¿Tiene fin el racismo y el clasismo? Lo viable y lo imposible

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

El racismo y el clasismo son unos de los problemas más graves que han aquejado a nuestro país, los cuales se han acrecentado en los últimos años con el cambio de gobierno y con la pandemia. Pareciera ser que son problemas promovidos por ciertas fracciones políticas y algunos sectores de la población privilegiados económicamente, como empresarios o figuras de los medios de comunicación, dadas la ganancias que obtienen con las diferencias y distinciones entre grupos sociales.
Lo que está de fondo (tanto el racismo como en el clasismo) es la discriminación que se ejerce contra grupos que, por razones inhumanas e insensible, se les considera inferiores o de menor valor. ¿De dónde surgen esas ideologías y actitudes? Es un hecho que, históricamente, los países europeos fueron los principales promotores de estos problemas, infravalorando a las personas de otros continentes y otro color de piel, incluyendo la descalificación de su cultura y sus formas de generar conocimiento, lo que diferentes movimientos decoloniales refieren como racismo epistemológico. El capitalismo, que institucionalizó la explotación del hombre por el hombre a lo largo y ancho del mundo, fue otro de los factores que ha fomentado ambas situaciones. Y después de ahí, es claro que un factor de educación, de herencia ideológica y de consentimiento político han mantenido la discriminación.
Surge entonces una pregunta obvia ¿hay forma de poder terminar con la discriminación derivada del racismo y el clasismo? Y la respuesta no es sencilla. Podemos pensar de manera inmediata en dos vías de solución, bastante obvias, tanto que podría resultar incomprensible porque no han podido erradicar dichos problemas. La primera implicaría aplicar sanciones severas ante cualquier acto de discriminación; se creó incluso en México el CONAPRED pero, evidentemente, no ha conseguido impactar con fuerza en la sociedad. La otra vía de solución implicaría que, desde casa, se brindará una educación en donde se inculcará que todas las personas somos iguales y valemos lo mismo, lo cual tampoco ha ocurrido. El hecho de que sectores privilegiados sigan educando a sus descendientes con ideas de superioridad es entendible, aunque no justificable, dada la condición de privilegio que tienen y que no quieren perder; por otro lado, me parece triste y lamentable que, en otras familias no privilegiadas económicamente, se asuman inferiores y transmitan ese sentir y ese pensar en sus hijos e hijas.
Más aún, considero inapropiadas la posturas de diferentes académicos, intelectuales o periodistas que señalan a la discriminación como algo que se quiere ocultar o que es necesario sensibilizar, dado que implícitamente nos damos cuenta de que nunca lo han sufrido y sólo se han concientizado en torno al problema ¿alguien que ha sufrido racismo o clasismo podría haberlo ignorado, no ser sensible a ellos o querrá ocultarlo? Obviamente no, pero no se escuchan las voces de las víctimas del racismo y el clasismo y sólo se validan las voces de aquellos que utilizan los problemas con fines políticos o de académicos que hacen el señalamiento o la denuncia del problema en sí, pero no se atreven a dirigir la mirada a los responsables del problema y la forma en que son protegidos socialmente.
Considero importante señalar que los grupos menos privilegiados, de mayor vulnerabilidad como los sectores pobres y muchos grupos indígenas, han sufrido un mayor impacto con la pandemia, dado que bajaron sus ingresos y no tienen acceso a recursos tecnológicos lo cual limita las posibilidades pedagógicas de los infantes de esos grupos. Cuando lo social no da solución, la academia debe tomar su lugar; Rivera Cusicanqui señala que la denuncia y el señalamiento son necesarios para develar los problemas que afectan a una sociedad, principalmente con relación a los grupos olvidados. Hay aquí, por tanto, un señalamiento con dos soluciones viables pero imposibles en lo real de implementar; hace falta entonces réplica e insistencia desde el ámbito educativo, ya que, desde lo político y económico, obviamente, no les conviene dar respuesta ¿o sí?

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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