Propósitos de la educación

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Educar: la educación es un bien común muy importante para todas las personas. Es un hecho. El saber hace posible la mejor relación entre las personas, pues uno de los propósitos de la educación es ayudar a las personas a dominar las acciones principales para conocer y reconocer el mundo de las cosas, los hechos sucedidos, los posibles hechos futuros y, sobre todo, los actuales. El nombre, la índole, la utilidad, el manejo y la oportunidad de usarlos en aquello para lo cual están pensados.
Un niño, una niña recién nacidos poseen aparato fonético: paladar, lengua, oídos y aparato respiratorio. Muy pronto, varios segundos después de nacer, ese aparato les permite llorar a modo de pronunciar su reacción a los sentires enviados por su cerebro, y los mayores que lo acompañan respiran entusiasmados, pues ese niño, niña, ya se expresa con sus lloros. Una maravilla de la naturaleza humana, aún no repetida por la técnica, insensible a emociones de los humanos.
Inmediatamente, la experiencia, factor de la cultura de los humanos mayores, le da calor a la criatura, silencio, reposo y abrazos. Y poco más adelante, primer alimento, sonrisas y palabras… Todo el aparato para hablar, pensar, sentir empieza a crecer, a reconocer voces, ruidos, sentires, alimento, el cual, por boca, lengua, paladar y garganta, le permite saborear y deglutir y entrar en calma… Y otro aprendizaje fundamental, el cual llevaremos todos los días de nuestra vida, educación de nuestras naturalezas: El alimento calma, alegra, satisface, y por la lengua detectamos sabores, formas, consistencia y permite reaccionar a “me gusta” o quizá al “no me gusta”.
Sin duda, el inicio (las primeras horas, días y meses de una criatura humana son increíbles), por complejo, eficaz y primer sistema educativo. Sin este sistema, el ser humano sería otro diferente al conocido. Conviene llamar la atención sobre un hecho clave para conseguir el propósito de vida y el primer desarrollo humano. La articulación de los ingredientes de la naturaleza humana con los ingredientes de la cultura humana. Una articulación muy importante, pues se apoyan unos con otros, y más adelante van a suscitar conflictos y logros muy importantes. Veamos.
El ser humano ya con algunos años de vida se enfrenta a una institución: La escuela. Sale de su casa. Rompe con el “cascarón”, dicen algunos, y se enfrenta a un grupo de personas, en principio de igual edad, tamaño y sucesos familiares, y con uno o varios que la cultura, escuela y su aparato, se enfrenta a la naturaleza: cuidados, movilidad, cercanía, abrazos y mundo conocido por sí mismo y hecho suyo. La naturaleza fue su principal educador y ahora será la cultura escolar.
Sí. Decimos que la escuela es para aprender lo que no se aprende por sí mismo, pues en la escuela hay maestros que conocen el mundo, la cultura escolarizada y conocen los hábitos a cultivar en las personas, aun menores, para que accedan a la cultura a través de aprender el manejo de un conjunto de comportamientos y herramientas obligatorias, para nuestra cultura. Y de ahí a las operaciones consideradas por nuestra cultura necesarias y óptimas para educarnos: dibujar, leer, pararse en fila, sentarse en una mesa extraña, estar reunido, no hablar si no le dan permiso, escuchar al maestro, seguir las instrucciones, leer el libro de texto, completar el cuestionario y entregarle al maestro lo solicitado… y lo demás.
Aquí es donde se inicia el problema de la conducta escolar obligada y del cumplimiento de tareas ya establecidas y realizadas de cualquier modo. Desde aquí inicia la cuestión de cómo se establece un propósito educativo congruente con el objetivo de introducir al ser humano en el dominio de nuestros artefactos y lógicas culturales, si bien valiosos, difíciles de aprovechar en un contexto rígido, centrado en conductas y no en acciones. Nuestras costumbres culturales en la educación nos piden que una autoridad nos diga qué enseñar y mediante qué acciones. Por ejemplo, ¿dónde quedó el sorprenderse con la pregunta de un niño o niña acerca de… cualquier tema? ¿Dónde la conversación dirigida por el maestro en relación a un tema histórico, biológico, filosófico, matemático…?
El propósito educador se consigue con acciones cuya índole conduce a dar respuesta a una pregunta, a conocer y reconocer lo establecido por la ciencia, a valorar una respuesta a un tema aún no resuelto por científicos o pensadores… y cien búsquedas propias de descubrir, reconocer, probar, aplicar, discutir, consensuar, indagar… operaciones propias de la construcción educadora. El propósito educador se descubre logrado cuando el estudiante se descubre a sí mismo logrando el aprendizaje. ¡Estoy aprendiendo!
Desde luego, mil obstáculos existen para llegar a ese uso de la naturaleza humana y la cultura de los pueblos para descubrir las respuestas, los modos, los secretos y las sorpresas de quien aprende porque quiere aprender. Educarse es acción, no sólo declaración.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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