Quizá con otro grado más…

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Hace algunas décadas, en el contexto de un programa que en ese entonces se llamaba “Universidad de la Tercera Edad”, en el sistema DIF-Jalisco, un hombre me comentó: “ahora a la gente le piden que tenga estudios universitarios. Pero cuando yo estuve en la escuela no había más allá de la primaria. Ahí aprendíamos todo lo necesario”.
Lo que implica que en el país ha aumentado la cantidad de escuelas y niveles disponibles, ya no se diga las especializaciones por las que pueden optar los estudiantes. También, que cada nivel educativo que se abre se convierte en una marca de distinción entre quienes pueden cursarlo y quienes no podrán acceder a él. Al transcurrir de los años, en especial desde los años sesenta del siglo XX, el crecimiento de la matrícula en educación superior se ha multiplicado y ha dejado de concentrarse únicamente en la capital del país. Algunas otras ciudades, como Guadalajara, se convirtieron en importantes polos de atracción para los aspirantes a ejercer una profesión sancionada por las instituciones de educación superior.
Desafortunadamente, en los albores de la tercera década del siglo XXI, todavía es manifiesta la tendencia a la centralización en las grandes ciudades, en términos de empleo para los egresados y para la formación de los estudiantes de licenciaturas y posgrados. Hacer llegar la educación superior y conservar a los profesionistas en lugares menos urbanizados es todavía un reto que enfrentan las universidades. En parte por los diferenciales salariales entre las grandes ciudades y las urbes más pequeñas y las zonas rurales, pero también a causa de los requerimientos de infraestructura para el empleo de los egresados.
Por otro lado, es común que algunos egresados de licenciatura no encuentren empleo y que opten por seguir un posgrado como forma de sostenerse, con la beca, en espera de que alguna institución los juzgue suficientemente maduros y preparados para aprovechar sus talentos. Lo que ha derivado en que, al menos en algunas áreas (sobre todo para reintegrarse como académicos), se exijan niveles de posgrado para emplear a esos profesionistas. Evidentemente, ya no bastan ni la educación básica ni la educación media. Y los títulos de licenciatura llegan a considerarse demasiado básicos. En algunas instituciones, un título de maestría es señal de escasa formación y la tendencia es que los empleados tengan, no uno, sino dos o más doctorados.
Recientemente, un talentoso amigo, después de terminar su doctorado en el extranjero, me contó que regresó a una unidad de la institución en la que había estudiado años antes a solicitar empleo y ofrecer su talento. La respuesta de uno de sus exprofesores fue: “qué bueno que terminaste el doctorado. Regresa con nosotros cuando hayas terminado también un posdoctorado”.
Por otro lado, algunos comentan que prefieren no contratar a personas con grados académicos porque habría que pagarles más por lo que puede hacer una persona egresada del bachillerato; a quien se le puede pagar mucho menos… pues no tiene tantos estudios por los cuales haya que compensarle. Así que, mientras tanto, algunos se irán a estudiar otros años más para, al fin, conseguir un empleo.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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