Regresemos a los fundamentos curriculares
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
En términos formales, la definición del currículum se refiere al recorrido que toda persona realiza como parte de su trayecto formativo. De esta manera, tiene que ver con la trayectoria y los itinerarios formativos. El formar-se significa dar forma o formato a dichos sujetos, pero ¿quién se encarga de hacer todo eso?
La educación formal, a través de sus ciclos y sus modalidades de atención, tiende a contribuir en la formación crítica de los sujetos (hombres, mujeres, niñas, niños, jóvenes, ancianos, etcétera); se trata de aprender situaciones importantes que puedan ser utilizadas para toda la vida o a lo largo de ésta. De ello se desprenden contenidos de estudio en cuya transversalidad se encuentran la educación por la paz, la defensa de la vida, el cuidado del medio ambiente, el respeto entre hombres y mujeres y una generación que garantice la equidad de género, el cuidado de los otros y de sí mismo, etcétera.
Junto a lo anterior, en el diseño del currículum se incluyen fines y valores educativos, un ideal formativo y la intencionalidad de hacia dónde se pretende formar. De esta manera y a modo de cliché, en casi todos los modelos y propuestas educativas se habla de formar a sujetos críticos, reflexivos, analíticos y que sean capaces de adueñarse de su propio proceso.
De esta manera, en los diseños curriculares no solo se incluyen contenidos a estudiar o a aprender, sino también métodos y procedimientos para lograrlo, todo en función de las y los estudiantes. Pero en el caso de los docentes, la escuela también define situaciones muy concretas en cuanto a su compromiso formativo y que corren por tres carriles paralelos pero complementarios:
A) Conocer y manejar los contenidos de estudio.
B) Conocer y utilizar las metodologías de enseñanza o recurrir a las mejores formas para facilitar dichos conocimientos a los estudiantes.
C) Tener un conocimiento adecuado de las características psicopedagógicas de los alumnos a su cargo (el de los docentes), cómo aprenden, cómo piensan, qué se les dificulta y qué se les facilita en dicho proceso.
Y a estas tres dimensiones podríamos agregar tres más a modo de complemento y apoyo:
D) Conocer y manejar cuáles son las características del contexto socioeconómico en donde se vive y se ubica cada escuela y qué elementos favorables existen en todo ello.
E) Cómo poder aprovechar a los aliados educativos (los padres de familia, el grupo de amigos y el mismo entorno en donde se vive) para traducir todo ello en situaciones de aprendizaje.
F) Y por último, cómo valerse de la investigación y del estudio como compromiso personal para mejorar las estrategias de enseñanza y conocer de mejor manera todos los componentes de la tarea educativa.
De esta manera, los fundamentos curriculares tienen que ver con un manejo adecuado de todo lo antes dicho; es responsabilidad y también compromiso de cada docente el hacer uso de los distintos recursos que estén a su alcance. Normalmente, nuestras escuelas son deficitarias, no tienen o no proporcionan todo lo que se necesita; trabajamos en contextos adversos, en escuelas vandalizadas, en comunidades que son poco sensibles para comprometerse en un proyecto educativo amplio y de largo aliento. ¿Cómo revertir dichas condiciones de adversidad en oportunidad educativa?
La destreza curricular desde la perspectiva docente implica el poder hacer compatible lo incompatible o lograr revertir las condiciones desfavorables en un contexto favorecedor. ¿Cómo? Pensando y actuando en alianza y colaboración con los pares docentes.
Lo más importante al inicio del próximo ciclo escolar es poder hacer un inventario de elementos favorables y organizar la “caja de herramientas” del saber docente, con la que se puede contar para trabajar, para educar y para ser capaces de acompañar a los otros y las otras en su proceso de formarse como persona, como ser humano, como ciudadano.
Lo más importante del fundamento curricular es tener claro el destino a donde se quiere llegar y el trayecto que debe caminarse para lograrlo. Pero como decía Machado cantado por Serrat, “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com