Primero el magisterio…

 en Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

Sabemos de antemano que la mayoría de personas que viven del magisterio (docentes, directivos, supervisores) eligieron la profesión pensando en una forma de vida, incluidos aquéllos que llegaron a éste por accidente, también sabemos que de este trabajo se vive con limitaciones y conforme pasa el tiempo los ingresos van mejorando por diversas razones, principalmente por los ascensos, por la obtención de la segunda plaza o los tiempos completos en el caso de la educación secundaria, el bachillerato y la educación superior, además de los estímulos suplementarios como carrera magisterial y las famosas K en su momento o, los esperados tras la publicación de resultados de la vigente USICAMM en días recientes.
Ser docente, directivo o supervisor implica una labor cotidiana que está en boca de todos, es un profesión demasiado expuesta para bien y para mal, durante estos 17 meses de pandemia los padres de familia entendieron la importancia de su trabajo en las escuelas tanto en lo presencial como en lo virtual, en ellos recae la responsabilidad de educar a niños y jóvenes, de manera injusta no pasa nada si las cosas van bien (porque, a decir de los críticos, es su obligación), pero si los resultados no son los esperados o si hay problemas con los estudiantes, entonces, siempre se voltea a verlos y más de un irresponsable termina por responsabilizarlos de las cosas negativas en la escuela, los hogares y la sociedad en su conjunto.
Los maestros, al ser un gremio sin una personalidad propia, cuya imagen (por desgracia) cayó en desprestigio en las últimas tres décadas y, gracias a ello, no tiene voz ni voto para plantear su punto de vista en las diferentes reformas, disposiciones gubernamentales, proyectos educativos y decisiones importantes para la escuela, siempre son pequeños grupos de “asesores” quienes deciden lo que habrán de realizar los profesores en las escuelas, posiblemente estos “asesores” sepan de algunas teorías que sirven de base para practicar y entender los procesos educativos, sin embargo, el quehacer cotidiano en las aulas y los saberes que se desprenden de éstas solamente se aprenden en la práctica.
Es tal el desconocimiento de los procesos que suceden en las aulas, que no termina por entenderse una idea cuando ya está otra en puerta, ejemplos hay de sobra, y sólo por citar algo, en los últimos 30 años al magisterio lo hicieron pasar de la escuela tradicional a la escuela nueva sin más, después del conductismo al constructivismo sin hacer mutis y sin que mediara diagnóstico alguno, después vinieron las teorías socioculturales, enseguida apareció la enseñanza por competencias, la educación de calidad y de excelencia, la innovación educativa, la educación integral, la equidad educativa, la autonomía de gestión; recientemente aprender a aprender, la educación inclusiva, la educación interactiva, el pensamiento crítico, educación para la vida, educación socioemocional, etcétera, etcétera, la pregunta en el aire siempre será: ¿qué le han dejado al magisterio tantos conceptos y propuestas educativas en sus prácticas cotidianas?, la respuesta es simple: muy poco, sobre todo porque en su experiencia, sabe perfectamente (porque así ha sido la historia) que una vez que termine el gobierno en turno llegará otro que le impondrá otras teorías, otros conceptos y otras formas de hacer educación.
El magisterio siempre estará dispuesto a hacer todo lo que esté en sus manos para cumplir con su función, para quienes critican sus resultados, sus prácticas y su personalidad, antes de continuar con sus malas apreciaciones, deben entender que el Estado los trata como infantes a la hora de imponerle planes, programas y el cumplimiento de calendarios y horarios con los mínimos recursos, pero les exige resultados equiparables a países de primer mundo en donde, por cierto, la imagen de los maestros (por lo menos) es tratada con más respeto y reconocimiento social, que desgraciadamente, no ha sido así en México los últimos años.
De igual manera, se debe entender que el maestro, antes que otra cosa, es un ser humano y que cómo tal requiere ser tratado, pero también es un profesionista y esto último no se debe dejar de lado cuando se proponen y redactan ideas para posteriormente materializarlas con sus estudiantes tanto a la distancia como de manera presencial.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

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