Tendremos que esperar sentados

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Hemos pasado meses de distancia física para evitar los contagios de coronavirus. Algunas predicciones optimistas u oportunistas (como la de Trump, al afirmar que habría una vacuna antes del 3 de noviembre, día de las elecciones en EEUU), nos hacen creer en una rápida solución al riesgo latente de contraer la COVID-19. O una vacuna o un tratamiento. La verdad es que ni la prevención ni la cura de la enfermedad es cosa comprobada. Por más que haya un manojo de hipótesis respecto a las sustancias, procedimientos, actividades, medidas y condiciones para combatir al virus que nos acecha desde principios de este año.
Querámoslo o no, hemos tenido que reducir nuestra movilidad para evitar los contactos con otras personas que, por más que las queramos o deseemos, pueden ser el vehículo para contraer el virus. Lo que ha implicado que reduzcamos la concurrencia en lugares públicos y privados. Muchos de nuestros espacios recreativos habituales han quedado desolados y muchos de los espacios por los que transitábamos hace unos meses son ahora inaccesibles. La escuela y sus alrededores, ha sido uno de esos espacios que hemos tenido que evitar.
No sólo porque las aulas no tienen las condiciones adecuadas para que cada una de las personas ocupantes se ubique a dos metros de todas las demás. Sino porque para llegar a esas aulas tendríamos que atravesar por espacios o transportes públicos saturados de personas. Y luego regresar a nuestros espacios de vivienda o de trabajo. De modo paradójico, las políticas para reducir la movilidad en la ciudad instaurando horarios reducidos para la operación de los espacios y los transportes públicos, han acabado por aumentar el riesgo de contactos más cercanos entre los usuarios de esos espacios. Simplemente porque el tiempo disponible para el uso de esos lugares se ha reducido por orden de nuestras autoridades.
De modo que, a lo largo de estos meses del 2020 hemos permanecido alejados unos de otros, y quizá por varios meses más del 2021 y 2022 tendremos que permanecer en esas condiciones. Hasta el momento, alejarnos de los flujos corporales de los demás, ha sido una de las pocas medidas practicables, además de lavarnos las manos, para evitar que el virus entre en nuestros cuerpos. En compensación, hemos aprendido a utilizar con mayor eficiencia los medios de comunicación a nuestra disposición. Ciertamente, ahora utilizamos mucho más las redes sociales y nos enteramos de la salud de un mayor número de conocidos que antes de la pandemia. Hemos aprendido a ser más críticos acerca de lo que consumimos o con quién tenemos contacto. Además de reducir la cantidad de viajes y de combustible, hemos reducido nuestros gastos en esparcimiento y (probablemente) en ingesta de comidas que solíamos asociar con nuestro tiempo libre (en el cine, en las fiestas familiares, en los paseos dominicales).
Por más hartos y ansiosos que estemos por estas condiciones, tendremos que esperar todavía un buen rato. No necesariamente sentados, aunque con escasas posibilidades de interactuar en las aulas, en los auditorios a los que acudíamos para presenciar conferencias o conciertos, en los transportes colectivos. Las personas de casi todas las edades sufrimos por falta de alternativas para la socialización, por no poder realizar prácticas compartidas, incluso por la reducción en nuestras charlas e intercambios amistosos o románticos. El caso es que tendremos que aspirar profundamente (lejos de las demás personas) y resignarnos a que la espera se prolongará durante varios meses más. Podremos aprender de otros modos y practicar nuestra paciencia, pero no podremos insistir en la interacción directa. Todavía. Por más que estemos impacientes por resolver muchos de los impactos en los aprendizajes, en nuestras actividades y en las economías locales y globales de esta invasiva pandemia.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Alicia Orozco Candelas
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    Excelente punto de vista, como siempre.

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