Trabalenguas de la democratización sindical: el trecho del dicho al hecho

 en Moisés Aguayo

José Moisés Aguayo Álvarez*

¿La libertad de elección política [es] suficiente para considerar
que [la democracia] está consolidada? […] ¿La democracia se reduce sólo a procedimientos? Dicho de otro modo
¿es posible definir la democracia prescindiendo de sus fines y por ende,
de las relaciones que instaura entre los individuos? (Touraine, 1992).

El intríngulis de la recién anunciada, Era de la democratización sindical, que de tanta mención, casi puede vislumbrársele abrazando cariñosamente a los gremios mexicanos; no será, para nada, carrete de una sola hebra. Se parecerá más a una red con uno que otro nudo ciego; y es que no todos hablamos de lo mismo cuando hablamos de democracia, y coextensivamente, de la democratización.
Por supuesto, no se puede eludir la trascendencia de la reforma laboral impulsada por López Obrador, que favorece el tránsito a nuevas condiciones para que los trabajadores se vean —o se sientan— representados en un ente organizado para la defensa de sus derechos. Tan es así, que ya en la XLIX Sesión extraordinaria del Consejo Nacional del SNTE, se aprobó un reglamento para la elección de las directivas seccionales, conformado por 84 artículos y cinco transitorios; empero, prevalece la resistencia oficial para reformar el estatuto, y en ese caso, la evasión de ese proceso, es también un mensaje. En ese sentido, es importante que el magisterio crítico tenga en claro que acotar la transformación del juego de intereses corporativistas y de los clanes que perviven en las organizaciones sindicales, a uno o varios plumazos, es cuando menos, ingenuo; es decir, no porque se instaura legalmente el voto universal y secreto, el SNTE se transformará en un organismo impoluto.
En este sentido, tanto las campañas, como el rumbo que tomen las dirigencias seccionales, a partir de la re-inauguración del concepto de democracia sindical y de su ejercicio en la elección de la siguiente cohorte del SNTE, tendrá que leerse con detalle, a fin de rastrear aquellas prácticas que se legitimen a partir del compromiso con las metas, y, paralelamente, aquellas que repliquen los modelos centralistas, corporativistas o caudillistas, que han demostrado su inoperancia y que han redundado cuando menos en: la falta de atención a los márgenes donde las condiciones del magisterio de a pie, no son visibles; el entreguismo burdo que no propicia la introspección gremial; y una codependencia insana ante los liderazgos personales, respectivamente.
El voto universal, libre y secreto, anunciado con fanfarrias para la subsecuente elección de las representaciones sindicales, efectivamente fungirá como candado para las prácticas heredadas, a las que elegante y cómicamente se les conoce aún en el gremio magisterial como “ejercicios democráticos”. Al respecto, baste recordar cómo en dichos ejercicios, participaban los delegados que, en teoría, representaban al grupo de maestros de su adscripción, y éstos elegían a su vez, a la siguiente camada de ungidos para posesionarse de las antes codiciadas comisiones sindicales.
Por cuanto a los delegados, en ese esquema de “representatividad”, podían eventualmente ejercer su juicio crítico más o menos informados; sin embargo, mayoritariamente figuraban los aleccionados por mediaciones diversas: a veces cooptados, otras seducidos o presionados por las figuras de autoridad institucionales de sus círculos de relación; incluso, en muchos otros casos, instigados por los afanes de grupúsculos prefigurados, asociados a diversas expresiones o clanes políticos, donde la ostentación del dominio de algún resquicio de poder, o el afán del acceso al capital político, eran el cofre al final del arcoíris. Por supuesto, esta narrativa no es ajena a la doxa magisterial jalisciense. En ese sentido, el presente recuento no es en sí mismo una aportación o un descubrimiento; no obstante, sí constituye un recordatorio muy necesario, una cartografía mínima de lo que debiera evitarse.
Se aproximan tiempos de campañas veladas, campañas abiertas, discusiones acaloradas y eventuales subidas al candelero de múltiples expresiones del sindicalismo. Éstas irán desde los eternos paladines de la justicia laboral —entendida como el derecho a prevalecer—, hasta las vertientes combativas, pasando por las expresiones vinculadas a la izquierda moderada, las facciones más acomodaticias de la vieja guardia, que juegan de veleta con los gobiernos en turno y las dinastías de abolengo caciquil.
Será labor de los maestros-electores, pasar a cada cual por el tamiz apropiado, y decidirse a decidir, allende el miedo, la coerción, la desinformación, el desinterés o el borreguismo. Estos cinco aspectos, vértices de un cerco pentagonal aparente, que nuestro gremio podría franquear sí y sólo sí, se posibilitaran las condiciones estructurales para una comunicación efectiva entre las bases y las potenciales representatividades, aunadas al menos a una elemental efervescencia comunicativa que despierte el interés por el interés común. En este sentido, y sin el afán de ejercer aquí un pesimismo ocioso, hay que considerar que, saltar el cerco, al menos desde este último trampolín —el interés por el interés común—, está prácticamente en chino.
En este contexto, tanto a los maestros y personal de apoyo a la educación, así como a las propias dirigencias compete una mínima definición en torno a qué tipo de sindicalizado se requiere para que constituya al menos la vanguardia de la masa crítica que lleve a las distintas mesas de negociación, un discurso pertinente, propositivo y reivindicador del magisterio y de todos los trabajadores de la educación. En este orden de ideas, y para definir lo deseable, se tendrá que revisar con ojo examinador, cuál es la definición del sindicalizado que reconocen los postulantes. Si se detecta en los diagnósticos, un discurso meloso, romantizador, acrítico, que apele a la ignorancia, a la censura o a la histeria, sería mejor cortar por lo sano, porque esas películas ya las vimos. De ahí, que, recapitulando sobre el epígrafe de Touraine, se pueda asumir que un verbo clave en estos procesos que se avecinan, será: tamizar; postulantes y proyectos, de modo que pueda esclarecer cada colectivo y cada agremiado, al menos, si están presentes, los fines de la así llamada, democratización sindical.

*Doctor en Educación. Supervisor de Educación Primaria. moyagualv@hotmail.com

Comentarios
  • Gloria Guzmán Arce
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    Muy pertinente recordar a los trabajadores que el tránsito a la democratización no será fácil lo que los aspirantes y suspiran tes deben analizar es que las prácticas de antaño no son suficientes y que el magisterio ya llegó el hartazgo y cuestiona que:la representación no debe ser heredada, que hay nuevos y grandes retos, que es necesaria una nueva forma de representación y que la fortaleza y eficiencia de un Comité radica en el potencial y poder en la solución de la múltiple problemática actual que enfrenta el gremio, Urge capacidad, inteligencia, experiencia y valentía de un líder que no encuentro en los que solitos se candidatean…. Sin una plataforma fuerte y dinámica… Ni la capacidad que debe tener un dirigente actual.. Saludos

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