Premiados y castigados
Luis Rodolfo Morán Quiroz*
Alguna vez mi primo Juan Carlos interpeló a su hijo Óscar acerca de las razones por las que no aparecía su nombre en el cuadro de honor de su escuela. La respuesta de mi sobrino: “ahí salen sólo los amigos de la maestra”. La declaración puede denotar que ya existe algún afecto previo por los incluidos en el cuadro de honor; mientras más veces hayan sido seleccionados, mayor es su probabilidad de repetir. También puede implicar lo que solemos calificar como “puros cuates” que acaban por formar un club exclusivo al que resulta difícil añadirse. Como ha mostrado Pierre Bourdieu en su teoría de los campos (https://estudyando.com/teoria-de-los-campos-sociales-pierre-bourdieu/). Estos espacios de lucha, en donde compiten los agentes sociales por recursos y legitimidad, existen prácticamente en todas las áreas de la actividad humana. La industria de los perfumes, editorial, de la moda en el vestir, de los coches, de los aparatos electrodomésticos, del reconocimiento académico, de los zapatos, de la arquitectura, de la innovación, del arte plástico, de la música, son algunos de esos casos. Hay algunos personajes o marcas que han repetido premios, y otros que han ganado premios en más de una categoría. Así, el equipo de futbol local de “las chivas” lleva varias estrellitas en su haber, las que han sido envidiadas por generaciones enteras de los aficionados a “los zorros”. Marie Curie (Maria Salomea Skłodowska-Curie, 1867-1934), química y física de origen polaco, compartió el premio Nobel de química en 1903 (con Pierre Curie y Henri Becquerel) y en 1911 obtuvo el Nobel de física. Sabemos de otros personajes, por ejemplo, deportistas, que han sido reconocidos en varias disciplinas (https://soyreferee.com/deportes/2024/12/13/los-atletas-que-brillaron-en-diversos-deporte-41681.html), a los que no necesariamente se les han entregado copas, medallas, premios en efectivo, pero que han recibido el reconocimiento (“validación”, es un término de nuestra época) de sus distintos grupos de admiradores.
Dos autores suecos, Alexander Styhre y Sara Brorström, en su artículo Awards and prizes as control devices: The case of urban development project awards (Journal of Management; Núm. 30/5; 2021) afirman que en la sociedad de las credenciales el crecimiento de los premios es un síntoma de un interés por asumir la autoridad para definir la calidad en un determinado campo de actuación. Ellos analizan el caso específico de los premios otorgados a los proyectos de desarrollo urbano, pero podemos generalizar a otros premios y reconocimientos: hay expertos que ganan prestigio por conceder un premio y premiados que ganan prestigio por haber recibido esos reconocimientos. De tal modo, quien recibe un premio no sólo establece un nivel de calidad que habrá que alcanzar y emular, sino que se le reconoce por estar de acuerdo con los estándares de comportamiento o producción deseables en su disciplina.
Existen premios por diversos logros que comenzaron a existir para incentivar determinados logros. Así, por ejemplo, en 1922 se instituyó un premio por tener chamacos. El Prix Cognacq-Jay (https://fr.wikipedia.org/wiki/Prix_Cognacq-Jay) que se instituyó en un momento de preocupación porque los alemanes se estaban reproduciendo más que los franceses, lo que podría incidir, no sólo en la cantidad de nacimientos, sino en la cantidad de muertos que cada uno de los ejércitos podría aportar a la siguiente conflagración. Al paso del tiempo, esta idea de un premio por la cantidad de hijos derivó en una fundación para financiar y premiar otros proyectos (https://prixfondation.cognacq-jay.fr/).
