Si existen, ¿se usarán?

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Suele decirse que vale la pena construir ciclovías para que, eventualmente, lleguen los ciclistas que las usarán para trasladarse de sus casas a sus trabajos, escuelas o puntos de reunión con amigos y familiares. De algún modo, el saber que las calles estarán atestadas de vehículos de motor, puede ser una motivación para utilizar una bicicleta que ya esté disponible y con la que sabemos que podremos adelantar hasta la línea más proximal al semáforo, en vez de esperar en la parte más distal, detrás de varios vehículos y sus humeantes motores. Así, los activistas del uso de transportes alternativos señalan que construir ciclovías o sistemas de transporte colectivo redunda en una racionalidad que permitirá ahorrar dinero y esfuerzos a quienes se mueven de un punto a otro de las ciudades.
Por otra parte, hay quien piensa que, si ya compró un coche, será mejor que lo utilice. He sabido de personas que “aprovechan” el tener un vehículo de motor para ir por las tortillas a la esquina, en vez de caminar. Así que, dada la existencia de los instrumentos y los espacios para utilizarlos, habrá quien piense en que se pueden e incluso se deben utilizar. Sería lo “racional”, ¿cierto?
Considerado desde otra perspectiva, más allá del uso excesivo de los coches, que permanecen estacionados aproximadamente el 90% de su “vida útil”, quiero plantear aquí el uso de otros instrumentos simplemente “porque existen”.
Muchos de nosotros nos hemos planteado la cuestión de si el personal armado que vigila edificios, cotos o barrios no estará deseoso de utilizar un instrumento que carga durante un gran porcentaje de sus horas de trabajo y del que rara vez hará uso. En el contexto escolar, resalto un caso de un tiroteo en México. Una nota periodística de enero de 2020 comentaba que un alumno de un colegio privado de Torreón, Coahuila, disparó contra una maestra y compañeros y vestía una camiseta similar a la que portaba un tirador en una masacre en una escuela de Columbine (Denver, Colorado), ocurrida en 1999. La maestra murió y el niño agresor, de 11 años, se suicidó. Las camisetas de los perpetradores tenían escrita la frase “natural selection”. Algunos comentaristas señalaron que se trataba de la influencia de un video juego, aunque es evidente que el niño de Torreón también encontró un ejemplo que consideró viable de seguir en el caso de 1999. El 30 de noviembre de 2021, un tiroteo en Oxford High School en Oxford, Michigan, dejó al menos tres estudiantes muertos. Según datos de febrero de 2021 (en: https://citv.es/blog/matanzas-en-centros-educativos-de-estados-unidos/) desde el 2013 se han registrado 433 tiroteos en institutos y escuelas de Estados Unidos. En ellos han muerto 174 personas y 335 resultaron heridas. Desde la mencionada masacre de Columbine, en 145 de los tiroteos en escuelas de primaria y secundaria, los atacantes eran menores de edad.
Las masacres no se limitan a estudiantes que atacan a otros, pues en algunos casos han sido los propios funcionarios de la institución quienes blanden las armas (por ejemplo, en 1940, después de ser retirado como director de la secundaria South Pasadena Junior High school, Verlin Spencer disparó a 6 funcionarios de la escuela, matando a 5. Falló en su intento de suicidio y fue condenado a cinco cadenas perpetuas consecutivas; obtuvo la libertad condicional a principios de 1970) ni a los espacios escolares. Nos hemos enterado de tiroteos en conciertos musicales, en centros comerciales y en parques públicos. Quienes disparan las armas pueden no haber expresado una confrontación con personas específicas, sino con una clase de personas, como en el caso de la matanza en un centro comercial de Texas en agosto de 2019 (al menos 20 muertos y 26 heridos), donde el perpetrador colgó un manifiesto racista en el que señaló su actuación como respuesta a la “invasión hispana de Texas”.
Es claro que no porque existan utensilios de cocina en nuestros hogares nos pondremos a cocinar, ni porque exista un horno en la estufa más cercana haremos galletas. Tampoco es verdad que si existe una cancha de basketbol estaremos ansiosos por ir a encestar. Lo que cuestiona la racionalidad de los ciclistas que comenzarán a pedalear en cuanto exista una ciclovía. Habría que considerar si quienes tienen acceso a las bicicletas son capaces de usarlas responsablemente (sin atropellar a los peatones o subirse a las banquetas, por ejemplo). En casos más extremos, observamos que el fácil acceso a armas de fuego, en combinación con instancias de su uso transmitidas con gran detalle en los medios de comunicación, o presentadas en los videojuegos, tiende a reproducirse. Hay quienes se ponen “creativos”, como se vio en fecha reciente, cuando una camioneta fue utilizada como arma letal en contra de quienes desfilaban para iniciar los festejos navideños en Wisconsin, dejando seis muertos y casi cincuenta heridos (21 de noviembre de 2021).
Estos casos nos dejan la inquietud en torno a cómo la existencia y disponibilidad de objetos y espacios, además de la difusión de que alguien más ha realizado determinados actos puede servir para que algunas personas, en determinadas condiciones, deciden imitar esos actos. De alguna manera, hemos visto que existen modelos que motivan a realizar hazañas en el deporte, el arte, la ciencia, pero también hemos encontrado que hay modelos que resaltan los resultados inmediatos que pueden verse como una marca a romper. ¿En qué medida el acceso a esos instrumentos estimula que se aprenda a usarlos con resultados nocivos para los usuarios y otras personas? ¿Qué factores han pasado por alto los analistas en esas instancias? ¿Qué factores como la facilidad de acceso a armas y municiones, o a otros objetos y sustancias inciden en el aumento de la probabilidad de que se susciten este tipo de agresiones, grupales o individuales?

*Doctor en ciencias sociales. Departamento de sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

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