Tramposos

 In Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

 

Mientras más reglas contenga un juego, más serán las trampas posibles que podrán urdir los jugadores que participen en él para triunfar. Gran parte de las maniobras, prestidigitaciones, divertimentos, distracciones, oportunidades, excusas y artilugios a los que recurren los tramposos son difíciles de detectar por los jugadores y por eso, en varias de las confrontaciones lúdicas y hasta bélicas, se han establecido jueces que no juegan el juego, pero se encargan de regularlo. Desde aquellos encargados de asegurarse de que los competidores lleguen a las distancias que deben llegar, o de que no se pasen de las líneas dentro de las cuales se deben desarrollar los intercambios, hasta aquellos que expulsan a los que sean atrapados in flagrante delito al poner las manos en masas, mazos y tortazos fuera de lo reglamentado, pasando por quienes revisan las sustancias dentro de los torrentes sanguíneos, o los adminículos utilizados en los equipos atingentes a cada competencia. Así, sabemos de atletas tramposos que han utilizado sustancias estimulantes para que sus cuerpos reciban determinada ventaja respecto a los cuerpos entrenados, pero no inyectados. Hemos sabido de automóviles a cuyos motores o aletas se les han añadido adminículos cuyos usos no han descubierto ni utilizado los otros equipos o contrincantes.

Algunas de las trampas actuales no lo fueron en el pasado, como se ve en la actual campaña de la compañía Cinelli para que vuelvan a permitirse las barras llamadas “spinaci” (espinacas, en italiano) en las competencias ciclistas (https://cinelli-milano.com/es/blogs/news/legalize-spinaci-history-cinelli-banned-aero-bars?srsltid=AfmBOooa7xT3XX6j3vvr4sJZXLE6MT-DFY8aXj-l5Ab4hDGwap-d01_8). La misma ventaja aerodinámica suele buscarse en las carreras de automóviles de Fórmula 1, pero en algunos casos los pilotos se han quejado de que la llamada “aerodinámica activa” les representa más trabajo en la cabina. Seguramente no es que tengan mucho tiempo para añadir tareas cuando manejan a velocidades que rondan los 300 kilómetros por hora. De tal modo que la Federación Internacional del Automóvil (FIA) ha decidido regular y aceptar o no esa forma de manejo de los bólidos en algunas competencias o secciones; el término “activa” implica el manejo manual de algunos alerones (https://lat.motorsport.com/f1/news/como-funciona-aerodinamica-activa-f1-2026/10793693/) y (https://lat.motorsport.com/f1/news/fia-prohibe-modo-recta-monaco/10824923/). De tal modo, algunos movimientos serán permitidos en algunos momentos y espacios, pero no en otros. Puede decirse que quien realice algunas de esas acciones hace trampa.

De manera similar a cómo algunas actividades no son trampa si se realizan en determinados momentos o con determinadas personas, como nos permite distinguir el verbo “cheat” y su sustantivo “cheater” en el sentido de trampa, pero también de engaño y, por extensión, a la infidelidad de pareja. Determinadas actividades no son trampa si son realizadas con determinadas personas, pero son engaño, trampa e infidelidad si se realizan con personas que no son las jugadoras reglamentarias según las convenciones sociales o institucionales. En distintos países, las sanciones a los tramposos pueden ser más laxas que las sanciones a las tramposas, aunque en varios de los códigos actuales el adulterio (definido como trampa de infidelidad a la pareja) ya no es delito, aunque para algunos de sus grupos religiosos siga siendo pecado. De alguna manera, el “pecado” es también una trampa. No queda muy claro si en la que caen los pecadores o como un complejo acto de engaño de quienes pecan (https://www.eltiempo.com/mundo/mas-regiones/paises-en-donde-la-infidelidad-es-delito-468494). Quizá la razón para que esta trampa ya no sea tan grave no es sólo una mayor apertura, sino, según un razonamiento que he topado en internet, que refleja una razón más práctica: “Si encarcelan a los adúlteros, no alcanzarán las cárceles de ningún país”. En cierto sentido, se considera trampa realizar determinadas acciones “fuera del territorio”, de manera análoga a cuando sale de las líneas del terreno de juego determinada esfera, gallito o artefacto. No es lo mismo que no cuente como buen punto a que cuente como mala jugada. El territorio y las compañías en el juego se consideran indebidos, como la regla en inglés que señala que es ilegal “out of wedlock”, fuera del lecho conyugal, es decir, antes de contraer nupcias socialmente sancionadas, o con una persona distinta a aquella con la que se realizó un compromiso legal y socialmente atestiguado.

