Promesas
Luis Rodolfo Morán Quiroz*
Por mi parte,
te devuelvo tu promesa de adorarme
ni siquiera sientas pena por dejarme
que ese pacto no es con Dios…
Se te olvida (La mentira), Álvaro Carrillo, década de 1960.
Lo sabemos desde muy jóvenes: “El prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila”. Desde nuestra infancia también escuchamos promesas y nos hacen prometer. Después, también prometemos y juramos por propia voluntad y sin presión. En muchos momentos de nuestras vidas nos encontraremos con la decepción de las promesas que no nos cumplieron nuestros parientes, nuestros amigos, nuestros maestros, nuestros vecinos o los políticos locales, nacionales o internacionales. En más de una ocasión faltaremos a nuestras promesas.
Alguna vez escuché, ante el incumplimiento de una promesa firmada: “Es que en el momento de prometer eran otras las condiciones”. Son pocas las promesas que especifican en qué circunstancias sí se cumplirán y en cuáles no. Casi siempre son tajantes, absolutas, impresionantes. Como actos de habla, se basan en el oído y la memoria de la persona a la que se promete; a veces se convoca a testigos para que escuchen, vean, añadan a sus recuerdos ese momento. También hay promesas por escrito que llevan la firma de quienes prometen y se com-prometen: en contratos matrimoniales, de compraventa, laborales. Los juramentos suelen invocar a testigos invisibles como son los dioses o los ancestros fallecidos o, al menos, involucrar a testigos presenciales que se enterarán de lo jurado. El perjurio tiene consecuencias legales, pues está relacionado con un acto de habla (o firmado) que se sabe que no es verdad o cuya promesa asociada no se cumplirá (https://dle.rae.es/perjurio).
Las promesas se las puede llevar el viento y para muchas personas no importa si en verdad se tienen las intenciones o las condiciones para cumplir posteriormente con lo prometido, con tal de que a quien se le promete entregue la parte antecedente que derivaría en el cumplimiento de la promesa, pues a ésta suele asociarse un toma y daca, un quid pro quo, un tit for tat. Si tú me das, yo te prometo que te doy. El ejemplo frecuente de promesas es el que dan los políticos: si tú me das tu voto, te PROMETO que pondré en práctica determinadas acciones o programas. Ya luego se verá qué tan cumplidores salen. Y a ver a qué factores o personajes les echarán la culpa en caso de que no logren cumplir lo prometido.
Las promesas dadas o sonsacadas nos pueden servir para detectar las verdaderas intenciones de la gente. Muchas veces basta con escuchar las promesas para enterarnos de que las intenciones son las contrarias. Ya lo vemos con las promesas de “no robar, no mentir y no traicionar” de un político reciente y que los demás agentes de su banda se han encargado de no cumplir, desmentir y hacer lo contrario. Hay quien obliga a sus contrapartes a prometer lo que ellos no harán: promete que serás fiel (yo no prometeré ni lo seré), promete que vendrás a todas las sesiones del curso, de la terapia, de actividad en el gimnasio (yo no vendré, pero te cobraré de todos modos porque tú sí firmaste contrato), promete que en la salud y en la enfermedad (yo no cumpliré, porque para entonces habrán cambiado las condiciones tuyas y mías), promete que no cambiarás el precio (mientras que yo sólo llamaré la atención a las letras chiquitas en donde se explicita que puede haber cambios sin previo aviso).
El 47º presidente de Estados Unidos es un caso muy mentado. Por ejemplo, cuando prometió que no habría guerras, y con Irán, menos, pudimos anticipar que habría guerras y que comenzaría por atacar a Irán (https://www.instagram.com/reel/DYDZSpLEymt/?igsh=ZjFkYzMzMDQzZg==). A las guerras que prometió no continuar, se unió alguna que él mismo inició, como señaló Jimmy Kimmel: “Trump has three wars going on right now: Iranians, Ukranians and Comedians” (https://www.theguardian.com/culture/2026/may/01/jimmy-kimmel-trump-recap). Cuando Trump prometió que haría justicia, luego intentó hacerla a favor de la creación de un fondo para indemnizar a los insurrectos del 6 de enero de 2021 por los daños que ellos causaron en el Capitolio de la ciudad de Washington (https://youtu.be/cZiPuCeWa6A?si=m1wg0ypufEHkcNUP).
Más cercano al tema de la revista Educarnos, podemos plantear la inquietud de qué tan cumplidores resultamos docentes, estudiantes, funcionarios y otros trabajadores que coincidimos en los planteles. Al iniciar los periodos lectivos, prometemos asistir a todas las sesiones y ser muy productivos en ellas o atender a las necesidades de los demás miembros de la comunidad académica. Aunque después el compromiso se va diluyendo, se va postergando, olvidando o borrando. Al cabo, “ese pacto no es con Dios”, sino con otros simples mortales, tan simples y tan mortales como nosotros mismos. Hay otros contextos más lejanos en donde las promesas pueden tomarse como indicadores de que se hará lo contrario. No sólo en la política nacional e internacional, como se ve en que no todos los gobiernos que firman un tratado internacional lo cumplen o estarán dispuestos a obedecerlo. Y no lo harán porque “las condiciones han cambiado”.
