Sistema educativo y mercado laboral

 en Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Las exigencias del sector empleador a los sistemas educativos se sintetizan en una idea básica: la pertinencia supeditada al mercado laboral. Sin embargo, una síntesis de tal tipo puede resultar incluyente o a la inversa, dependiendo qué se entienda por mercado laboral.
Lo cierto de un planteamiento de tal tipo, radica en el hecho que los sistemas educativos deben tender a ser copartícipes del desarrollo de los países, sin embargo, el cómo lo hacen resulta en configuraciones diversas.
Por un lado, supeditar lo educativo al mercado laboral, significa que todas las profesiones tendrían su medida en la capacidad del mercado para absorber a los profesionistas, no así de la necesidad que una nación tiene de esos mismos profesionistas, es decir, el mercado laboral no es neutral y se va construyendo en función de la oferta y demanda sí, pero también de las políticas de los distintos estados, colores y proyectos nacionales, eso limita la posibilidad a ciertas carreras que no son incluidas en esas tendencias.
Pongamos unos ejemplos sencillos, ¿qué fábrica de ropa puede prescindir de un equipo de diseño?, sin embargo, cuántas son las fábricas que tienen un equipo de diseño; de igual forma, cuántas fábricas consideran la necesidad de un profesional que capacite a los trabajadores en lectura, arte y cultura, entre otras cosas.
Con esos sencillos ejemplos, se ilustra el hecho que lo necesario no siempre se contrata, por ello, limitar el sistema educativo a lo que el mercado laboral ofrece, es limitar la potencialidad de un país a lo circunstanciado inmediato, es servir al capital y olvidarse de lo humano. Lo humano no es simplemente trabajar pensando en la persona, es trabajar en la persona para trascenderla y con ello impactar en lo social, en el colectivo.
Revestir las decisiones centrándose en la persona, es olvidarse del conjunto, del todo, es construir desde una visión parcializada, sucede lo mismo con el mercado laboral, trabajar para satisfacerlo es limitarse a lo rentable, a lo funcional productivo-economía-capital. Los sistemas educativos nacionales tienen raíces históricas, antropológicas, políticas y demás que no pueden ni deben limitarse a las demandas de un mercado laboral que no es neutral ni autónomo de las tendencias políticas internas e internacionales.
Los sistemas educativos deben conservar, en sus niveles correspondientes la autonomía para la formación, interpretación y con ello salvaguardar la cultura de nuestra especie, es decir, hay niveles como las universidades que tienen por misión orientar hacia futuro recuperando las raíces del pasado para construir con las condiciones del presente, se detectan así los proyectos que podrían construirse y con ello las posibilidades de mundos nuevos.
El riesgo que se corre al momento de ligar por completo los sistemas educativos a la producción es limitar las opciones para la diversidad vocacional, es limitar el potencial humano e institucional-estructural que poseen las naciones.
La cuestión es recuperar a la persona pero desde la perspectiva de la comunidad y a los sistemas educativos desde la perspectiva de los mundos posibles.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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