En semanas recientes ha sido muy mencionado el premio Nobel de la paz, porque el 45/47 presidente de Estados Unidos ha estado encaprichado en obtenerlo, imagino yo que por pura envidia de otros que lo han obtenido (https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Ganadores_del_Premio_Nobel_de_la_Paz). Al envidioso Trump, la galardonada Machado le ha ofrecido la medalla en un intento de congraciarse con Trump (https://www.nytimes.com/2026/01/15/world/americas/machado-trump-meeting-nobel-peace-prize.html?smid=nytcore-android-share) suceso (¿o fracaso u “oso”?) que ha sido comentado ampliamente por la prensa internacional (https://www.facebook.com/share/p/14SHL9SJm4u/). Me permito suponer que Machado reacciona así al desprecio que Trump mostró después de invadir Venezuela y no reconocerle posibilidades como gobernantes del recién apropiado país. Otros premios Nobel son designados por distintos comités (la Real Academia Sueca de Ciencias entrega los premios de física, química y economía; la Academia Sueca el de literatura; el Instituto Karolinska entrega el premio de fisiología o medicina; y el Comité Noruego del Nobel entrega el premio de la paz). Desde 1901 hasta la fecha se han entregado a 911 hombres, 65 mujeres y 28 organizaciones. Aquí la nómina de las mujeres que lo han recibido: (https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Ganadoras_del_Premio_Nobel).
90 años después de creados los premios Nobel, nombrados en honor al inventor de la pólvora (Alfred Nobel, 1833-1896), se inventaron los premios ignoble (https://youtu.be/-I8Kj3kRVHw?si=kEgcNdAGRlWE45be ; https://podcasts.apple.com/us/podcast/marc-abrahams-laugh-then-think/id1400082430?i=1000744945994) por investigaciones que podrían parecer ridículas, aunque resultan de utilidad. De ahí el lema de “ríe, luego piensa”. Existen otros premios un poco más convencionales, como los que concede la corona española, entre ellos el “Princesa de Asturias”, de alcance internacional (https://www.fpa.es/es/especial-2025/). Para el año que recién terminó, Graciela Iturbide, mexicana, recibió el premio de las artes y Douglas Massey, estadounidense, recibió el de ciencias sociales, por resaltar un par de ellos. Famosos son los premios Óscar, que entrega la Academy of Motion Picture Arts and Sciences desde 1929 (cine), el Grammy iniciado en 1959 (música); el Emmy, desde 1949 (televisión) y el Tony, desde 1947 (teatro). Paralelamente al premio Óscar existen otro premio, de las frambuesas, para las peores películas y actores. Hay algunos intérpretes de personajes que han ganado ambos premios, por ser buenos y por ser malos en la actuación: (https://notinerd.com/9-actores-que-ganaron-un-oscar-y-un- premio-a-la-peor-actuacion/).
Hay premios nacionales, locales, institucionales, con distintos alcances, algunos asociados con fama, algunos que buscan hacerse famosos por haber premiado a determinados personajes, algunos asociados con dinero o acceso a recursos o a más oportunidades. Un premio que se concedió en México hace algunos años (2009), fue el concedido a Cecilia Deyanira Velázquez, por denunciar el trámite más engorroso e inútil en México: la ineficacia para obtener medicamentos en el IMSS (siglas que, según algunos, significan “Importa Madres Su Salud”). Es probable que el problema denunciado hace más de una década siga vigente en nuestro país. Habría que convocar a los derechohabientes para que nos hagan saber si la situación ha mejorado.
En cuanto a becas y distinciones en el campo académico, puede aplicarse el antecedente ya mencionado: si ya recibiste una beca o incentivo y respondiste adecuadamente, aumenta la probabilidad de recibir otra beca, como en el cuadro de honor escolar mencionado al principio de esta colaboración.
Por otra parte, si nos gusta ser premiados y a veces despreciamos el haber sido castigados, existen situaciones embarazosas por las que se pide que a alguien se le castigue. Por ejemplo, en días recientes se ha desatado una polémica y la exigencia de que castiguen a Julio Iglesias quitándole sus premios: (https://youtu.be/9jxggE7bt9s?si=QfCNEZG41mxuc7SX).
