Ricardo Anaya en la UNAM

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

En días pasados varios jóvenes encapuchados tomaron las instalaciones de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM como protesta por la invitación realizada a Ricardo Anaya, excandidato a la presidencia de México en las últimas elecciones, para impartir un Diplomado, lo que generó el rechazó de los manifestantes.
Obviamente se pueden hacer diferentes lecturas del hecho, dependiendo del lugar en el cual uno se posicione. Dados los tiempos políticos, en los que los ataques y desconfirmaciones están siempre a la orden del día, pudimos escuchar dos posturas claras: los detractores del actual presidente señalaron que evidentemente se trató de un grupo enviado para actuar a manera de represalia y venganza contra aquel que en la campaña anterior lo atacó y descalificó de forma permanente. Lógicamente, en sentido contrario, los simpatizantes argumentaron que era la sociedad y los jóvenes quienes respondían para manifestar su rechazo ante aquellos que habían dejado herido al país. Las redes sociales fueron escenario y campo de batalla para que ambos bandos se pudieran decir sus respectivas y relativas verdades.
La UNAM, por su parte, emitió un comunicado en el que rechazaban y manifestaban su desacuerdo con las formas implementadas lo cual, como siempre procuran actuar, fue políticamente correcto.
En un afán de conciliar las miradas, creo que cada una de estas posturas tiene algo de razón y de verdad, por lo que lejos de fomentar la diferencia, deberíamos empezar a centrarnos cada vez más en los puntos en común y en las áreas de oportunidad.
Es un hecho que la UNAM tiene como uno de sus principios el ser una Universidad plural, en donde caben y son posibles las diferentes posturas que representan a sectores específicos de la población, tan es así, que uno de nuestros últimos rectores, José Narro Robles, representaba los intereses del PRI. De ser congruentes, no cabe el rechazo de los encapuchados, al menos no en las formas en que lo hicieron.
Pero tampoco podemos decir que son un grupo manipulado: están en todo su derecho de manifestar y externar su opinión en contra de la invitación a Anaya, es parte de su libertad y es también un acto que pone de relieve lo que es el espíritu universitario ¿o también fueron manipulados los actores del “yo soy 132”?, ¿o siempre fueron manipulados los estudiantes que se manifestaron por causas diversas en las últimas décadas?
Centrarnos solamente en un aspecto o elemento de un fenómeno terminará por ofrecer una visión limitada o parcial del mismo, por lo que hace falta tomar distancia y ver más allá de los apasionamientos que pueden desbordarse sin razón.
Las formas de hablar y actuar en nombre de una Universidad obligan a la mesura y a la responsabilidad: la crítica siempre será válida, cuando se acompaña de la denuncia o la propuesta, no de la descalificación o agresión. Ser universitarios nos lleva a ser comprometidos socialmente; actuemos todos, pues, en este tenor ¿o no es posible?, seamos por favor, un ejemplo.

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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