Regresar la mirada al trabajo de las y los docentes y a su proceso de profesionalización

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

El trabajo de las y los docentes es la columna vertebral del compromiso educativo pensado en garantizar que las generaciones en proceso de escolarización se apropien y aprendan los saberes que la humanidad ha acumulado en ciencias, artes y humanidades. Las y los docentes tienen que pensar permanentemente para enseñar mejor, pero ¿quién se detiene a pensar en ellas y ellos? Nadie.
La historia reciente de las reformas educativas en nuestro país, cuando menos desde el 2009 con la RIEB hasta ahora, se ha preocupado centralmente por los cambios curriculares, por la organización de contenidos, por la articulación entre los distintos niveles educativos y por el uso o implementación de las tecnologías en el aula de clases y, en el último periodo, con la evaluación de todo tipo de situaciones. Todo eso ha pasado a partir de un proceso circular que gira en torno a lo mismo: cambio curricular y ajuste de contenidos.
En nuestro país ha hecho falta la reforma del profesorado; tenemos que, en los últimos años, ha disminuido drástica y significativamente el número de aspirantes para formarse como docentes; la aspiración de ser educadora o educador también se ha demeritado, dando un signo más de la crisis mundial en educación.
Pero hagamos una pregunta más sencilla: ¿por qué no ha sido posible desplegar y llevar a cabo la reforma del profesorado en México? En algunas reformas y bajo algunos gobiernos, dan por hecho que las y los docentes saben y entenderán pronto y con relativa facilidad la racionalidad que subyace a cada reforma (la ignorancia de los gobernantes la trasladan acríticamente al saber de las y los profesores). Es bueno que se piense así, que las y los docentes saben, pero sus saberes están vinculados con circunstancias muy concretas del entorno inmediato (no sólo en la parte curricular, también en el plano de la política). Las y los docentes actúan o realizan su tarea y la práctica de todos los días a partir de “atinarle” a lo que esperan de ellos, pero se equivocan porque la aspiración de los contenidos de cada reforma (de sus fines e intenciones) está colocada en otro lugar, distante al de la práctica que se realiza aquí y ahora.
Las y los docentes se han colocado a la cola de cada proceso, en la última fase de lo que implican las promesas de cambio de cada reforma; comenzar con ellas y con ellos y comenzar desde ellos garantizaría un proceso distinto al que hemos vivido hasta ahora. Cada intento de reforma tiene en su implementación sus secretos y su lado oscuro, que queda oculto a la mirada de las y los docentes; el ejercicio de develación es a partir de la práctica y de la experiencia de cada quien.
Ahora con la NEM las cosas no han sido distintas; aquí se parte del supuesto de que las y los maestros van a aprender a la NEM con relación a las y los colegas en los espacios de encuentro en comunidad, dentro de las sesiones del CTE. Esa idea no está mal, pero es insuficiente para que todas y todos sean capaces de responder a tantas preguntas sin respuesta y a tantos desafíos a los que se los debe responder favorablemente.
Ni las escuelas Normales del país, ni los centros de investigación, mucho menos el SNTE, están preparados para hacerse cargo de la gran empresa de habilitar a las y los docentes para que se apropien globalmente del sentido y la puesta en acción de la actual reforma. Se requiere desplegar un entramado que permita delimitar lo que ya se sabe desde la acción, para corregir o favorecer lo que hace falta por aprenderse. Los problemas en el manejo de las disciplinas, el conocimiento de las características psicopedagógicas de los actuales sujetos escolares y el manejo didáctico forman parte de estos componentes que deberán revisarse. Las y los docentes saben muchas cosas de su profesión y aprenden bien, pero muchas veces lo hacen tarde con relación al tiempo y al contexto de cuando se necesita hacer evidente que los saberes pedagógicos mostrados desde la práctica sirvan para responder a lo que se espera de ellas y ellos.
Es importante que los sujetos docentes (los que están formándose y los que ya están en servicio) dejen de ser sujetos olvidados y ninguneados para que logren convertirse en protagonistas profesionales de la tarea de enseñar. Que sean ellas y ellos quienes les den pauta y ritmo a los intentos de reforma. Todo puede pasar en educación, pero sin los maestros presentes nada pasa.
Dejo pendiente para una siguiente entrega el papel de la investigación y el posgrado en este complejo proceso de pensar la reforma educativa en México desde el profesorado.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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