A veces, los premios no son tan deseables y se convierten en castigos. Algunos premios en tu escuela, aunque sea con chocolates forrados con papel dorado, se convierten en motivo de burlas, pues eso puede generar envidia, resentimiento y desprecio. A mucha gente le dan coraje los premios recibidos por otras personas, por lo que pueden dar lugar a situaciones como la notable envidia de Trump y su autopromoción. Le fascina recibir premios y halagos como a otros narcisistas que se vanaglorian de su popularidad en las encuestas. Aunque hay situaciones peores. Como es el caso de castigos extremos por faltas de poco mérito: (https://historia.nationalgeographic.com.es/a/castigos-edad-media_14801), o castigos por no hacer lo que pide tu audiencia, como me señalan algunas seguidoras del mundo del espectáculo en Corea, en donde existe un interés de que sus ídolos permanezcan sin lazos afectivos para que sus audiencias sientan que “tendrían alguna oportunidad”. Si entran en una relación de pareja pueden ser castigados con la pérdida de seguidores (https://kcontenthub.com/en/k-pop-idol-dating-bans-why-do-they-exist-the-real-reasons-behind-the-rules/). Esta tendencia, que en general tiene que ver con el término de “Cancel culture” puede ser uno de los antecedentes para otros castigos, como los tablazos a quienes no pagan extorsiones o cuotas, castigos de silencio, exclusión o muerte por negarse a colaborar con alguna causa, como es el de la famosa “ley del hielo” que implica negarse a dirigir (la valiosa) palabra a quien lo/la ha ofendido o a quien se teme. Un castigo al que son proclives a premiar muchos opositores a la inmigración, con o sin documentos es el que ha ejercido el régimen del 45/47 presidente en Estados Unidos. Así, muchas personas han sido castigadas por entrar sin documentos de ciudadanía o de residencia a determinado espacio, o por “terrorismo doméstico” (https://www.nytimes.com/2026/01/19/opinion/trump-minneapolis-ice.html?unlocked_article_code=1.FlA.Ap_B.p0g9CudzplDi&smid=nytcore-ios-share). Trump quiere castigar incluso a algunas personas cuyos ancestros fueron indocumentados, “olvidando” que su esposa consiguió una visa especial para convertirse en ciudadana en contra de los requisitos legales para obtenerla. Lo que parece no molestar a muchos que impulsan los castigos de nuestros días de parte de ICE (Immigration and Customs Enforcement) por ser “ilegales”, mientras Trump quiere apropiarse de Groenlandia por la ley de sus pistolas y en contra de las legislaciones y acuerdos internacionales. Su intención de anexar Greenland al país que actualmente preside para convertirla en Orangeland (en alusión a su color de piel) y quedar impune parece haber recibido un incentivo tras la intervención el 3 de enero de 2026 en Venezuela. De cualquier modo, muchos esperamos que, en algún momento, por ejemplo, el 21 de enero de 2029, comience el juicio de Donald John Trump para ser castigado por sus desaguisados y sus múltiples fechorías, sexuales, políticas y en contra de los derechos humanos. De poco le valdrán sus autoconcedidos premios en la práctica del golf como atenuantes en esos ataques contra la calidad de vida de humanos en muchos puntos del planeta.
Mientras que no hay castigos por no hacer proyectos urbanos de calidad, como lo vemos en muchas de nuestras ciudades en donde no se castigan los ambientes hostiles, en contraste sí existen premios por promover los derechos humanos (https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/12/05/sociedad/lanzan-convocatoria-2026-del-premio-de-derechos-humanos-don-sergio-mendez-arceo) y también hay castigos por no respetar esos mismos derechos (https://expertosenleyes.com/sanciones-a-paises-por-violaciones-de-derechos-humanos-rol-legal/#google_vignette).
Ciertamente, muchas veces nos hemos indignado porque hemos sido testigos de cómo se premia la incompetencia y se castiga el trabajo arduo en nuestros campos de actividad. Algo que sucede con más frecuencia de lo deseable: se cuelgan los laureles de victoria los generales y se concede el sepulcro de honor (o de desprestigio) a quienes realizan el trabajo duro. ¿Sabes de algunos de estos casos en tu ámbito de trabajo?
*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com