Recuperemos la vocación del oficio de enseñar

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Ha concluido hace pocos días el mes de mayo, el mes de referencia en el que se festeja el tradicional día del maestro; se acabaron las loas a los maestros, los días siguen y ahora cerca del final del ciclo escolar se antoja nuevamente pensar en ellos y en esta vocación revisitada del compromiso de enseñar.
Esta segunda década del tercer milenio ha traído nuevos retos al trabajo que se hace en educación, en ello el trabajo docente cada vez se torna más demandante y a la vez más exigente en cuanto a la especialización, de tal manera que se torne como una prioridad la necesidad de actualizar la vocación del oficio de enseñar.
La docencia es una profesión, un arte, un trabajo, pero, sobre todo es un oficio, un oficio que amalgama lo artesanal con lo complejo, un oficio que sirve para tejer y destejer historias de gente que enseña y de otros que al estar allí se tornan en destinatarios, por lo tanto, son sujetos que aprenden.
Cada vez tenemos un mayor número de historias de docentes que ya no saben que hacer en su trabajo, les llega una desesperación especial y, por lo tanto, optan por una salida autoritaria en contra de alumnos, de padres y, en ocasiones, hasta en contra de sí mismo.
Para todos aquellos que decían que el asunto de la docencia era un problema resuelto, hoy se demuestra que no es así. El trabajo educativo pensado en atender a niños y niñas que han nacido en los primeros años de este tercer milenio, se traduce en un desafío nuevo, inédito y especialmente demandante.
Los retos de o para la docencia en el presente se sintetizan en dos grandes vertientes: por un lado, se debe respetar el legado históricó de lo que ha sido la profesión docente durante más de 150 años de historia del magisterio en México y, por el otro, el ser capaces de responder ante la compleja demanda que se desprende de las exigencias formativas de niñas, niños y jóvenes de un mundo hipertecnificado, atender a nativos digitales en el contexto de pandemia y post-pandemia y, aparte, tener un uso adecuado de las herramientas tecnológicas para la atención educativa bajo formatos no convencibles (híbridos, a distancia, virtuales…). Ante ello se exige el surgimiento de un nuevo vocacionismo, es decir, se trata de reinventar el significado de la profesión y vocación docente a partir de reinaugurar el oficio del saber enseñar.
Muchos docentes buscan espacios para incorporarse a los posgrados, con la intención de adquirir técnicas y metodologías innovadoras para la enseñanza, eso no se adquiere bajo esquemas convencionales de aprendizaje, se adquiere casi exclusivamente a partir de aprender a recuperar y reflexionar las prácticas. En todo ello necesitamos el arribo de docentes que miren al siglo XXI, no con el miedo de no ser capaces de responder, sino más bien a partir de la certeza de que las prácticas docentes pueden ir un paso adelante para saber responder a lo que se demanda hoy en día en educación.
La nueva vocación en el oficio de enseñar está regulada por la versatilidad, la flexibilidad, pero, sobre por un profundo compromiso de innovación en el campo educativo.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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