De manera paralela a quienes premian o alaban la actitud tramposa de los jugadores de su propio grupo o de su equipo favorito, hay quienes ven la trampa y el quebrantamiento de las reglas de juego como muestra de sagacidad. Para algunos, las reglas de los juegos, de las artes y de la política están para romperse y cuestionarse (https://fee.org.es/articulos/romper-las-normas-es-necesario-y-moral/). Sabemos de varias interacciones en las que los humanos han cambiado las reglas, aunque no siempre ello ha mejorado el juego o la relación, pero que quizá han resuelto algunas dificultades momentáneas o reiteradas. Al menos para una parte de los jugadores, aunque pueden tener resultados catastróficos para otra parte. Como se ve en el argumento de que la justicia no se cumple si una misma persona es juez y parte y aplica las reglas con una tendencia que favorecerá a la parte o partido en que se ubica el juzgador. En los juegos, aun en los más claramente reglamentados, suele haber quien rompa los acuerdos o cuestione la interpretación de las reglas, según sea la coyuntura. No fue contacto de la mano con el balón, no salió de la línea, no lo empujé, no copié las respuestas, no me adelanté en la fila cuando no era mi turno, no me involucré con otra persona anímica ni corporalmente durante nuestro acuerdo; suelen alegar quienes son acusados de quebrantar las reglas de los juegos. Hay quien hace trampa para regresar a un estado previo al juego (“mejor no cuentan estos movimientos”) o para declararse con la victoria (“así es como se juega”). Hay tramposos infames y a la vez glorificados, como algunos famosos futbolistas a los que se les acepta “la broma” y se da por bueno el punto, la jugada, la declaración, la contradicción, incluso si es descarada. Como la afirmación del expejidente mexicano en el sentido de que dejó el sistema de salud mexicano mejor que el danés. “Qué simpático viejito, sabemos que es mentira, pero también que es algo que le hubiera gustado lograr” y lo dejamos con su declaración tramposa, sospechando también que quizá el tramposo sí cree haber actuado acorde a las reglas de la decencia. Hay quien toma atajos y recurre a influencias, a entregar dineros o privilegios, a fingir distracción, a pedir ayuda del dueño del campo de juego. En ocasiones vemos la chapuza y decidimos no ser quien la acusa; en parte porque queremos perder, o queremos terminar el juego o la confrontación, o nos interesa que se sume un triunfo más a los muchos del rival. Ya hemos visto cómo se ha discutido el asunto de la supuesta trampa masiva en el examen de admisión; lo que también podría suceder en el examen final de un curso o de un nivel; o en el examen que permite pasar a una siguiente etapa en determinado proceso de contratación o de formación. Existen claras similitudes entre las trampas y los fraudes financieros. En parte, el tramposo confía en que los demás participantes respetarán las reglas y habrá varios tramposos sagaces y capaces de promover la complicidad de los jueces. Siempre habrá tramposos que reinterpretan las reglas a su favor o que las aplican con más rigor a los contrincantes que a sí mismos. Algo que hemos visto acontecer con frecuencia en el campo de la política y que se resume en el dicho de que se haga justicia en el campo del vecino. Las trampas originalmente fueron diseñadas para atrapar a una presa, pero ahora usamos el término metafóricamente para hacer caer en nuestros engaños a nuestros interlocutores. Incluso caemos en la trampa del autoengaño, como se ve en el caso del perdón que el tramposo presidente del país vecino concede a otro tramposo tras haber aportado dinero para sus campañas (https://youtube.com/shorts/53LxqwCwgC0?si=k). Es de larga data el señalamiento de que la trampa y la traición son parte de la naturaleza humana, pues nos interesa sobrevivir, por más amigables y amorosos que seamos con quienes interactuamos (https://youtu.be/nmDwSy1tKek?si=yeAI25o7MjvIdLQs). La abuela que hace trampa a los nietos inocentes para ganarles en algún juego y también para advertirles de cómo otras personas pueden hacer la trampa que ella realiza con intención pedagógica; o las trampas que realizan las parejas para aprovechar lo mejor de dos o más mundos; las trampas que ponen los vendedores para que caigamos en el engaño de comprar algo que no es lo que pensábamos adquirir o que servirá a un propósito que tampoco ha sido definido adecuadamente. Quienes hacen trampa en los exámenes, en los juegos, en los trámites, en los contratos, probablemente obtendrán algún beneficio que no podrían lograr aplicando únicamente su habilidad dentro de las reglas. Fue muy conocido el caso del engaño en los motores de la empresa Volkswagen, que arrojaban resultados favorables respecto a la contaminación a bajas revoluciones, pero que eran exageradamente contaminantes en el uso normal (https://www.bbc.com/mundo/noticias-44014908); igualmente, en los deportes ha habido múltiples casos que fueron descubiertos y sancionados (https://www.marca.com/otros-deportes/2016/07/17/578b9b3eca4741997a8b4586.html), aunque probablemente seguiremos lidiando con tramposos cuyas engañifas no siempre lograremos descubrir. En el reciente campeonato mundial de futbol fuimos testigos de varias trampas que no fueron sancionadas por jueces de los que sospechamos no eran los más rigurosos e imparciales. ¿Qué episodios conoces en que alguien haya hecho trampa y al final de cuentas se alzara con la victoria? ¿Has sabido de casos en que los engaños hayan sido descubiertos?

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

Showing 3 comments
  • Martín Linares Ramos

    ¿Le parece un buen ejemplo de trampa, las elecciones civiles, sindicales, estudiantiles…?

    • Luis Rodolfo Moran

      En muchas ocasiones esas elecciones están trucadas. No se cuentan igual los votos, se extorsionan o compran votos, se chantajea con los resultados, se prometen premios si gana un grupo. Lo hemos visto con la promesa de dar cheques de $5,000 dólares a cada votante en caso del triunfo republicano (eso prometió DJ Trump)

      • 3312292919

        Excelente arti ulo con palabras.de un exquisito lenguaje.

Start typing and press Enter to search