Ruta para la dignificación del magisterio ¿qué es?
Jaime Navarro Saras*
La semana pasada, el SNTE nacional, a través del secretario Alfonso Cepeda Salas, mediante un comunicado (el número 09) de lo que va de 2026, daba a conocer que, mediante el diálogo y la negociación, se caminaba hacia la dignificación, concretamente desde los planteamientos del Pliego Nacional de Demandas 2026, el cual surte efectos el 15 de mayo (Día del Maestro) y que, por desgracia, en los últimos años es más la cacareada del huevo que lo que realmente beneficia dicho pliego al magisterio nacional.
Cada que escuchamos la frase dignificar el magisterio, nos remonta a un escenario totalmente intangible, es algo tan abstracto que en realidad no sabemos a que se refieren quienes la utilizan, lo cierto es que me parece una contradicción, ya que si se habla de ello, entonces suponemos que la labor educativa que practican los trabajadores de la educación adheridos al SNTE es algo indigno que requiere dignificarse; para no ir muy lejos, hace 2 años el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al hablar de la dignificación del magisterio, afirmaba que ello implicaba revalorizar la labor docente mediante salarios dignos, mejoras en condiciones laborales, basificación de plazas y reconocimiento social. Cuyas acciones clave para tal dignificación docente eran (en 2024):
• Mejora salarial y basificación.
• Diálogo y negociación.
• Revalorización profesional.
• La carrera magisterial.
• Infraestructura y apoyo.
Han pasado 2 años y estamos en las mismas; con el anuncio de la semana pasada por parte del SNTE, volvemos a escuchar la palabra dignificación y, debido a ello, pregunto: ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para dignificar la labor docente? Un año, dos, cinco, diez o toda la vida.
Si tal dignificación (como el SNTE y el gobierno federal la entienden) no va acompañada de logros y reflejos reales en los ingresos, la profesionalización docente y las condiciones dignas, definitivamente es discurso vacío, triunfalista y falto de compromiso.
Tal es el papel del SNTE que ni siquiera ha podido obligar al Estado a que le recuperen al magisterio algunos logros y beneficios que de la manera más vil le arrebataron en tiempos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Ese reclamo no se pudo con López Obrador y tampoco con Claudia Sheinbaum y, como se ve el panorama, eso no sucederá en los próximos años, amén de las demás mejoras que tanto se anuncian y aún no suceden.
De seguir así, las cosas y las realidades magisteriales no podrán alcanzar ningún tipo de dignificación, y menos cuando una plaza de educación primaria obtiene en promedio $6343.64 de sueldo base a la quincena, lo que representa 1.34 salarios mínimos y eso, se reconozca o no, hiere la dignidad magisterial debido a que los ingresos que se obtienen por la función no alcanzan para tener una calidad de vida acorde a lo que significa la profesión docente.
Por lo tanto, cada vez que el SNTE o el propio Estado hablen de dignidad magisterial, debemos obligarlos a presentar pruebas donde demuestren que han hecho lo suficiente para mejorar radicalmente la vida y la función de las personas encargadas de educar a niños, niñas y adolescentes que asisten cada día a las escuelas de educación básica.
*Editor de la revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com
TOTALMENTE DE ACUERDO!!!