Un caso sospechoso de promesas incumplidas es la reciente adquisición de Everlane, una empresa autosustentable, por la compañía Shein. Se trata de una empresa altamente contaminante de “fast fashion” y hasta de “ultra fast fashion” que compra una empresa que se consideraba sustentable hasta el momento de su compra (https://youtu.be/zOxNYyp1gJE?si=Ojcsc7v0TB2Lt92E). Esa “transparencia radical” podemos interpretarla como un caso más de “greenwashing” (o “eco-impostura”, término definido como una descarada promesa que sabemos que los ejecutivos de Shein no tienen intención alguna de cumplir) (https://www.iese.edu/media/research/pdfs/ST-0328.pdf). Aunque hay algunas propuestas normativas para evitar que esas declaraciones se conviertan en promesas vanas que nadie cumplirá, es raro que haya normativas para asegurar que la gente cumpla sus promesas en otros contextos.
Al asumir los cargos públicos, los funcionarios se ponen muy formales, con zapatos, corbata, saco y pantalón largo; o con traje sastre, zapatos de tacón y peinado equilibrado, para prometer “cumplir y hacer cumplir” las normativas. Aunque luego se vanaglorien de haber cumplido, la verdad es que muchas promesas quedan incumplidas (https://www.eleconomista.com.mx/opinion/promesas-incumplidas-20250711-767766.html). Suele hablarse de “jóvenes promesas” para quienes muestran especiales habilidades y supuestos talentos, pero que todavía no han logrado todo lo que se espera de ellos. En el caso del show business, que es el Campeonato Mundial de Futbol, para este 2026 se espera que varios de los jugadores estrella cumplan y sean especialmente talentosos en los juegos de las siguientes semanas (https://www.infobae.com/mexico/deportes/2026/05/09/los-10-jugadores-mas-esperados-del-mundial-2026-las-estrellas-que-no-te-puedes-perder/). La expresión se utiliza también en otros contextos, como la literatura, la escultura, la política, la ciencia. Es lo que vemos en las jóvenes de las que se espera que sean una entrada a mejores oportunidades en el campo científico para las mujeres (https://noticias.imer.mx/blog/libres-y-valientes-las-jovenes-que-estan-dejando-huella-en-ciencias/). Al técnico de la selección mexicana le reclaman ahora que no cumplió sus promesas de convocar a los jugadores más adecuados (https://latinus.us/deportes/2026/6/1/seleccion-mexicana-futbol-mundial-2026-javier-aguirre-convocatoria-174908.html). “Faltan unos y sobran otros”, es la queja.
Hay otras promesas que ya se han concretado, según afirma el gobernador de Jalisco. Ya estamos listísimos y preparadísimos y preparadisíacos en nuestra entidad federativa, según algunas fuentes oficiales (https://www.informador.mx/jalisco/mundial-2026-obras-para-estan-listas-afirma-el-gobernador-de-jalisco-pablo-lemus-20260526-0167.html), aunque también hay algunas voces críticas que señalan que no se puede esperar que se hayan terminado para siempre jamás las inundaciones en las “zonas de encharcamiento” de la metrópoli tapatía, promesa que se arrastra desde antes de que se definiera el calendario del torneo que está por comenzar. La Federación de Futbol promete que habrá una enorme derrama económica para los tres países que serán sede de los partidos en donde se disputará la Copa en 2026. Llegarán 30 mil quinientos millones de dólares, principalmente en las 16 ciudades sede en donde jugarán las 48 selecciones de jugadores (sólo hombres, no hay equipos mixtos ni femeninos en pleno siglo XXI) del balompié (https://es.finance.yahoo.com/noticias/mundial-2026-promete-miles-millones-052455965.html).
Cabe preguntarse si se harán buenas todas las promesas. ¿Qué experiencia has tenido con las promesas de tus padres, de tus amigos, de los políticos de tu demarcación? ¿Cumplen sus promesas los estudiantes en los cursos en donde eres testigo, guía, facilitador o dificultador? ¿Cumplen sus promesas los docentes y funcionarios en tu plantel? Precisamente, al iniciar el mes de junio, un día después de que la presidente Sheinbaum ha festejado los triunfos del gobierno que encabeza, también los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se han manifestado para reclamar por las promesas incumplidas (https://oaxaca.eluniversal.com.mx/estatal/demuestran-que-son-mas-de-lo-mismo-maestros-de-la-seccion-22-protesta-durante-informe-de-sheinbaum/).
Habremos de reflexionar que, si alguien no es de la estatura de nuestras vidas, no es motivo suficiente para incumplir lo prometido. De cualquier modo, aunque haya un pacto (verbal o escrito y firmado), en la mayor parte de los casos “a fuerza no será”.
*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com