necesaria compañía.
El más alto valor moral lo detentará aquélla que decida no asistir a su trabajo y asuma (lo exija) el descuento salarial correspondiente. De otra manera, será un día feriado.
Todos tendremos que obedecer a nuestras convicciones. Hacer lo que hacemos de manera distinta. Incompleta. Rara.
Que no se trate de una festividad sin repercusiones. Que nos incomode. Que maldigamos y nos cuestionemos el estado de alarma al que las mujeres han sido sometidas por el hecho de serlo. Que replanteemos la supuesta “debilidad” de su sexo. Que ese día nadie tenga madre y la orfandad nos obnubile. Que no tengamos tías ni sobrinas ni compañeras de trabajo. Que los párvulos no aprendan nada en el jardín de niños (que sean florecitas sin alguien que las riegue). Que nadie corte el pelo ni haga tortas ni tacos. Que no se confeccionen vestidos ni se modelen zapatos. Que se supriman los partos y los niños no se amamanten. Que los donjuanes besen al aire y los maridos surtan su propia despensa. Que las monjas no recen por nadie. Que las novias falten en los altares y las beatas, en las sacristías. Que las abuelas no aprieten cachetes y que no haya hijas que desobedezcan a sus padres. Que las actrices no actúen en la tele ni en el teatro ni en casa. Las deportistas, cancelen torneos; las reposteras, nieguen pasteles. Que las alumnas vacíen las aulas y que las plañideras no lloren a los muertos.
Que el día sin ellas se nos haga eterno. Que nos aburramos. Que reneguemos. Que sintamos coraje y nostalgia y tristeza. Que nos arrepintamos a nombre del género, de la historia, de las estadísticas. Que lloremos y prometamos.
Que ninguna sea golpeada ni abusada. Que nadie les diga un albur. Que nadie las acose. Que no haya una sola secuestrada. Que ninguna muera. Que ese día sea el primero.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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