Un debate pedagógico con ausencia de debate

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

En educación, en la formación y en la práctica de los agentes educativos, el debate es una tarea fundamental; está en relación con el intercambio cultural de saberes socialmente construidos por los sujetos a lo largo de su vida. A través del debate no sólo se trata de cuestionar a las otras y otros y de refutar las ideas que defienden, sino que se trata también de tener claro y solidificar las ideas propias.
Desde la antigua Grecia, si reconocemos a Sócrates como uno de los pedagogos clásicos en la historia, él es uno de los principales maestros en el uso del debate; hoy en día se habla del diálogo socrático, de la mayéutica y del debate en torno a la capacidad de construir ideas propias y de vincularlas con las de los otros y las otras.
Resulta paradójico que en el contexto actual se mueva a partir de una ausencia del debate. Ni en la política, ni tampoco en la cultura y mucho menos en la educación tenemos un debate claro en torno a la agenda actual y las distintas posturas que se erigen al respecto.
Lo que sí tenemos son descalificaciones diversas, mensajes totalitarios que pretenden imponer sus visiones, sin reconocer que existen otras formas de pensar, o la contraparte, monólogos y silencios en los espacios subalternos de la sociedad. Esta idea de lo subalterno fue creada a partir de los aportes de Antonio Gramsci.
El debate pedagógico al que asistimos en la actualidad es una caricatura de debate, o una ausencia de circulación e intercambio de ideas. Aquí los organismos gubernamentales tienen mucha responsabilidad, ya que tienden a imponer su visión del mundo ignorando las otras formas de pensar, de opinar y de actuar.
Existe una especie de hegemonismo (también siguiendo a Gramsci), al negar la posibilidad de que existen otras formas de construir significados y de defenderlos argumentativamente.
Es por ello digno de reconocer que todo debate implica el intercambio lingüístico y cultural; su uso conlleva el diálogo, la argumentación, la refutación de las ideas de los otros y el sostener ideas propias y originales. ¿Dónde se enseña esto? Algunas escuelas, sobre todo del nivel medio superior, tienden a fomentar una cultura del debate, pero en este ejercicio son debates ficticios, artificiales, a partir de seleccionar a personajes especialmente preparados para dicha tarea.
El debate pedagógico del presente implica trazar otro camino, recorrer nuevos senderos. Por ejemplo, preguntas como las siguientes: ¿Cómo hacer que las y los docentes frente a grupo del sistema educativo del estado de Jalisco cuestionen y refuten el fraude pedagógico del que son objeto? ¿Cómo hacer para que las incongruencias detectadas desde la práctica en el marco de la NEM puedan socializarse para enmendar el camino?, y ¿cómo elaborar argumentos potentes para poder demostrar que la educación “al estilo Jalisco” es un gran engaño que tiene confundidos y mareados a la mayoría de docentes adscritos al sistema educativo estatal de Jalisco?
Desde hace muchos años, las agencias de gobierno que han copado los espacios de las Secretarías de Educación en el país no dialogan con el profesorado; lo hacen mediado por sus dirigentes, pero eso no es dialogar, mucho menos debatir; son monólogos que se encuentran y que al final concilian las posiciones. Porque al final el debate también es un encuentro de mensajes que se confrontan en sentido contrario sobre la base de los argumentos de origen. Un ejemplo sencillo: el gobierno de Pablo Lemus puede presumir que la educación que ofrece el estado de Jalisco es de alta calidad, y las y los docentes pueden refutar al argumentar que ello no es verdad, cuando existen fuertes carencias en la infraestructura, en el equipamiento de escuelas y en la atención a las y los docentes en servicio, al no ser escuchados ni atendidos en sus demandas profesionales.
El ejemplo anterior sirve para ilustrar que, así como este punto, existen muchos asuntos más que forman parte de la agenda pública en educación que requieren ser debatidos para la mejora. No podemos avanzar a partir de la difusión sólo de monólogos o de argumentos de fuerza que se imponen a los demás; eso es todo menos debatir.
Existe otra arista en este asunto que tiene que ver con el miedo a debatir. Funcionarios y personajes con responsabilidad en las funciones de gobierno, líderes sindicales, entre muchos otros, le tienen miedo a debatir; prefieren refugiarse en lo que difunden aplaudidores, influencers o youtubers que son los nuevos ideólogos del sistema. ¿Por qué se le teme al debate y al acto de debatir?
Esta es una pregunta que da pie a una tesis de maestría o de doctorado; dejo la pregunta abierta para que los lectores nos aporten sus argumentos: ¿Por qué consideran ustedes que se le teme al debate pedagógico actualmente en espacios públicos?

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

Comments
  • Martín Linares Ramos

    Mi estimado Migue, la pregunta que dejas como colofón no deja espacio para respuestas abiertas: entes autoritarios, obsesionados con y por el control a través de la subyugación, jamás permitirán -menos aún propiciarán- el desarrollo del pensamiento crítico que posibilita la conciencia social.
    Zombies es lo que pretenden formar. Y lo están logrando.

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