Profesorado silenciado

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

La palabra en los centros escolares debe sonar; la voz que las conduce debería tener libre tránsito. Los discursos estructurados por palabras en voces distintas que matizan fundamentos múltiples que permiten ilustrar, traducir, interpretar y leer para dar vida a corrientes y enfoques filosóficos, económicos, políticos, religiosos y demás deberían propagarse libremente.
No es únicamente la palabra, sino la textualidad con sentido, intención; el discurso con sus componentes estructurantes; la narrativa con sus parámetros referenciales para traducir el mundo. Esa textualidad, discurso y narrativa requieren condiciones para existir dentro de los espacios escolares.
Algunos de ellos, los fáciles –aunque a veces no tanto–, son los físicos, relacionados con la infraestructura material: auditorios, aulas, explanadas, jardines, espacios para trabajos colaborativos y dialógicos… cualquier otro lugar donde pueda existir, en el entendido de que ellos existen al compartirse, al ser escritos o emitidos para otros.
Otros, los difíciles, radican en el ambiente académico, intelectual, humano y de derecho, que permiten a los actores educativos poder expresarse libremente en momentos, ambientes y espacios donde se socializa con la comunidad; es decir, lo difícil es generar ese espacio de libertad donde el diálogo y la voz se propician.
Negarle la palabra a alguien al interior de un centro escolar, quitarle la voz, la posibilidad discursiva, implica neutralizar; se le elimina como ser humano, toda vez que el discurso es parte inherente de su existencia y trascendencia.
El ser humano, como criatura o creatura simbólica, pierde una parte social fundamental cuando se le quita la palabra; por ello, en todos los espacios, en todo momento, en un centro escolar se debe permitir que los actores hablen, se expresen; caso contrario, la intencionalidad de silenciarlos implica quitarles lo que por derecho les pertenece.
Todo ser humano tiene derecho al uso de la voz. Existen incluso, al día de hoy, centros escolares y, peor aún, universidades donde la voz del profesorado se silencia y con ello se pretende anularlos, hacerles sentir el peso del poder –que no autoridad– cobijadas por las estructuras del Estado con argumentos “falaciales” que son el único fundamento, porque no hay otro; los marcos normativos nacionales e internacionales no permiten el silencio. Por ejemplo, la Secretaria de Cultura de México declaró: “…el acceso a la palabra sea una garantía de Estado en cada territorio”.
Esas universidades son, en ocasiones, incluso las formadoras de profesionales de la educación, por ejemplo, la Unidad 113 de la UPN León, donde en la bienvenida, en el espacio para la presentación profesoral, por una supuesta maximización del tiempo, se ha eliminado la tradición de permitir al profesorado presentarse y decir qué es lo que hace en la universidad.
Las autoridades universitarias les han quitado la voz y ahora ellas son quienes deciden qué información se proporciona al estudiantado.
Lamentable que en una universidad y, más aún, formadora de profesionales de la educación, se silencie al profesorado, porque eso aprenderá el estudiantado y, cuando alguien les quite la voz, lo verán normal, es decir, normalizarán la anulación del ser humano y se emparejan actos de injusticia, se consolidan autoritarismos y, con ello, las dictaduras y represiones.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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